Estábamos en mayo de 1978. En un mes los peruanos íbamos a concurrir a las ánforas después de más de diez años sin ninguna elección, ya que el 3 de octubre de 1968 un golpe militar había derrocado al presidente de la república Fernando Belaunde Terry y se había instalado el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada encabezado por el general Juan Velasco Alvarado (Ver crónica “3 al 9 de octubre: 50 años después” del 27 de octubre de 2018). En esos momentos el presidente era el general Francisco Morales Bermúdez, quien había “relevado” a Velasco el 29 de agosto de 1975 iniciando la “segunda fase” del gobierno militar.
El 18 de junio de 1978 se debía elegir a los cien
integrantes de la Asamblea Constituyente, primer paso para reestablecer un
gobierno democrático en 1980. Aunque a dos o tres decenas de exiliados se les
había permitido el regreso a mediados de abril y ya estaban realizándose las
campañas electorales, las cuatro o cinco semanas previas a las elecciones
fueron muy difíciles para los militantes de los partidos de izquierda,
incluyendo a los del Partido Socialista Revolucionario, PSR, del cual era yo
subsecretario general.
“PAQUETAZO” EN PLENA CAMPAÑA ELECTORAL
Las actividades políticas, incluyendo principalmente las
campañas electorales, se realizaban mientras crecía el descontento popular
debido al permanente aumento del costo de vida. Pero al terminar el domingo 14
de mayo -literalmente entre gallos y medianoche- el gobierno hizo público un
“paquete” de medidas económicas que colmaron la paciencia de los peruanos.
Recordemos sólo algunas alzas: el pan francés subió de
1.50 a 2.20 soles, el kilo de fideos pasó de 46.50 a 69.50 soles, el tarro de
leche de 27.50 a 39 soles y el litro de aceite de 80 a 184 soles.
SE CONVOCÓ PARO NACIONAL
La reacción de las organizaciones populares fue
inmediata. Hubo rechazo y comenzaron las coordinaciones lideradas por la Confederación
General de Trabajadores del Perú, CGTP. Se instaló un Comité de Coordinación
del Paro Nacional que, además de la CGTP, integraban la Confederación Nacional
de Trabajadores, la Confederación Nacional Agraria, la Central de Trabajadores
de la Revolución Peruana - Lima, la Federación de Choferes del Perú, la
Federación Gráfica del Perú, la Federación de Trabajadores de la Industria
Cervecera del Perú y la Federación de Trabajadores de Luz y Fuerza. El comité
convocó a un paro nacional para los días 22 y 23.
Todos los partidos rechazaron las medidas económicas,
pero los partidos de izquierda además respaldamos la paralización. Por su
parte, el gobierno poco después de la convocatoria del paro sostuvo que las
medidas -incluyendo las alzas de precios- eran para reactivar la economía. Al
mismo tiempo tomó medidas represivas, ya que declaró el estado de emergencia en
todo el país, suspendió las garantías constitucionales, prohibió la circulación
de revistas y periódicos no diarios, así como quitó los espacios radiales y de
televisión otorgados a los partidos que participaban del proceso electoral.
TOQUE DE QUEDA Y CLANDESTINIDAD
Poco después se conoció que se habían realizado
algunas detenciones de dirigentes sindicales, lo cual no fue impedimento para
que el paro se iniciara el 22. Lo impactante de la medida hizo que el gobierno
decretara “toque de queda” en Lima y Callao entre las diez de la noche y las
cinco de la mañana. Pero como el segundo día el paro resultó igualmente
exitoso, comunicados del gobierno informaron que el “toque de queda” se extendía
a otras zonas del país.
A menos de treinta días de las elecciones de la
Asamblea Constituyente, la dirigencia del PSR había suspendido las actividades
de campaña electoral considerando que la represión imperante la hacían inviable.
También se decidió que las reuniones de la dirigencia nacional serían
clandestinas y se comunicaron medidas de seguridad para todos los militantes. Desde tiempo antes estaba establecido qué dirigentes debían pasar a la
clandestinidad en determinados casos, uno de ellos era yo. Inicié una etapa de
casi 40 días fuera de mi casa y lejos de mi familia (ver crónica “Hace 35 años fui un´papá de la calle” del 24 de mayo de 2013).
Lamenté particularmente que no se realizara el mitin
en la Plaza San Martín, previsto para la noche del 31 de mayo. Estaba
convencido que el general Leonidas Rodríguez Figueroa -presidente del PSR que
encabezaba nuestra lista para la Constituyente- hablando ante miles de personas
era muy convincente. Lo había escuchado ya en varios mítines en capitales de
departamento y notado cómo los asistentes se identificaban con sus palabras.
Estaba seguro de que muchos hubieran querido escucharlo en Lima. Había llegado de
su exilio en México poco más de un mes antes y no podíamos imaginar que después
de poco más de un mes estaría otra vez exiliado en ese país.
DEPORTACIONES DE GENERALES Y VICEALMIRANTES
En otras ocasiones me he ocupado sobre esas semanas.
Esta vez quiero remarcar el hecho que el PSR fue muy golpeado en esa etapa con
las medidas represivas del gobierno. La noche del segundo día del paro, el
ministerio del Interior anunció la captura de trece personas -la mayoría
candidatos a la Constituyente- que fueron llevadas a un cuartel en Jujuy, en la
Argentina, “por la participación que les cupo en recientes actividades
subversivas y de violencia”. El comunicado señaló que también estaba definida
la misma medida contra Leonidas Rodríguez y el general Arturo Valdés Palacio, también
dirigente del PSR que había regresado del exilio junto con Leonidas. Ambos eran
candidatos a la Constituyente y habían logrado evitar ser capturados. Si
consideramos, además que entre los deportados se encontraban otros tres
candidatos del PSR: los vicealmirantes José Arce Larco y Guillermo Faura, ambos
ex ministros de Marina del general Velasco, y el exdirigente bancario José Luis
Alvarado, la tercera parte -cinco de quince- de quienes decidieron enviar a un
recinto militar extranjero eran candidatos de nuestro partido.
El 18 de junio, cuando Leonidas acudió a votar al
lugar que le correspondía -y que era conocido por la policía- fue detenido ante
numerosos periodistas del país y del extranjero. Pero tres días antes no
pudieron hacerlo cuando entró a Palacio de Gobierno para presentar una nota de
protesta contra las medidas represivas del régimen, hizo declaraciones ante por
lo menos veinte periodistas y se retiró raudamente en una motocicleta ante la
desesperación y frustración de la policía que estaba seguro de atraparlo (Ver crónica “Debía estar deportado y fugó en las narices de la policía” del 22 de enero de 2016).
El general Valdés no fue encontrado pese a la búsqueda
intensa que hubo. En esas semanas tuve ocasión de participar con él en
reuniones clandestinas con otros partidos (Ver crónica
“Citas clandestinas acompañado de un desconocido” del 27 de diciembre de 2013).
NO PUDIMOS HACER UN BRINDIS
Mi último acto público de campaña electoral fue el
jueves 18, cuando participé en un mitin en Tarma, en la sierra central del
país, junto con el vicealmirante Faura quien había nacido en esa ciudad.
Salimos a las dos de la tarde de ese día y llegamos de regreso a Lima más o
menos a la misma hora al día siguiente. En ese viaje en que el recorrido de ida
y vuelta duró unas doce horas, inicié una buena amistad con Faura que se
prolongó en las siguientes décadas. En algún momento me dijo que a fin de mes
cumpliría 60 años y “habría que hacer un brindis”. No fue posible. Yo estaba
clandestino y él … en Jujuy.
Faura era un preocupado estudioso de temas marítimos y
amazónicos. Había publicado el año anterior su libro “El Mar
peruano y sus límites", obra por la que años después
se le consideró como un
pionero de la posición peruana que logró en el 2014 que la Corte
Internacional de Justicia de La Haya, al fijar los límites marítimos entre el
Perú y Chile, reconociera unos 67 mil kilómetros cuadrados de mar como espacio
peruano.
CAMPAÑA SUCIA DE DESPRESTIGIO
Pero no sólo hubo detenciones y expulsiones del país
de cuatro de nuestros candidatos. También hubo insinuaciones sobre
participación del PSR en hechos de violencia. En la noche que se informó las
deportaciones a Jujuy, los noticieros de televisión informaron de un accidente
de tránsito sufrido por un vehículo del Ejército y de otro accidente días antes
de otro vehículo, en este caso de la Guardia Civil, y los relaciona con la
situación creado por el paro nacional. Era patético tratar de convertir
accidentes de tránsito en atentados. El noticiero “24 horas” responsabilizó de
los hechos de violencia al clima de agitación desatado por un partido “que se
dice socialista y revolucionario”.
Como había toque de queda, escuché y reí de la torpe
insinuación mientras miraba televisión en el departamento de un gran amigo
demócrata cristiano, Temístocles Olivares, quien me había dado refugio por unos
días. Aunque yo había renunciado en junio de 1971 al Partido Demócrata
Cristiano, PDC, (Ver crónica “Rompimiento con la Democracia Cristiana” del 30 de enero
de 2025) conservaba
la amistad con muchos de mis antiguos camaradas. Me pareció patético tratar de
convertir accidentes de tránsito en atentados.
Pero tres o cuatro días después no tuve ganas de reírme cuando me dirigía a una cita clandestina en Miraflores. Cerca de la esquina de las avenidas Larco y Benavides me crucé con Edwin Masseur Stoll, a quien había conocido en el PDC y con quien había compartido por 40 días un viaje de estudio en Europa en 1964 (ver crónica “En Suiza el taxi costó cinco centavos” del 29 de octubre de 2012). Me manifestó su respeto por quienes habíamos dejado el partido años atrás, pero al mismo tiempo me manifestó que le parecía increíble que hubiéramos optado por actividades violentas que él rechazaba. Cuando le dije que coincidía con él en rechazar la violencia, se sintió sorprendido. Conversamos un rato y me quedó muy claro que su fuente principal era la televisión, en la que responsables de los programas informativos hacían malintencionadas insinuaciones sobre el PSR.
Treinta y tres años después, en un tribunal de justicia italiano cuando el general Francisco Morales Bermúdez fue acusado -entre otros cargos de violación de derechos humanos- de la deportación de catorce personas a Jujuy, justificó esa acción señalando que eran subversivos enemigos de la democracia. Pero los mencionados y la mayoría de los otros eran candidatos a una elección, es decir participaban en un evento esencialmente democrático…
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