miércoles, 31 de enero de 2024

SEMANA LARGA E INTENSA (1989)

Hace 35 años a la una de la mañana del 5 de marzo de 1989, nos encontrábamos acomodados en nuestros asientos en el vuelo de ALITALIA que nos trasladaría de Milán a Lima. Nos espera un día largo le dije a Ana María, mi esposa, considerando que por la diferencia horaria después de quince horas de vuelo aterrizaríamos cuando en la capital peruana fueran recién las diez y media de la mañana. Día largo e intenso, añadí.

Estábamos agotados pero felices, ya que el retraso de 24 horas del vuelo nos había permitido caminar despreocupadamente -pese al frio invernal- por esa hermosa ciudad italiana, alojados y alimentados en un elegantísimo hotel por cuenta de esa compañía de aviación (Ver crónica "Segunda visita involuntaria a Milán” del 19 de septiembre de 2014). También ALITALIA nos informó que podríamos hacer dos llamadas telefónicas al Perú, una para la familia y otra para la oficina. Por lo que nuestros hijos estaban enterados que llegaríamos un día después de lo previsto. Y los dirigentes del Partido Socialista Revolucionario, PSR, del cual yo era secretario general, sabrían que podían contar conmigo desde el mediodía del domingo.

Después de un mes nos encontraríamos con nuestros familiares, especialmente con nuestros tres hijos que durante nuestro viaje habían quedado en la casa de los padres de Ana María, y celebraríamos los 95 años de la abuela de mi esposa. Aunque, a pesar de ser domingo, yo tendría una extensa reunión con los sectores de Izquierda Unida que cuestionábamos a la directiva que había surgido al culminar el Primer Congreso Nacional de IU el 23 de enero anterior. Minutos después, cuando el enorme avión se elevó, comentamos que felizmente podríamos estirar las piernas en el aeropuerto venezolano de Maiquetía.

VIMOS EL “CARACAZO” DESDE LAS VENTANILLAS DEL AVIÓN

Pero al aterrizar en Caracas diez horas más tarde, nos indicaron que los pasajeros en tránsito no debíamos bajar por disposición de las autoridades venezolanas. Todavía no se había normalizado las actividades en esa ciudad y desde las ventanillas del avión vimos la presencia militar en el aeropuerto. Desde el 27 de febrero se habían realizado multitudinarias protestas contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez con destrozos y saqueos en supermercados y comercios, respondidas con una violenta represión de las fuerzas del orden contra los manifestantes. Si bien los dos primeros días fueron los de mayor violencia, en los días siguientes la situación siguió muy tensa y con movilizaciones. Esa fue justamente la razón por la que nuestro vuelo había sido retrasado por 24 horas. Este episodio de violencia en la vida política venezolana es conocido como el “caracazo” y fue una explosión popular por la grave crisis económica y la escasez de alimentos. Fue tan fuerte la represión que el gobierno reconoció que fueron 276 los fallecidos, aunque algunos sectores oficiales aceptaron que fueron más de 300. Pero organizaciones no gubernamentales hablaron de dos mil y hasta tres mil muertos.

En los primeros días de febrero, el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez -que ya había sido presidente entre 1974 y 1979- inició el séptimo gobierno consecutivamente elegido desde la restauración de la democracia en 1959. Cinco periodos de Acción Democrática, el partido de Pérez, y dos del COPEI, el partido social cristiano de Venezuela, podían dar la impresión de un sólido régimen político basado en el bipartidismo. Sin embargo, menos de dos semanas después de iniciado su gobierno y ante la crisis económica con tendencia a crecer, el presidente declaró que iba a realizar una política de “shock”, aparentemente exigida por el Fondo Monetario Internacional. Anunció todo un “paquetazo” neoliberal: fuertes aumentos de precios de productos y servicios de primera necesidad, privatizaciones de empresas públicas, recortes de programas de ayuda social, eliminación del control de cambios, liberalización del comercio, etc. El “caracazo" fue la respuesta indignada de los sectores populares unos días después, al comprobar que sus ingresos disminuían y se elevaba el costo de la canasta básica familiar, además de la escasez de productos causado por las compras desmedidas inmediatamente después del anuncio presidencial. Ese gobierno de Pérez fue también el fin del bipartidismo en Venezuela.

RUMBO A UNA REUNIÓN POLÍTICA UNA HORA DESPUÉS DE ATERRIZAR

Regresemos a la mañana del 5 de marzo. Mis hijos y mi suegro nos esperaban en el aeropuerto y nos dirigimos a su casa en el cercano distrito de Bellavista en el Callao. Allí recibimos la triste noticia que la abuelita había fallecido dos semanas antes. Ana María muy impactada por la noticia quedó allí, mientras yo me cambiaba a ropa más acorde con el verano peruano. Afuera de la casa me esperaba un auto de un compañero del PSR que me llevaría a una reunión en Pachacamac, en las afueras de Lima.

Cinco semanas antes, al terminar el I Congreso de IU se había producido su ruptura. Como lo he señalado anteriormente, después de pensar que ganando la votación sobre las tesis políticas -que compartíamos con la mayoría de los partidos integrantes de IU y la mayor parte de los militantes independientes- se daban las condiciones para que se retiraran los sectores que calificábamos de ultraizquierdistas. Para nosotros la línea democrática y popular había derrotado a las posiciones vanguardistas y militaristas. Estábamos seguros de que si se ganaban las elecciones de abril de 1990, logrando la presidencia para Alfonso Barrantes, sería prácticamente imposible gobernar subsistiendo dentro de IU posiciones tan disímiles.

Sin embargo, fue difícil encontrar salidas que expresaran orgánicamente lo aprobado por el congreso. Y después de horas de buscarlas, por iniciativa del Partido Comunista Peruano, PCP, se había llegado a un acuerdo -que no alcanzó consenso- que dejaba de lado el voto secreto para elegir a los miembros del nuevo Comité Directivo Nacional de IU que acompañarían a los secretarios generales -miembros natos del CDN- de los siete partidos de IU que además integrarían su presidencia colegiada. Pero, más grave aún, se creaba un secretariado permanente del CDN en que se dejaba de lado a tres partidos y en donde tendrían mayoría quienes habían sido minoría en las tesis políticas (Ver crónica “Cuando la unidad no fue posible” del 29 de enero de 2019).

Manuel Dammert, secretario general del Partido Comunista Revolucionario, PCR, y yo a nombre del PSR habíamos comunicado que podríamos asistir a sesiones de la Presidencia Colegiada de IU, pero no a instancias en que participaran miembros “cuya representatividad desconocemos”. Por tanto, no asistimos a la instalación del CDN de IU el 30 de enero ni cuando se decidió la legitimidad de todos sus integrantes, incluidos los elegidos a mano alzada. Teníamos claro que esa instancia colegiada nunca se reuniría y, efectivamente, nunca se convocó.

POSICIONES DE AMBOS SECTORES PERMANECÍAN INAMOVIBLES

Camino a la reunión, fui informado de los últimos acontecimientos con relación a la crisis de la izquierda. En realidad, luego de un mes, no había cambios significativos. Nosotros considerábamos que la forma de elegir la dirección del CDN invalidaba cualquier decisión que tomara y el otro sector señalaba que bastaba con que Dammert y yo nos incorporáramos para que todo quedara solucionado. A lo largo del mes de febrero se habían producido declaraciones de dirigentes de organizaciones de base, parlamentarios o grupos de personalidades apoyando una u otra posición.

Ya en Pachacamac, pude conversar con los compañeros dirigentes del PSR, del PCR, de la Convergencia Socialista y del sector escindido del Partido Unificado Mariateguista, PUM, que encabezaba Carlos Tapia. Todas estas fuerzas cuando actuábamos conjuntamente nos denominábamos Acuerdo Socialista. Se tenía claro que la situación era irreversible. Los sectores ultraizquierdistas impedirían que otros integrantes del CDN, particularmente Jorge del Prado, secretario general del PCP, tratase de acercarse a Barrantes para buscar alguna salida a lo que él consideraba sólo un impasse.

DIFICULTADES EN LAS RELACIONES CON BARRANTES

Comprobé que subsistía un problema que veníamos afrontando desde meses antes del congreso. Si bien para los analistas políticos éramos los “barrantistas” y lo éramos también para la mayoría del CDN que desconocíamos, así como para muchos de los militantes de base que por eso mismo nos apoyaban, pero aparentemente no éramos “barrantistas” para… Barrantes. Hablar, coordinar, tomar decisiones con Alfonso en algunas oportunidades era complicado.

Nuestras posiciones en el congreso nacional reflejaban la coincidencia que teníamos con lo que pensaba y planteaba públicamente Alfonso. Sin embargo, como no asistió al evento, cuando fue requerido por la prensa para saber si apoyaba a nuestro sector, incluyendo el no reconocimiento a todos los integrantes del CDN, sus respuestas resultaban ambiguas.

De hecho en esas semanas e incluso en los meses siguientes habría ambigüedad tanto en opiniones de Barrantes como en las de Del Prado. Alfonso era tajante para señalar que en IU no deberían existir sectores ultraizquierdistas o “militaristas” pero no avalaba expresamente a quienes habíamos defendido esas mismas posiciones, mientras que Del Prado hablaba de problemas organizativos menores, que podrían fácilmente solucionarse.

LA CONVOCATORIA DEL “ENCUENTRO POPULAR CON BARRANTES”

En todo caso desde varios días antes no aparecían declaraciones de Barrantes en los diarios. En la reunión de Pachacamac se analizó la situación considerando que debía hacerse una demostración de identificación de Barrantes con nuestras posiciones. No recuerdo muchos detalles de la reunión, salvo que de allí salió la decisión de organizar un acto de masas seis días después. Convocado por el Acuerdo Socialista, se denominaría “Encuentro Popular con Barrantes” y estaba sobrentendido que era una convocatoria para la proclamación de su candidatura presidencial. Sería una respuesta al mitin que tres días antes había realizado el CDN de IU en la Plaza San Martín donde se incluyó una invitación a que nos sumáramos quienes discrepábamos de la forma en que se resolvió la conducción futura del frente.

No hubo muchas dificultades para elegir el lugar de la concentración. Resultaba riesgoso optar por una plaza pública, considerando el desgaste político, económico y orgánico de la militancia en los últimos meses, pero evidentemente resultaba ridículo hacer una reunión en un teatro o en un auditorio. Se encontró una solución intermedia: la Plaza de Acho, cuyo aforo normal es de cerca de 15 mil asistentes. Si bien se trataba de un coliseo de toros, en algunas oportunidades había servido también para masivas reuniones políticas.

Quedamos varios dirigentes encargados de coordinar las tareas organizativas. En primer lugar, hubo un problema no menor: comprometer la asistencia de Alfonso…

BARRANTES: VÍA DEMOCRÁTICA Y VÍA INSURRECCIONAL SON INCOMPATIBLES

Sabíamos que Alfonso se encontraba en México asistiendo a un seminario y que regresaría en un par de días. Esperando confirmar su llegada, el 8 de marzo se conoció en el Perú una entrevista de Barrantes al semanario mexicano “Excelsior”. En ellas planteaba que era necesario definir la necesidad de romper con los sectores “militaristas”. Alfonso declaró: “De llegar al gobierno el frente formado exclusivamente por partidos de izquierda sería un peligro. Eso ocurrió en Chile con Allende. No es factible un gobierno con partidos de izquierda donde dos de ellos consideran posible el uso de la vía armada. Por eso antes las elecciones debe precisarse bien qué tipo de gobierno se plantea hacer y no hablar de edificar la sociedad socialista, pues eso es un absurdo. Por eso requerimos formar un frente de partidos más amplio que Izquierda Unida”.

También desde ese país, Barrantes indicó que había tratado las discrepancias con discreción, pero que era momento de decir las cosas con claridad por lo que en una última presentación en la televisión peruana había dicho “…que no podía ser candidato de una IU donde estuvieran los partidos PUM y UNIR por razones de incompatibilidad ideológica. Ellos no se sentirían representados por mí y yo no lo representaría en la forma que ellos quisieran. De forma que si en la IU hubiera una votación y dijeran por mayoría candidato Barrantes yo diría ¿para qué si no nos tenemos confianza, entonces mantengamos relaciones humanas dados los varios años que hemos trabajado juntos. La práctica concreta va a llevar a darse cuenta de que no es posible esta convivencia…”. Fue rotundo al afirmar que “en determinado tiempo se hizo de la unidad un fetiche pero la realidad demuestra que la vía democrática y la vía insurreccional son incompatibles”.

Si bien con sus declaraciones Alfonso había sido muy tajante planteando posiciones que compartíamos, lo que definió su aceptación para estar en el mitin de la Plaza de Acho fueron las declaraciones de distintos dirigentes de IU cuestionándolas. Recién pude hablar con él a las diez de la noche del viernes y estuve seguro de que estaría al día siguiente en la concentración.  Vivíamos ambos en la Urbanización La Capullana a unos cuatrocientos metros de distancia y quizás por eso fueron muchas las ocasiones que estuve en su casa y algunas él en la mía. Incluso fui testigo de la construcción de su segundo piso (Ver crónica "Vicisitudes de la casa de Barrantes” del 30 de julio de 2020).

REENCUENTRO POPULAR EN LA PLAZA DE ACHO

Alrededor de las cuatro de la tarde del sábado 11 se dio inicio al mitin. Si bien asistimos los dirigentes y militantes de los partidos y movimientos integrantes del Acuerdo Socialista, ninguno estuvo previsto como orador. El escenario, el sol de finales del verano, la asistencia de varias madres de familia acompañadas de sus hijos, las canciones que se escuchaban por los parlantes, dieron una imagen especial a la concentración. Parecía una fiesta popular.

Justamente la única que habló antes de Barrantes fue una dirigente del vaso de leche que lo saludó a nombre de todas las madres de familia presentes. Alfonso habló con alguna ambigüedad al señalar que su propósito era seguir fortaleciendo la unidad de IU acusando a la derecha y a los infantilismos irresponsables como los interesados en romper la unidad, Pero al mismo tiempo subrayó que respetaba los acuerdos democráticamente tomados en el congreso de IU y que “hubiera querido que todos los acuerdos se hubiesen tomado democráticamente”. Remarcó que los objetivos y metas del vanguardismo militarista eran opuestos y ajenos a los fines y objetivos de IU y precisó que la creación del Acuerdo Socialista había sido para fortalecer a IU en democracia.

Las palabras de Barrantes fueron aplaudidas entusiastamente por los asistentes que colmaron el coso taurino. Los gritos de “Barrantes presidente” resonaron junto con los aplausos en muchos momentos de su intervención. Cuando terminó su discurso, el líder izquierdista se confundió con abrazos con muchos de los asistentes a la concentración.

Terminada la reunión nos dirigimos al local del PSR en el Parque de la Reserva y varios dirigentes del Acuerdo Socialista hicimos un recuento preliminar. Por un lado, era la primera vez que Alfonso hablaba en un mitin no convocado por IU, había condenado las posiciones vanguardistas y había apoyado sólo los acuerdos del congreso “democráticamente tomados”. Por otro lado, era evidente que Barrantes mantenía la esperanza que en la dirigencia que cuestionamos pudiese producirse un rompimiento para sumarse a su planteamientos de buscarle viabilidad a un eventual gobierno suyo. Estaba yo seguro que pensaba en la posibilidad de acercar posiciones con Del Prado. Recordé claramente una conversación con Barrantes casi un año y medio antes (Ver crónica “Con Barrantes en Moscú” del 20 de enero de 2017). En esa oportunidad -cuando las encuestas lo ponían en posición privilegiada para las elecciones de 1990- entendí que la alianza con el PCP era para él muy importante. Pero no imaginaba al PCP en un rol decisivo en la conducción del gobierno, sino ejerciendo su influencia en la Confederación General de Trabajadores del Perú, CGTP, para contar con el apoyo de los sectores populares organizados.

NO FUE UN DÍA SINO UNA SEMANA LARGA E INTENSA

Cuando llegué a mi casa bastante cansado recordé lo dicho a mi esposa al acomodarnos en nuestros asientos para volar de Milán a Lima: “Nos espera un día largo” y sonriendo le dije: “Debí decir que nos esperaba una semana larga”.

Había sido una semana intensa. Eran muchas las tareas derivadas de mi responsabilidad partidaria. Pero además me tocó retomar mis labores de editor del “Resumen Semanal” de DESCO, la ONG donde trabajaba.  También el traslado de mis hijos desde el Callao hasta mi casa en Surco y comenzar a ver las matrículas de los tres en sus colegios. Además ir por nuestro veterano Volkswagen que dejamos para que lo pintaran y que al recogerlo hubo que hacerle algunas pequeñas reparaciones. Saludar a mi madre y a mis hermanas. Agradecí que desde diciembre del año anterior teníamos por fin teléfono en la casa lo que me facilitaba varias tareas (Ver crónica “Quince años esperando teléfono” del 19 de noviembre de 2015). Todo esto mientras teníamos que hacer cálculos varios para que nuestros sueldos cubrieran los gastos en medio de una descomunal inflación.

Por fin se acabó esta semana larga e intensa, me dije antes de quedarme dormido.

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