lunes, 31 de diciembre de 2012

LA JUVENTUD CON JAVIER CORREA ELÍAS (1962 - 1967)

Cuando ingresé a la Democracia Cristiana, en febrero de 1959, el presidente del partido era don Javier Correa Elías, quien pocos días después sería reelegido por un año más. Entre 1956, que se fundó el partido y 1958, por dos periodos consecutivos, había sido presidente el senador Mario Polar.

En esos días, muchos jóvenes iban al local los días lunes que se reunía el Comité Ejecutivo Nacional. Antes de comenzar las reuniones, había ocasión para conversar con los dirigentes nacionales, como el secretario de Política Luis Bedoya Reyes y el diputado Héctor Cornejo Chávez, ambos de 40 años recién cumplidos. Correa, en cambio, era un hombre a punto de cumplir 61 años. Los tres habían trabajado estrechamente con el presidente José Luis Bustamante y Rivero, elegido en 1945 y derrocado en 1948 por el general Odría. Correa había sido canciller, Cornejo secretario de la presidencia y Bedoya secretario de prensa en el breve gobierno democrático. Faltaban aun unos cinco años para que los diarios hablaran de las discrepancias internas en la Democracia Cristiana y se refirieran al enfrentamiento entre “cornejistas” y “bedoyistas”.

En uno de esos lunes, tuve ocasión de conversar con don Javier en los pasillos del local que quedaba en la primera cuadra de la avenida Guzmán Blanco, a menos de una cuadra de la Plaza Bolognesi. Me enteré que mi inscripción fue consultada o conversada con él, porque sólo tenía dieciséis años y que fui admitido por ser ya egresado del colegio y estar postulando a la universidad.

Correa Elías era Notario Público, en una época en que las notarías eran muy pocas, y contaba con un eficiente equipo de trabajo en sus oficinas. Tenía ya la satisfacción que sus hijos habían iniciado sus caminos propios, la mayoría casados, manteniendo para ellos el cariño de toda la vida pero sin tener ya compromisos que cubrir. Lo recuerdo como un hombre sereno, de hablar pausado siendo un gran conversador, pero sobre todo como una persona a quienes todos respetaban y querían.

En 1960 dejó la presidencia al senador Ismael Bielich, a quien sucedería en 1961 Cornejo Chávez, elegido en un congreso en el que se estableció que los periodos de la dirigencia durarían dos años. Pero el fracaso en las elecciones generales de junio de 1962, con una fórmula presidencial encabezada por el propio Cornejo Chávez, hizo que la directiva renunciara y convocara un congreso extraordinario para fijar los nuevos rumbos. Hay que considerar que no sólo la candidatura presidencial apenas alcanzó el 3 %, sino que el grupo parlamentario motivo de justificado orgullo partidario, prácticamente despareció. Ningún senador y sólo dos diputados –uno de ellos independiente- fueron elegidos, ambos por Puno, resultado que reflejaba más esfuerzo personal y familiar del reelecto Roger Cáceres Velásquez que un trabajo partidario. Después de anularse las elecciones, Cáceres, quien ya había ganado en 1956, sería elegido nuevamente diputado en 1963, constituyente en 1978 y 1992, senador en 1980, 1985 y 1990 y congresista en 1995.

DON JAVIER LA SOLUCIÓN PARA UN PARTIDO CRISPADO

A ese congreso, realizado en noviembre de 1962, el partido llegó exasperado. Las tendencias existentes –cornejistas y anticornejistas, decía la prensa- llevaban a una colisión. Las diferencias eran múltiples: que el mensaje de la campaña había estado mal enfocado, que los cuadros más valiosos no habían participado de la campaña presidencial, que nunca se debió tener candidatura propia, etc. Pero coincidiendo todos en la necesidad de una alianza para las elecciones del año siguiente, también sobre ese punto había diferencias. Mientras algunos pensaban que había que ir con Acción Popular, porque era una parte de la renovación que el país necesitaba, otros planteaban que era preferible ir con los apristas, porque AP no era un partido con ideología y era impredecible lo que podía hacer en el gobierno. Pero también se señalaba que era mejor trabajar con un partido desorganizado como AP que hacerlo con el APRA que con su organización terminaría aplastando y engullendo a la DC.

No es objeto de estas líneas profundizar en una discusión de hace 50 años, sino señalar que pese a las fuertes tensiones, todos sabían que había que encontrar una persona que guiase el curso partidario en esa difícil coyuntura. Y entonces todos los ojos se volvieron hacia don Javier y representantes de las distintas tendencias comenzaron a buscarlo. Pocas semanas después de iniciadas las conversaciones, se plasmó una propuesta de consenso: Javier Correa Elías a la presidencia, Carlos Gandolfo a la vice presidencia y Federico Hurtado a la secretaría general. Los otros cargos seis cargos correspondían al peso de las tendencias existentes. Esa fue la lista que el congreso extraordinario eligió, incluyendo además a una persona de cada terna presentada por las agrupaciones de la juventud, las mujeres y los trabajadores.

A don Javier le correspondió presidir el Comité Ejecutivo Nacional -CEN- del partido en toda la etapa de formación, campaña y triunfo de la Alianza AP-DC. Tenía muy buena relación personal con Fernando Belaunde Terry, candidato presidencial de esa alianza electoral y jefe de Acción Popular. De hecho unos ocho años después se convertiría en su suegro. Pero Correa distinguió siempre muy bien sus relaciones personales de los intereses nacionales y partidarios que tenía que cautelar.

En el CEN que Correa presidió, el delegado de la Juventud DC, Federico Velarde Valdivia, hizo muy buena relación con él. Posteriormente Francisco Guerra García fue elegido para reemplazar a Fico Velarde quien estaba por viajar fuera del país por un extenso periodo. Pancho también tuvo una excelente relación con don Javier. Con ambos delegados de la JDC, Correa planificó el apoyo al trabajo gremial universitario.

CORREA ELÍAS PASA A LA RESERVA NO AL RETIRO

Yo fui elegido delegado de la Juventud al Comité Ejecutivo Nacional en el Congreso de marzo de 1965, en reemplazo de Pancho Guerra, quien meses después viajaría para seguir un postgrado en Lovaina. En ese congreso, Correa dejó la presidencia y fue elegido presidente nuevamente Héctor Cornejo Chávez quien encabezó la única lista que se presentó para integrar el Ejecutivo. Se elegía también a los delegados de cada grupo funcional: Femenino, Obrero, Empleado y Juventud que habían realizado sus respectivos congresos días antes. Como era costumbre, si bien había una terna decidida en cada uno de esos congresos entre los que se debía elegir a quien sería su delegado, la lista para el CEN incluía a las personas sobre las que había consenso para que se integraran a la dirigencia en representación de cada grupo.

En esa oportunidad, sin embargo, no había consenso en la juventud. La lista presidida por Cornejo ganó, por amplísima mayoría con muy pocos votos en blanco o viciados, salvo en el caso de su candidato a delegado por la juventud. Fue el único de su lista que no salió, porque el congreso terminó por elegirme a mí. Curiosamente, quizá suponiendo que pese a que hubiese algún nivel de competencia yo perdería y para que no quedara disgustado el sector que me apoyaba, uno de los promotores de la lista de Cornejo me ofreció integrar el Consejo Nacional, cosa que yo rechacé.

Digo curiosamente porque yo tenía 22 años y el Consejo Nacional era conocido cariñosamente como el consejo de ancianos, ya que reunía a ex presidentes del partido, ex parlamentarios y ex ministros –hay que recordar que hubo en la DC varios ex altos funcionarios del régimen de Bustamante y Rivero- a los que se añadían cinco elegidos por el congreso, que normalmente eran experimentados camaradas que no podían dar mucho tiempo a la dirigencia partidaria o estaban casi retirados. Era un órgano consultivo que se reunía muy eventualmente, quizá una o dos veces al año.

DIÁLOGO DE LOS LÍDERES CON LOS JÓVENES

A ese Consejo se integró don Javier al terminar su mandato como presidente, pero su principal actividad política fue mantener el contacto con la dirigencia juvenil del partido y apoyar, entre otras cosas buscándole fondos, al movimiento estudiantil que los jóvenes DC impulsaban: la Coordinadora de Frentes Estudiantiles Social Cristianos, COFESC. Fueron muchas las reuniones que tuvimos para conversar con él, Rafael Roncagliolo, Julio Da Silva, Carlos Lecca, Jaime Montoya y yo, y algunos otros en menos ocasiones, entre los años 1965 y 1967.

En una cómoda salita se desarrollaron la mayoría de esos diálogos. Allí nos alcanzaban bebidas calientes o heladas, según la época del año. En una oportunidad, creo que porque teníamos que examinar algunos papeles, nos sentamos alrededor de la mesa del comedor. Un solícito empleado nos sirvió bebidas y se retiró. Pero poco después apareció preguntándole a don Javier qué era lo que tenía que servir. Ante la negativa de éste se retiró rápidamente, pero reapareció en la misma actitud dos o tres veces más para recibir idéntica negativa. Pero después de la última incursión, don Javier riéndose le dijo a Lecca que estaba sentado a su derecha: “Carlos deja de estar pisando el timbre, porque nos van a seguir interrumpiendo”. Recién ahí nos percatamos que en el piso, debajo de la mesa, había un discreto botón que Carlos había estaba pisando involuntariamente varias veces.

Siempre nuestros comentarios al dejar la casa de don Javier en la calle Octavio Espinoza de San Isidro, no sólo eran de reconocimiento a sus gestiones de apoyo sino de admiración a quien se conservaba al día en el desarrollo de las corrientes más progresistas del pensamiento social cristiano en el mundo entero. Además que cualquiera que fuera el tema que tratáramos siempre nuestro anfitrión derrochaba talento y conocimiento, a la vez que sencillez y sentido de humor.

Por cierto que sabíamos que don Javier había sido canciller veinte años antes, pero ninguno de nosotros podía suponer que Rafo Roncagliolo -en esos años de 21 a 23 años- ocuparía el mismo cargo más de 40 años después.

En esos tiempos, en los periódicos y revistas se comenzó a hablar que la juventud DC era cornejista e izquierdista. Muchos se hubieran admirado al conocer que no era con Cornejo Chávez sino con Javier Correa Elías con quien los dirigentes de la juventud DC mantenían mayor diálogo. Con él y con el diputado Alfredo García Llosa, quien sería presidente de la DC en 1967 impulsado justamente por la JDC.

Esto no significaba que no admiráramos o desconociéramos el valor de Cornejo Chávez, a cuya candidatura habíamos apoyado sin reservas y de cuyo esforzado sacrificio por darle dimensión nacional a un partido pequeño habíamos sido testigos. Todos nos deleitábamos con su brillante oratoria, su capacidad demoledora en el debate, su manejo fino de la ironía. Incluso, sin darnos cuenta, se nos “pegó” a todos algo de él en nuestra forma de hablar en público como lo descubriéramos en los siguientes años, alejados incluso ya de la Democracia Cristiana. No, nuestros diálogos con Cornejo eran también muy fructíferos e interesantes, pero no eran tan continuos como con Correa. Quizá por el hecho que siendo senador estaba en la política diaria y tenía menos tiempo, pero fundamentalmente por el carácter reservado que siempre mostraba, aun cuando en nuestras reuniones –al igual que Correa- también hacía gala de gran sentido de humor.

El 25 de diciembre de 1962 y en los tres o cuatro años siguientes, entre 15 o 20 jóvenes nos encontrábamos en el óvalo de Miraflores, en la recién inaugurada cafetería Haití, a las 11 o 12 del día algunos con cara de sueño después de haber pasado con la familia la Nochebuena. Desde allí nos dirigíamos a las casas de Correa Elías y Cornejo Chávez para saludar a estos dos entrañables camaradas. Era una muestra de aprecio personal que queríamos testimoniar en ese día tan especial.

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