miércoles, 29 de julio de 2026

REUNIONES CLANDESTINAS EN JULIO (1976)

Julio es siempre muy especial en el Perú. Cuando era niño lo asociaba con la llegada de las vacaciones de medio año en los colegios. Y a fines de los años 50 e inicios de los 60, para muchos era la época de los desfiles militares que se podían ver desde casa, ya que eran los primeros años de las trasmisiones en directo de la televisión.

Pero en 1957 y 1958 -en mis últimos años de colegial- escuchaba por radio los mensajes presidenciales que el entonces presidente Manuel Prado pronunciaba ante el Congreso Nacional los días 28 de julio.

Es desde esa época que acostumbro a conocer los mensajes para tener una idea sobre cómo marcha el Perú, incluso cuando eran dirigidos al país ya que el Parlamento no funcionaba. Esto resultaba particularmente importante en los años en que estuve de dirigente partidario en que debía participar en reuniones para fijar posición sobre lo dicho -o dejado de decir- por el gobernante en ejercicio.

Pero a veces no sólo era importante lo que se anunciaba el 28, sino lo que sucedía en los días o semanas anteriores.

UNA EQUIVOCACIÓN LO SALVÓ

Hace un año escribí sobre cuatro meses particularmente tensos de Fiestas Patrias en los años setenta (Ver crónica "Cuatro 28 tensos” del 31 de julio de 2025). Ahora escribo sobre conversaciones con Rafael -Rafo- Roncagliolo uno de esos meses -julio de 1976- cuando se produjo el desenlace de las contradicciones dentro del gobierno militar que, aunque no se admitían, estaban presentes desde casi un año antes, cuando se produjo el “relevo” del general Juan Velasco Alvarado.

Roncagliolo se había salvado de ser detenido el 30 de junio por la policía, debido a una equivocación allanaron una casa vecina a la suya en la urbanización El Cuadro en Chaclacayo. Horas después, dejó sigilosamente su casa donde permanecieron su esposa y su hijo Santiago, de poco más de un año y que décadas después se convertiría en un importante escritor peruano.

Rafo era presidente de una de las fracciones de la Federación de Periodistas del Perú, FPP. Nos conocíamos más de 15 años básicamente en la actividad política. En la Juventud Demócrata Cristiana, JDC, desde 1960 hasta que renunciamos en junio de 1971. Y desde entonces veníamos coordinando acciones en la búsqueda de crear un nuevo vehículo político, mientras desarrollábamos acciones coordinadas, que en los últimos tiempos se había vinculado a tratar determinados temas en editoriales de varios de los periódicos intervenidos por el gobierno militar desde julio de 1974.

CAMBIO DE DIRECTIVOS Y DESPIDOS EN DIARIOS

Tres meses antes, en abril de 1976, se había producido el despido de periodistas de varios periódicos, entre ellos Rafo que era jefe de la Página Editorial de Expreso, y también secretario general del sindicato de periodistas y empleados de los diarios Expreso y Extra desde enero y presidente de la FPP desde fines de marzo. Su elección se realizó un par de semanas después que el gobierno cambiara a todos los directores y comités directivos de los diarios y suspendiera por 90 días la estabilidad laboral en esos medios. De esa manera se confirmó el viraje a la derecha del gobierno militar, iniciado el 29 de agosto de 1975 cuando se produjo el “relevo” de Velasco Alvarado para ser reemplazado por Francisco Morales Bermúdez, trascendiendo que la razón era que Velasco tenía problemas de salud que hacían que no pudiera encarar la conducción del gobierno.

Como prácticamente todos los mandos militares que habían estado junto a Velasco desde los primeros años, impulsando las reformas adhirieron al nuevo liderazgo, los civiles que apoyábamos las reformas pensábamos que el proceso revolucionario seguiría adelante. Muy pronto, sin embargo, el pase al retiro del general Leonidas Rodríguez a fines de octubre fue un campanazo de alerta que hizo que se comenzara a pensar en la necesidad de una nueva organización política (Ver crónica "Preparando lanzamiento del partido” del 29 de noviembre de 2022).

Al mismo tiempo, la permanencia de algunos militares progresistas en el gobierno mantenía la esperanza para algunos que no todo estaba perdido, que se podía volver a enrumbar mientras gente como los generales Jorge Fernández Maldonado, Enrique Gallegos y Miguel Ángel de la Flor, se mantuvieran.

RONCAGLIOLO: PERSEGUIDO POR EL GOBIERNO

A mediados de 1976, Roncagliolo se había convertido en una importante figura política. En 1972 y 1973 había dirigido “Quipu” un programa periodístico televisivo. Fue integrante del comité directivo del diario Expreso desde julio de 1974 hasta marzo de 1976. Y era dirigente de un gremio muy importante en esos momentos. Su enfoque de apoyo a las medidas revolucionarias del gobierno de Velasco, así como de discrepancia con posiciones de los sectores conservadores que había en su entorno, coincidía con los puntos de vista que teníamos muchos. Tenía además condiciones personales para ejercer liderazgo en un futuro proyecto político, así como “llegada” a personas que podían ser parte muy significativa de tal proyecto, como Leonidas Rodríguez.

Del intento de detención de Rafo me enteré al día siguiente cuando me llamó por teléfono a DESCO, la ONG en que ambos trabajábamos, yo desde un par de años antes y él recién reincorporado ya que estuvo de licencia mientras trabajó en Expreso a tiempo completo. Fijamos hora y lugar para reunirnos…

Horas después en un café que habitualmente no visitábamos conversábamos con tranquilidad. Lo primero que establecimos es que yo no tuviera información sobre dónde se alojaba, ni teléfono al cual llamarlo. Como no tenía yo teléfono en casa, él me llamaría a DESCO si era necesario, aunque normalmente al terminar cada encuentro estableceríamos fecha, hora y lugar del siguiente. En caso de conversaciones telefónicas, considerando que podría haber “escuchas”, usaríamos términos y situaciones que a una tercera persona resultara imposible entender.

EVALUACIONES EN LA CLANDESTINIDAD

Nuestras reuniones tendrían que ser clandestinas y las haríamos cada dos o tres días, servirían para planificar contactos de Rafo con terceros que no pudiera él establecer directamente, trasmitir encargos políticos y gremiales y hacer análisis de la situación política.

¿Cómo comenzaba el mes? nos preguntamos y advertimos que se había establecido por 30 días estado de emergencia y toque de queda en todo el país desde la diez de la noche hasta las cinco de la mañana. No teníamos por qué saberlo, pero esta medida sería renovada todos los meses y duraría hasta fines de agosto de 1977. Los periódicos y las revistas no diarias habían sido clausuradas, entre ellos “El Periodista”, órgano de la FPP y del que Rafo era director por presidir el gremio. Estas medidas significaban controlar el total de la prensa para acallar y ocultar las protestas que estaban generando el “paquete” de medidas económicas que había decidido el gobierno para afrontar la crisis económica existente.

Esas medidas fueron muy duras y constituyeron el primer “paquetazo” de los muchos que habría en los siguientes años, particularmente en el primer gobierno de Alan García. Un antecedente sólo se podía encontrar diez años antes, en agosto de 1966, en que el gobierno de Fernando Belaunde tuvo que enfrentar una devaluación de más de cuarenta por ciento (Ver crónica “El jovencito que le dice carajo al presidente, no…” del 24 de marzo de 2014). Hubo muchos pronunciamientos en contra de las medidas económicas y movilizaciones en todo el país que fueron reprimidas por la policía y en algunos casos por el Ejército.

Al despedirme de Rafo de nuestra primera reunión clandestina, además de fijar la siguiente reunión, nos preguntamos qué pasaba si alguno no podía llegar y, por tanto, dejaba al otro con la sensación que algo grave ocurría cuando quizás sólo se trataba de un imprevisto sin importancia. Decidimos tener un “buzón de emergencia” para dejar mensaje en clave para cuando llamara el otro. Tuvimos ocasión de probar que sí funcionaba el “buzón” cuando me sacaron detenido de mi casa a las 3 de la mañana del 7 de agosto (Ver crónica “Metralletas en el techo de mi casa” del 19 de julio de 2013).

GOLPE Y CONTRAGOLPE EN EL EJERCITO

Uno de los temas que más nos preocuparon en esos días fue el levantamiento del general Carlos Bobbio, comandante general de Centro de Instrucción Militar del Perú, CIMP. Como no hubo inicialmente ninguna información, todo lo trascendido se debía a rumores originados por desplazamientos inusuales de vehículos militares, pero también ruido de disparos en Chorrillos, en los alrededores de las instalaciones del CIMP. Las informaciones señalaban que Bobbio pertenecía a los sectores conservadores y que su levantamiento era contra Fernández Maldonado, en esos momentos comandante general del Ejército.

Rafo, que había tenido contacto con personas allegadas a Fernández Maldonado, me dijo que la versión era que, ante el intento de desestabilización, el sector progresista había logrado imponerse. Conversando con él convinimos que los términos usados en los comunicados oficiales rebajaban lo grave de la insubordinación de Bobbio y que eso era muy peligroso.

Una semana después, otro comunicado indicaba que Fernández Maldonado había pasado al retiro, dejando por tanto su condición de ministro de guerra y presidente del Consejo de ministros. Y luego de unas horas se conoció que juraría, en reemplazo de Fernández Maldonado, el general Guillermo Arbulú Galliani. También se informaba de otros cambios ministeriales, entre otros la salida del gabinete de Enrique Gallegos Venero y Miguel Ángel de la Flor. Fernández Maldonado, Gallegos y Leonidas Rodríguez fueron tres de los cuatro coroneles que planearon junto con Velasco la toma del poder el 3 de octubre de 1968 y pusieron las bases de las principales reformas realizadas entre ese año y 1975.

CAMBIO DE RUMBO DEFINITIVO

Conversando con Rafo, luego de conocerse el cambio de gabinete, convinimos en que, si para algunos quedaba algo de esperanza de rectificación del nuevo rumbo del proceso, ya no habría ninguna posibilidad.

El mensaje que el 28 de julio dirigió Morales Bermúdez al país consagró que estábamos ante un nuevo gobierno que trataría de revertir mucho de lo hecho por el gobierno de Velasco. Se aumentarían los impuestos a las personas naturales y no a las empresas, como ocurrió y se comenzaría a cambiar la legislación sobre las comunidades laborales parta disminuir su impacto favorable a los trabajadores, solo por mencionar un par de ejemplos.

Cuando el 30 o 31 conversamos con Rafo sobre el mes que terminaba, me dijo lo único bueno es que ya no había posibilidades de equivocarse frente al gobierno. Es de derecha, no hay ningún sector progresista que pudiera tener algo de influencia en el rumbo que hoy tiene.

También tratamos sobre su situación y creo que nos dimos cuenta de que no se veía una salida. El gobierno seguía buscándolo y cada vez era más difícil mantener su clandestinidad. Yo sabía que debía tener mucho cuidado para eludir los seguimientos cuando me iba a reunir con él. No se nos ocurrió que podían detenerme para ver si podía decirles dónde encontrarlo o como una especie de rehén -como lo hicieron cuando detuvieron a un hermano y a un cuñado de Rafo y a mi- para forzarlo a entregarse. Pero estábamos hablando a fines de julio y esas detenciones recién se realizarían en agosto…

Quiero terminar con algo muy presente en las conversaciones de esos días con Rafo y que expresó en una entrevista con el corresponsal del diario Excélsior de México y que se publicó el 27 de julio en La Prensa del Perú: “Ha terminado el gobierno revolucionario de la Fuerza Armada. La revolución peruana continúa. Ahora contra el actual gobierno. Hoy la tarea de fortalecer las organizaciones populares, unificar el movimiento sindical y crear el movimiento político del socialismo peruano, que en unidad con el conjunto de la izquierda prepare las condiciones para que el pueblo y su Fuerza Armada conquisten definitivamente el poder”. Es lo que tratamos de hacer cuando fundamos el Partido Socialista Revolucionario, PSR, cuatro meses después (Ver crónica “Nace un nuevo partido” del 21 de noviembre de 2014). 

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