viernes, 20 de enero de 2017

CON BARRANTES EN MOSCÚ (1987)

Los días 4 y 5 de noviembre de 1987 se realizó en Moscú el “Encuentro de representantes de partidos y movimientos con ocasión del 70 aniversario de la Gran Revolución de Octubre”. Participaron 178 organizaciones, 63 delegados hablaron en la reunión y como no hubo tiempo para los otros 64 que estábamos en la lista de oradores dejamos nuestros textos escritos para la publicación que se haría con todas las intervenciones. Era imposible que todos hablaran, pese a que ningún orador llegó a los 10 minutos, incluyendo a Fidel Castro célebre por sus extensos discursos y excluyendo a Nicolae Ceausescu que habló cerca de media hora.

Como he señalado en otras oportunidades, aunque convocado por el Partido Comunista de la Unión Soviética, PCUS, no era sólo una reunión de partidos comunistas sino bastante más amplia porque incluía a partidos social demócratas europeos, algunos movimientos políticos de África y Asia y también a partidos socialistas latinoamericanos, que habían constituido un año y medio antes en Montevideo la Coordinación Socialista Latinoamericana. Del Perú hubo delegaciones del Partido Comunista Peruano, del Partido Aprista Peruano y del Partido Socialista Revolucionario.

Cuando meses después revisé la publicación en dos tomos de los discursos, figuraba el mío como secretario general del PSR y el de Nicanor Mújica, miembro de la Dirección Nacional del Apra. Me sorprendió que no estuviera el de Jorge del Prado, secretario general del PCP, pero la explicación que me dieron y su significado son para desarrollarse en otra crónica.

NO HABÍA INVITACIÓN PARA BARRANTES
No me voy a referir al Encuentro y las otras ceremonias. Tampoco a las primeras muestras de la “Perestroika” –reestructuración económica- y la “Glasnost” –apertura política- inimaginables pocos años atrás. En esta ocasión escribiré sobre las múltiples gestiones que semanas antes hizo para participar del Encuentro Alfonso Barrantes Lingán, voceado candidato presidencial, ex alcalde de Lima y ex presidente de Izquierda Unida. Y además sobre algunas peripecias que tuvo que pasar en Moscú.

Meses antes, durante una recepción en alguna de las embajadas de los entonces llamados “países socialistas”, alguien hizo referencia a los 70 años de la “revolución de octubre” y que los soviéticos estaban preparando varios actos conmemorativos. Al salir Barrantes me preguntó si el PSR sería invitado. No sé, respondí. Pero ustedes reciben algunas invitaciones del PCUS, replicó. Asentí y le conté que desde 1981 contábamos con invitaciones anuales a dos o tres dirigentes para viajes de “descanso y chequeo médico”, que por lo que sabíamos era un primer escalón en las relaciones partidarias. Pero hasta el momento no hemos sido invitados a otro tipo de eventos, añadí. Mantenme informado si tienen alguna novedad, dijo al separarnos.

En setiembre me llamó el agregado político de la URSS para trasmitirme la invitación del PCUS para que viajara al Encuentro. También me informó que estaba invitado Jorge del Prado, a quien acompañaría otro dirigente y que se había invitado al Apra que designaría a dos dirigentes. Al día siguiente lo comuniqué a Barrantes. Me preguntó si creía que invitarían a Izquierda Unida. Estoy seguro que no, dije. No era necesario preguntárselo para saber que Alfonso estaba pensando que podía ser invitado como líder de IU, por lo que añadí que en el supuesto negado que los soviéticos pensaran en esa invitación, existía un problema que no era menor: Alfonso no era presidente de Izquierda Unida desde mayo cuando renunció públicamente al cargo (Ver crónica “Propuesta a Barrantes que no pude concretar” del 21 de octubre de 2016).

DE DISCRETO ASESOR A LÍDER DE LA IZQUIERDA

Hago un paréntesis. Pese a su militancia en el Partido Aprista hasta treinta años atrás, cuando renunció siendo presidente de la Federación Universitaria de San Marcos, Alfonso había sido por 20 años un independiente de izquierda, salvo un breve paso por el PCP poco antes que se produjera la ruptura originada por el enfrentamiento entre el PCUS y el PC Chino, después de la cual se mantuvo apartado de ambas posiciones. Siempre tuvo buenas relaciones con dirigentes de distintos sectores de izquierda y logró el respeto de políticos de diferente signo.

Cuando en julio de 1977 el gobierno de Morales Bermúdez convocó elecciones para una Asamblea Constituyente y anunció que luego de culminada habría elecciones generales, los partidos que estaban formando la Unidad Democrático Popular, UDP, frente político con más de una decena de agrupaciones que compartían el mismo espacio político y que precisamente por eso no lograban procesar sus diferencias, se les ocurrió que habría mucho “papeleo” y buscaron para que los presidiera un abogado que los ayudara a entender e implementar disposiciones de la “democracia burguesa”, al mismo tiempo que mediara en sus diferencias. Alguna vez Carlos Tapia afirmó que a Barrantes se le ofreció el cargo casi sin pensarlo y porque algunos lo ubicaban como asesor legal de sindicatos. Se cuenta que Barrantes esperaba pacientemente que terminaran las larguísimas discusiones en pasillos para iniciar reuniones que la mayor parte de las veces era sólo una formalidad.

En setiembre u octubre de 1980, los jóvenes dirigentes de partidos de la UDP se sorprendieron de la calidad oratoria de Barrantes al escucharlo por primera vez. No tenían idea de la capacidad de liderar que ya había tenido 20 ó 25 años antes en el movimiento universitario y, por tanto, no imaginaban el liderazgo que podía ser capaz de desarrollar.

Entre el abogado de comportamiento discreto de 1977 y el candidato de Izquierda Unida que alcanza el 28 % de los votos para la alcaldía de Lima en noviembre de 1980, hubo un salto significativo. Entre este sorprendente candidato que impone a los partidos integrantes de IU que lo nombren presidente y tres años después el triunfante alcalde electo de Lima, convertido además en líder del frente que logra una gran presencia electoral en los municipios del país, hay otro salto notable. Y más significativo incluso resulta que segundo en las elecciones presidenciales de abril del 85 y perdedor por pocos votos de la reelección a la alcaldía a finales de 1986, en el segundo semestre de 1987, en la mayoría de encuestas y opiniones de analistas, se le considerara como el candidato con mayores posibilidades de ganar las elecciones presidenciales de 1990. Ya no era un ex líder universitario, silencioso árbitro de pugnas de pequeños partidos y respetado abogado. Era el segundo hombre en importancia del país después del presidente Alan García. Sabía que sus votos habían logrado que partidos más significativos superaran la valla electoral. Por tanto estaba convencido que no necesitaba el cargo de presidente de IU ya que era su líder indiscutido.

Ese era el Barrantes que quería viajar a Moscú en octubre de 1987.

Conociendo la relación entre ambos, estoy seguro que Alfonso, buscó a Del Prado para que gestionara su invitación señalándoles a los soviéticos la importancia de tener como invitado a quien tenía posibilidades de ser el siguiente presidente del Perú. Días después me dijo Alfonso, aparentando no darle importancia, que Del Prado le había dicho que conversaría con los soviéticos sobre su invitación.

Pero en Moscú estaba convocada una reunión de partidos…

Como tuve oportunidad de conversar con los soviéticos por esos días, intuí que estaban analizando otras posibilidades ya que en Moscú estaban programadas simultáneamente varias reuniones internacionales, aunque Barrantes no se había interesado por ninguna que no fuera el Encuentro.

DE TODAS FORMAS LLEGÓ MOSCÚ

Cuando poco después del mediodía del 30 de octubre nos encontramos con Del Prado en el aeropuerto y me confirmó que por insistencia de Barrantes hizo algunas gestiones infructuosamente, confiándome que el propio Alfonso lo había intentado hablando con el embajador soviético. Ambos convinimos que era muy difícil que Alfonso viajara sabiendo que no participaría en el Encuentro. Cerca de medianoche del día siguiente aterrizamos en el aeropuerto Sheremétievo y a cada una de las tres delegaciones peruanas la esperaba un alto funcionario para dar la bienvenida del PCUS, así como un traductor y un auto. Como a diferencia de las otras dos delegaciones, yo era el único del PSR un auto era sólo para mí. Mencionar esto puede parecer una frivolidad pero tiene relación con lo que pasó poco después.

Los días 2 y 3 de noviembre en el Palacio de los Congresos se realizó una sesión conjunta del Comité Central del PCUS, el Soviet Supremo de la URSS y el Soviet Supremo de la Federación Rusa. Aunque no habían llegado todas las delegaciones, los que participaríamos del Encuentro fuimos invitados a asistir, por lo que nos trasladamos y nos ubicamos en unos palcos donde en cada asiento nos esperaban audífonos para la traducción simultánea.

A las 10 de la mañana la reunión fue inaugurada por Andréi Gromyko, presidente del Presidium del Soviet Supremo, que había sido canciller soviético desde 1957 hasta un par de años antes. Si bien se trataba de un personaje histórico porque había sido la cara visible de la URSS en toda la “guerra fría”, era evidente que cercano a los 80 años no encajaba en las nuevas posiciones que encabezaba Mijaíl Gorbachov, Secretario General del Comité Central del PCUS. El discurso de Gromyko fue breve, prácticamente sólo una bienvenida a los integrantes de la reunión y a los invitados. Y diez minutos después inició su intervención Gorbachov. Duró hasta la una y quince de la tarde, con un intermedio de una media hora para servirse café o bebidas.

Durante el intermedio, en una sala destinada a los delegados al Encuentro, Carlos Roca quien era el segundo delegado del Apra, me aseguró que había visto a Barrantes en un grupo de 40 o 50 personas agrupadas a un costado del primer nivel del auditorio. No pude ubicarlo. Culminado el discurso de Gorbachov se planteó otro receso de unos 45 minutos para refrigerio. Algo estaba sirviéndome cuando escuché una inconfundible voz que decía “Que bien se alimenta, mi buen señor…”. Era Alfonso. Poco después lo acompañé a saludar a Del Prado y a Enrique Castro, el otro delegado del PCP, así como a Nicanor Mujica y Roca.

Antes de juntarnos con los otros peruanos me enteré que había llegado en la madrugada, que estaba en una categoría especial de invitados: las “personalidades” que eran desde políticos en ese momento sin cargos partidarios o gubernamentales hasta científicos, diplomáticos o académicos que habían mantenido buenas relaciones con la URSS y habían impulsado las relaciones con sus países. Me dijo que eran unas treinta personas de todo el mundo, aunque me contó que se desplazaban en dos buses lo cual podía indicar que eran más. Estaban invitados a esas sesiones, del 4 al 6 tenían un programa de visitas a lugares de importancia y museos de la ciudad y el 7, día central de las celebraciones, presenciarían desde un tribuna en la Plaza Roja, el acto y el desfile conmemorativos en la mañana y asistirían a una recepción en el Kremlin por la tarde.

MOVILIZANDO A BARRANTES
Alfonso estaba alojado en el Hotel Leningrado, uno de los siete edificios de Moscú con apariencia de castillo que combinaban estilos barroco y gótico rusos, pero construidos con la tecnología de los rascacielos norteamericanos. Nueve años atrás, me había hospedado en otro similar, el Hotel Ucrania (Ver crónica “Desorientaciones en Moscú” del 31 de diciembre de 2012). Cuando me preguntó dónde nos alojábamos y le contesté que en el Octubre, el hotel del partido, me dijo si era cierto que se necesitaba estar registrado como visitante para que lo dejaran pasar en la caseta de seguridad. Cuando se lo confirmé me dijo en tono misterioso “algo habrá que hacer en estos días…”.

Como había algunos sitios vacíos, Alfonso se quedó con nosotros hasta que terminó la reunión a las 5 de la tarde. Al bajar, Alfonso viendo que los dirigentes apristas y comunistas se dirigían a sus autos me comentó sonriente que seguramente era aburrido no conversar con algún compatriota cuando me desplazaba en el auto. Me reí y le dije que justamente le iba a ofrecer llevarlo, ya que no quedaba nadie del grupo con que había llegado. Instantes después cuando me encontré con Nicolai, mi traductor, se produjo el siguiente diálogo:

·         Nicolai, dile al chofer que vamos al hotel Leningrado, a dejar al doctor Barrantes, ya que su    bus partió…
·         Bien, le diré al chofer que nos deje en el hotel y luego lleve al señor a su hotel.
·         No, el doctor no irá solo al hotel …
·         Entonces lo dejamos a usted y luego me voy con el chofer a dejar al doctor.
·         No, iremos primero al Leningrado y después a nuestro hotel.
·         Pero, usted estará cansado de haber estado todo el día escuchando la sesión.
·         ¡¡¡Nicolai le he dicho que vamos primero a dejar al doctor Barrantes…!!!
·         De acuerdo.

Puede parecer una tontería, pero muchas veces personas encargadas de servicios miden su valor de acuerdo a la importancia -real o supuesta- de aquellos con los que trabajan. Para Nicolai a mí me habían destinado auto mientras que Alfonso se movilizaba en bus… Y por tanto le correspondía preocuparse por mi comodidad y no por la “de un intruso”.

Al día siguiente, pese a la cara adusta del traductor, hicimos el mismo recorrido a las dos y media de la tarde en que salimos de la sesión conjunta. Ese día Alfonso también había llegado con el grupo de “personalidades” y se había escabullido hasta donde estábamos las delegaciones. Al despedirnos me indicó que coordinara para desplazarnos juntos a las actividades del 7, mientras hacía una seña indicando el auto… que era el único que tenía espacio para ir a la Plaza Roja con otro pasajero.

En algún momento comenté con Anatoly, funcionario del departamento Internacional del PCUS encargado de las relaciones con partidos del Perú, Brasil y República Dominicana, sobre la presencia de Alfonso, que lo había movilizado un par de veces y que lo haría el día central de las celebraciones. Me dijo que no habría problemas. No me imaginaba todavía la buena relación que desarrollaría con este funcionario (Ver crónica “Moscú - Surmenage - Moscú” del 21 de agosto de 2015).

No vi a Alfonso hasta la noche del 6 de noviembre cuando nos encontramos en la embajada peruana. El embajador Roger Loayza ofreció una comida a todos los peruanos que asistíamos a las distintas reuniones internacionales que se realizaban simultáneamente en Moscú. De esa reunión y el posterior frustrado intento de hacer un brindis a medianoche en la Plaza Roja trataré de ocuparme en otra crónica. Durante los dos días del Encuentro, Alfonso se había movilizado con un auto que el embajador había puesto a su disposición y ese día con Del Prado, ya que prácticamente no habíamos tenido programa. Apenas nos encontramos, me preguntó por lo del día siguiente. “No hay problema. Nos encontramos en la recepción del hotel a las 9 de la mañana. Ya está registrado tu nombre en la caseta”, le dije.

A la mañana siguiente antes de las 9, Alfonso llegó al hotel Octubre. Poco después nos trasladamos hasta cerca de la Plaza Roja. Tuvimos que caminar con intensísimo frio las tres o cuatro últimas cuadras. Estuvimos juntos en la tribuna para delegados al Encuentro, escuchamos el discurso de Gorbachov, vimos el imponente desfile militar, y dos horas después a pie y en auto regresamos al hotel. Hablamos un buen rato mientras admiraba algunas de las instalaciones del flamante hotel recientemente inaugurado (Ver crónica “Moscú: no sólo los tres hoteles fueron distintos del 26 de noviembre de 2013). Nos separamos a la una, Alfonso almorzaría con Del Prado mientras yo asistía a una reunión con partidos integrantes de la Coordinación Socialista Latinoamericana. A las 4 y 30 de la tarde, nos dirigimos en el auto hacia el Kremlin donde se realizó una recepción oficial por el 70 aniversario. Era imposible imaginar que antes de cinco años no habría PCUS y ni Unión Soviética o Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, su nombre oficial.

Dos horas después salimos del Kremlin. Ignoré a Nicolai que con la cabeza me señalaba el bus donde se movilizaban las “personalidades”, subimos al auto y le dije al traductor: Vamos al hotel Leningrado…

SIGO SIN ENTENDER ESE VIAJE
Me despedí afectuosamente de Alfonso, quien estaría fuera del Perú hasta enero de 1988. Ese 7 de noviembre, con algunas interrupciones, habíamos estado juntos desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la noche. Mientras iba a mi hotel pensaba en lo conversado con él ese día. Era claro que Alfonso sentía que había afianzado su relación con Del Prado. Cuando hablamos de la posibilidad que ganara la presidencia en 1990, entendí que él no imaginaba al PCP en un rol decisivo en el gobierno. Lo que temía era un país ingobernable si es que no contaba con el apoyo comprometido de los sectores populares organizados. Y eso, pensaba Barrantes, sólo lo podía garantizar la Confederación General de Trabajadores del Perú, CGTP, frenando el ultra izquierdismo que seguramente sería “nuestro principal enemigo” y que lo “tenemos en nuestras propias filas”. Entendí que para Barrantes era vital acercarse al PCP debido a su amplía influencia en esa central sindical y que para él eso pasaba por hacer gestos de reconocimiento a la importancia de la URSS asistiendo a una celebración tan especial. Pero tal raciocinio contrastaba con la insatisfacción que le noté porque no se le había dado importancia a su presencia en Moscú. No me convenció esa interpretación entonces y prácticamente 30 años después de la larga charla con Alfonso, todavía no entiendo por qué se empecinó en ir a un Encuentro donde no tenía posibilidad de participar.

A su regreso al país Alfonso comentó que en Alemania Federal se había sometido a un tratamiento médico por problemas renales, que en Cuba había apreciado la importancia del Proceso de Rectificación y que en Moscú había participado en las celebraciones por los 70 años de la revolución de octubre…

No hay comentarios.:

Publicar un comentario