sábado, 15 de diciembre de 2012

UBICAR UN MÉDICO EN NORUEGA (1958-2007)

En la primera o segunda semana de mayo del año 2007, Harry Valdivieso uno de mis compañeros de colegio que vive en Miami desde mediados de los años 80 y que se mantiene siempre conectado con los integrantes de nuestra Promoción, envió una foto del 5º A que nos tomaron el año 58, a pocas semanas de dejar el colegio, junto con la lista de los que allí aparecíamos, en la que faltaba identificar a dos. Como me acordaba de ellos: Gonzalo Godoy (ya fallecido) y William Torres, a quien no veo desde que salimos del colegio, le contesté con esos datos.

En los siguientes días, cuando estaba con tiempo libre, como en algunos casos sólo había un apellido en la lista,  traté de completar los nombres. Y en algunos casos de compañeros que no había visto desde 1958 o desde hacía tiempo, me puse pensar qué había sido de sus vidas. Y casi automáticamente, quizás por el orden alfabético el primer nombre que se me ocurrió fue el de José Luis Aroca von der Heyde. Cuando nos reunimos por primera vez los de la Promoción con ocasión de nuestras Bodas de Plata, en 1983, poco se sabía de él. En los años siguientes, a partir de datos de algunos médicos de la promoción, supimos que estaba radicado en Europa desde hacía algún tiempo y, por alguna razón, todos suponíamos que vivía en Francia.

Si bien con José Luis no habíamos tenido una amistad muy grande en el colegio, si compartimos algunos espacios. Por un lado desde tercero o cuarto de secundaria estuvimos en la misma sección. Éramos integrantes del club de locutores y participamos en algunos radioteatros que organizaba don Salustio Maldonado, jefe de Actividades Educativas del colegio, en Radio Miraflores. Y en actividades absolutamente ajenas a mis preocupaciones, recuerdo que también Aroca había destacado en el Club de Esgrima. Aunque nuestro viaje de promoción será motivo de otra crónica, él fue el único de los viajeros que no se embarcó en el ómnibus en el colegio, sino subió en el camino, en la urbanización San Roque, situada en esa época en las afueras de la ciudad  en plena carretera…

UN ACTOR MENOS, UN MÉDICO MÁS

Pero quizás la etapa de mayor relación con José Luis Aroca fue en 1958, año en que egresamos del colegio. Además del viaje de promoción, compartimos las labores en el radio periódico. Pero lo que más recuerdo de ese año es que integramos el elenco de teatro escolar que, bajo la dirección del aun hoy vigente hombre de teatro Ernesto Ráez, presentó la obra “Juan Soldado” en nuestra unidad y en otros colegios de Lima.

Aroca resultaba de lejos el más destacado de ese grupo de escolares que actuábamos y parecía un refuerzo profesional a un grupo de actores aficionados. Su personaje era una especie de comisario de pueblo y José Luis, además de decir correctamente y en el tono más adecuado su parte del guion, realizaba una serie de movimientos para denotar resolución y don de mando que a él se le ocurrió inventar para reforzar al personaje y que el profesor Ráez aprobó sin reservas. De hecho, por la brillantez mostrada en el escenario, muchos pensábamos que podría dedicarse al teatro como profesión y no a la medicina como siempre manifestaba. Terminada la secundaria, José Luis ingresó a San Marcos para iniciar sus estudios de Ciencias o Pre Médicas para luego pasar a seguir Medicina, pero mientras pudo mantuvo su otra vocación, ya que participó del Teatro Universitario de San Marcos, bajo la dirección de un ilustre maestro, don Guillermo Ugarte Chamorro.

Desde que dejamos el colegio, me había cruzado pocas veces con Aroca, no sólo mientras se dedicaba a sus estudios profesionales sino después cuando ya era médico, la última quizás por los años 70 en una esquina de la avenida Arequipa cuando él bajaba de un colectivo y yo intentaba subir. Conversamos un poco, estaba trabajando no sé si como médico de la Fuerza Aérea o del Ejército. Muchos años después me enteré que había trabajado en las dos instituciones. Incluso, en 1996 o 1997 tuve ocasión de tratar con Javier Aroca, especialista en estudios amazónicos y unos veinte años menor, quien cuando le pregunté por José Luis me dijo que era primo de su padre y que sabía que vivía fuera, aunque sin precisarme dónde.

ENTRE DESENCUENTROS TELEFÓNICOS Y REENCUENTROS POSTALES

Pero volviendo a mayo del 2007, aprovechando las ventajas de la modernidad y los avances informáticos, utilice un buscador, que no me dio ninguna pista en español, pero sí en un idioma incomprensible ya que, aunque sólo hablo castellano, distingo más o menos cuando algo está escrito en inglés, francés, italiano o alemán. Por algunos símbolos supuse que era algún idioma escandinavo y comencé a buscar en la lista de teléfonos de Suecia, sin ningún resultado. Pasé luego a la lista de Noruega y en menos de 10 segundos apareció el nombre completo, Aroca von der Heyde, José Luis, con dirección y teléfono incluido.

Intenté varias veces por tres o cuatro días ubicarlo por teléfono, tomando en cuenta la diferencia horaria. En todos los casos escuché un mensaje de una contestadora me imagino que en lengua noruega. Después de esos intentos infructuosos, le escribí a un amigo peruano, Carlos Arce, en esa época radicado ya unos 30 años en Suecia, mandándole el nombre y teléfono de Aroca, para que dada la cercanía no sólo geográfica, sino cultural, horaria e idiomática, intentara comunicarse con él para darle mi correo con el encargo de comunicarse conmigo.

Poco menos que una semana después, mi antiguo compañero de colegio me envió un cariñoso correo, agradablemente sorprendido luego que Arce lo contactó. Y en nuestro primer intercambio de correos me dio una explicación al hecho de no haber contestado mis llamados telefónicos. Por una curiosa coincidencia, en los días que a mí se me ocurrió buscarlo en Noruega él se encontraba en… Lima. En esas semanas su anciana madre que se encontraba enferma había fallecido y él llegó para acompañar a sus familiares en Lima en esos penosos momentos.

Recuperado el contacto, después de décadas con este amigo de las épocas escolares, puse por cierto su correo en conocimiento de todos los compañeros que paulatinamente se han incorporado al grupo de la Promoción 58 de la Gran Unidad Escolar Ricardo Palma, contacto que se mantiene hasta hoy.

Hay sin embargo algo que añadir sobre este médico psiquiatra actualmente residente en ese lejano país escandinavo. En la segunda quincena de agosto de ese año 2007, llegó con un grupo de voluntarios noruegos en un avión especialmente fletado a la ciudad de Pisco, a pocos días del tremendo terremoto allí ocurrido. Traían ayuda en alimentos y medicamentos. Estuvo unos pocos días en la zona y regresó a Noruega. Lógicamente, como nos lo explicó después, no tuvo tiempo de contactarse con nosotros.

Semanas después, el 5 de octubre, ocho integrantes de la promoción asistimos al local de nuestro colegio a la celebración del homenaje anual a Don Ricardo Palma. Se celebró ese día porque el 6 era sábado. En el momento tradicional del desfile de los exalumnos, lo hicimos al igual que los miembros de otras promociones. Pero los integrantes de la Promoción 1957 que cumplía sus Bodas de Oro participaron con cerca de 30 exalumnos e incluso develaron un busto de Palma que había obsequiado al colegio.

Los de la Promoción 58 decidimos almorzar en una cebichería relativamente cercana. Casi inmediatamente decidimos constituirnos en comisión organizadora de la celebración de nuestras Bodas de Oro. Se encargó la coordinación general a César Carmelino, quien aceptó con la condición que lo acompañáramos como integrantes de una coordinación colectiva Néstor Ezequiel Salinas Lizarzaburu y yo. Augusto Acosta, Hernán Caycho, Germán Neyra, Guillermo Castillo y Jorge Chávez, completaron la comisión. Acostumbrados desde más de 20 años a sentirnos parte de un mismo colectivo, sólo varias semanas después reparamos que cuatro habíamos terminado en la sección A y los otros cuatro en la B.

Mientras conversábamos entusiasmados sobre las actividades a realizar y los compañeros a convocar, caí en cuenta que era el último día de facturación de mi celular y me quedaban más de 45 minutos por utilizar, en llamadas locales o internacionales. Sin advertirles a mis amigos, marqué un número y mientras sonaba les hice señas para que guardaran silencio. Cuando me contestaron dije algo así como: ¿En Lima son alrededor de las dos de la tarde, qué hora tienes por allá Pepe Lucho? Un sorprendido Aroca me dijo que eran las 9 de la noche. Le dije quién lo estaba llamando, con quiénes estaba yo almorzando y qué estábamos planificando. Y por supuesto, los otros siete lo saludaron entusiastamente. Salinas y Carmelino hablaron más tiempo ya que, entre varias otras cosas, habían compartido con él la puesta en escena de la obra de teatro que ya mencioné.

De manera que el primer convocado por la flamante comisión fue contactado en Noruega…

SALUDO A MÁS DE DIEZ MIL KILÓMETROS DE DISTANCIA

José Luis estuvo desde ese momento dispuesto a venir a la celebración central de nuestras Bodas de Oro, que realizamos en octubre del año 2008. Aportó su respectiva cuota con la debida anticipación y reservó sus pasajes para venir. Lamentablemente un par de semanas antes nos comunicó que, por problemas médicos de un tratamiento que estaba siguiendo, había tenido que suspender el viaje.

El 6 de octubre tuvimos nuestra reunión en el colegio, con clase del recuerdo, asistencia a la actuación central del colegio en homenaje a Ricardo Palma y desfilamos –lo más marcialmente que nos fue posible- con otras promociones acompañados de los acordes de la banda del colegio. Al día siguiente a las 2 de la tarde, cuando en Noruega eran las 9 de la noche, lo llamé por teléfono para contarle todo lo que había pasado el día anterior, incluida una visita al museo Ricardo Palma que habíamos hecho por la noche. Al terminar nuestra conversación le hice una pregunta que le llamó la atención: ¿a qué hora te levantas? Muy temprano me dijo, aun sin saber la razón de la interrogación. Bueno, le dije, te llamaré a las 6 de la mañana que serán las 11 de la noche acá en Lima, para que envíes un mensaje telefónico a nuestros compañeritos. Aceptó gustoso, sólo con una variante: A mí me corresponde llamarte, hermano, me recalcó.

Y esa noche más de 100 personas, entre exalumnos y sus esposas, nuestro profesor Carlos Landauro Porras, y algunos amigos más, escucharon el emotivo saludo de José Luis Aroca que se encontraba a más de 11 mil kilómetros de distancia.



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