Julio es siempre muy especial en el Perú. Cuando era niño lo asociaba con la llegada de las vacaciones de medio año en los colegios. Y a fines de los años 50 e inicios de los 60, para muchos era la época de los desfiles militares que se podían ver desde casa, ya que eran los primeros años de las trasmisiones en directo de la televisión.
Pero en 1957 y 1958 -en mis
últimos años de colegial- escuchaba por radio los mensajes presidenciales que
el entonces presidente Manuel Prado pronunciaba ante el Congreso Nacional los
días 28 de julio.
Es desde esa época que acostumbro
a conocer los mensajes para tener una idea sobre cómo marcha el Perú, incluso
cuando eran dirigidos al país ya que el Parlamento no funcionaba. Esto
resultaba particularmente importante en los años en que estuve de dirigente
partidario en que debía participar en reuniones para fijar posición sobre lo
dicho -o dejado de decir- por el gobernante en ejercicio.
Pero a veces no sólo era
importante lo que se anunciaba el 28, sino lo que sucedía en los días o semanas
anteriores.
UNA EQUIVOCACIÓN
LO SALVÓ
Hace un año escribí sobre cuatro meses particularmente
tensos de Fiestas Patrias en los años setenta (Ver crónica "Cuatro 28 tensos” del 31 de julio de 2025). Ahora escribo sobre conversaciones con Rafael -Rafo- Roncagliolo
uno de esos meses -julio de 1976- cuando se produjo el desenlace de las
contradicciones dentro del gobierno militar que, aunque no se admitían, estaban
presentes desde casi un año antes, cuando se produjo el “relevo” del general
Juan Velasco Alvarado.
Roncagliolo se había salvado de
ser detenido el 30 de junio por la policía, debido a una equivocación allanaron
una casa vecina a la suya en la urbanización El Cuadro en Chaclacayo. Horas
después, dejó sigilosamente su casa donde permanecieron su esposa y su hijo
Santiago, de poco más de un año y que décadas después se convertiría en un
importante escritor peruano.
Rafo era presidente de una de
las fracciones de la Federación de Periodistas del Perú, FPP. Nos conocíamos más
de 15 años básicamente en la actividad política. En la Juventud Demócrata
Cristiana, JDC, desde 1960 hasta que renunciamos en junio de 1971. Y desde
entonces veníamos coordinando acciones en la búsqueda de crear un nuevo
vehículo político, mientras desarrollábamos acciones coordinadas, que en los
últimos tiempos se había vinculado a tratar determinados temas en editoriales de
varios de los periódicos intervenidos por el gobierno militar desde julio de
1974.
CAMBIO
DE DIRECTIVOS Y DESPIDOS EN DIARIOS
Tres meses antes, en abril de
1976, se había producido el despido de periodistas de varios periódicos, entre
ellos Rafo que era jefe de la Página Editorial de Expreso, y también
secretario general del sindicato de periodistas y empleados de los diarios Expreso
y Extra desde enero y presidente de la FPP desde fines de marzo. Su
elección se realizó un par de semanas después que el gobierno cambiara a todos los
directores y comités directivos de los diarios y suspendiera por 90 días la
estabilidad laboral en esos medios. De esa manera se confirmó el viraje a la
derecha del gobierno militar, iniciado el 29 de agosto de 1975 cuando se
produjo el “relevo” de Velasco Alvarado para ser reemplazado por Francisco Morales
Bermúdez, trascendiendo que la razón era que Velasco tenía problemas de salud
que hacían que no pudiera encarar la conducción del gobierno.
Como prácticamente todos los
mandos militares que habían estado junto a Velasco desde los primeros años,
impulsando las reformas adhirieron al nuevo liderazgo, los civiles que
apoyábamos las reformas pensábamos que el proceso revolucionario seguiría
adelante. Muy pronto, sin embargo, el pase al retiro del general Leonidas Rodríguez
a fines de octubre fue un campanazo de alerta que hizo que se comenzara a pensar
en la necesidad de una nueva organización política (Ver
crónica "Preparando lanzamiento del partido” del 29 de noviembre de 2022).
Al mismo tiempo, la permanencia
de algunos militares progresistas en el gobierno mantenía la esperanza para
algunos que no todo estaba perdido, que se podía volver a enrumbar mientras
gente como los generales Jorge Fernández Maldonado, Enrique Gallegos y Miguel Ángel
de la Flor, se mantuvieran.
RONCAGLIOLO:
PERSEGUIDO POR EL GOBIERNO
A mediados de 1976, Roncagliolo se
había convertido en una importante figura política. En 1972 y 1973 había
dirigido “Quipu” un programa periodístico televisivo. Fue integrante del comité
directivo del diario Expreso desde julio de 1974 hasta marzo de 1976. Y era
dirigente de un gremio muy importante en esos momentos. Su enfoque de apoyo a
las medidas revolucionarias del gobierno de Velasco, así como de discrepancia
con posiciones de los sectores conservadores que había en su entorno, coincidía
con los puntos de vista que teníamos muchos. Tenía además condiciones
personales para ejercer liderazgo en un futuro proyecto político, así como “llegada”
a personas que podían ser parte muy significativa de tal proyecto, como
Leonidas Rodríguez.
Del intento de detención de Rafo
me enteré al día siguiente cuando me llamó por teléfono a DESCO, la ONG en que
ambos trabajábamos, yo desde un par de años antes y él recién reincorporado ya
que estuvo de licencia mientras trabajó en Expreso a tiempo completo. Fijamos
hora y lugar para reunirnos…
Horas después en un café que
habitualmente no visitábamos conversábamos con tranquilidad. Lo primero que
establecimos es que yo no tuviera información sobre dónde se alojaba, ni teléfono
al cual llamarlo. Como no tenía yo teléfono en casa, él me llamaría a DESCO si
era necesario, aunque normalmente al terminar cada encuentro estableceríamos
fecha, hora y lugar del siguiente. En caso de conversaciones telefónicas,
considerando que podría haber “escuchas”, usaríamos términos y situaciones que
a una tercera persona resultara imposible entender.
EVALUACIONES
EN LA CLANDESTINIDAD
Nuestras reuniones tendrían que
ser clandestinas y las haríamos cada dos o tres días, servirían para planificar
contactos de Rafo con terceros que no pudiera él establecer directamente,
trasmitir encargos políticos y gremiales y hacer análisis de la situación política.
¿Cómo comenzaba el mes? nos preguntamos
y advertimos que se había establecido por 30 días estado de emergencia y toque
de queda en todo el país desde la diez de la noche hasta las cinco de la
mañana. No teníamos por qué saberlo, pero esta medida sería renovada todos los
meses y duraría hasta fines de agosto de 1977. Los periódicos y las revistas no
diarias habían sido clausuradas, entre ellos “El Periodista”, órgano de la FPP
y del que Rafo era director por presidir el gremio. Estas medidas significaban
controlar el total de la prensa para acallar y ocultar las protestas que
estaban generando el “paquete” de medidas económicas que había decidido el
gobierno para afrontar la crisis económica existente.
Esas medidas fueron muy duras y constituyeron
el primer “paquetazo” de los muchos que habría en los siguientes años,
particularmente en el primer gobierno de Alan García. Un antecedente sólo se
podía encontrar diez años antes, en agosto de 1966, en que el gobierno de
Fernando Belaunde tuvo que enfrentar una devaluación de más de cuarenta por ciento
(Ver crónica “El jovencito que le dice carajo al presidente, no…” del 24 de marzo de 2014). Hubo muchos pronunciamientos en contra de las medidas
económicas y movilizaciones en todo el país que fueron reprimidas por la policía
y en algunos casos por el Ejército.
Al despedirme de Rafo de nuestra
primera reunión clandestina, además de fijar la siguiente reunión, nos
preguntamos qué pasaba si alguno no podía llegar y, por tanto, dejaba al otro
con la sensación que algo grave ocurría cuando quizás sólo se trataba de un
imprevisto sin importancia. Decidimos tener un “buzón de emergencia” para dejar
mensaje en clave para cuando llamara el otro. Tuvimos ocasión de probar que sí
funcionaba el “buzón” cuando me sacaron detenido de mi casa a las 3 de la mañana
del 7 de agosto (Ver crónica “Metralletas en el techo de mi casa” del 19 de julio de 2013).
GOLPE Y CONTRAGOLPE EN EL EJERCITO
Uno de los temas que
más nos preocuparon en esos días fue el levantamiento del general Carlos Bobbio,
comandante general de Centro de Instrucción Militar del Perú, CIMP. Como no
hubo inicialmente ninguna información, todo lo trascendido se debía a rumores originados
por desplazamientos inusuales de vehículos militares, pero también ruido de
disparos en Chorrillos, en los alrededores de las instalaciones del CIMP. Las
informaciones señalaban que Bobbio pertenecía a los sectores conservadores y
que su levantamiento era contra Fernández Maldonado, en esos momentos
comandante general del Ejército.
Rafo, que había
tenido contacto con personas allegadas a Fernández Maldonado, me dijo que la
versión era que, ante el intento de desestabilización, el sector progresista
había logrado imponerse. Conversando con él convinimos que los términos usados
en los comunicados oficiales rebajaban lo grave de la insubordinación de Bobbio
y que eso era muy peligroso.
Una semana después,
otro comunicado indicaba que Fernández Maldonado había pasado al retiro, dejando
por tanto su condición de ministro de guerra y presidente del Consejo de
ministros. Y luego de unas horas se conoció que juraría, en reemplazo de Fernández
Maldonado, el general Guillermo Arbulú Galliani. También se informaba de otros
cambios ministeriales, entre otros la salida del gabinete de Enrique Gallegos
Venero y Miguel Ángel de la Flor. Fernández Maldonado, Gallegos y Leonidas
Rodríguez fueron tres de los cuatro coroneles que planearon junto con Velasco
la toma del poder el 3 de octubre de 1968 y pusieron las bases de las
principales reformas realizadas entre ese año y 1975.
CAMBIO
DE RUMBO DEFINITIVO
Conversando con Rafo, luego de conocerse
el cambio de gabinete, convinimos en que, si para algunos quedaba algo de
esperanza de rectificación del nuevo rumbo del proceso, ya no habría ninguna
posibilidad.
El mensaje que el 28 de julio
dirigió Morales Bermúdez al país consagró que estábamos ante un nuevo gobierno
que trataría de revertir mucho de lo hecho por el gobierno de Velasco. Se aumentarían
los impuestos a las personas naturales y no a las empresas, como ocurrió y se
comenzaría a cambiar la legislación sobre las comunidades laborales parta
disminuir su impacto favorable a los trabajadores, solo por mencionar un par de
ejemplos.
Cuando el 30 o 31 conversamos
con Rafo sobre el mes que terminaba, me dijo lo único bueno es que ya no había
posibilidades de equivocarse frente al gobierno. Es de derecha, no hay ningún
sector progresista que pudiera tener algo de influencia en el rumbo que hoy tiene.
También tratamos sobre su situación y creo que nos dimos cuenta de que no se veía una salida. El gobierno seguía buscándolo y cada vez era más difícil mantener su clandestinidad. Yo sabía que debía tener mucho cuidado para eludir los seguimientos cuando me iba a reunir con él. No se nos ocurrió que podían detenerme para ver si podía decirles dónde encontrarlo o como una especie de rehén -como lo hicieron cuando detuvieron a un hermano y a un cuñado de Rafo y a mi- para forzarlo a entregarse. Pero estábamos hablando a fines de julio y esas detenciones recién se realizarían en agosto…
Quiero terminar con algo muy presente en las conversaciones de esos días con Rafo y que expresó en una entrevista con el corresponsal del diario Excélsior de México y que se publicó el 27 de julio en La Prensa del Perú: “Ha terminado el gobierno revolucionario de la Fuerza Armada. La revolución peruana continúa. Ahora contra el actual gobierno. Hoy la tarea de fortalecer las organizaciones populares, unificar el movimiento sindical y crear el movimiento político del socialismo peruano, que en unidad con el conjunto de la izquierda prepare las condiciones para que el pueblo y su Fuerza Armada conquisten definitivamente el poder”. Es lo que tratamos de hacer cuando fundamos el Partido Socialista Revolucionario, PSR, cuatro meses después (Ver crónica “Nace un nuevo partido” del 21 de noviembre de 2014).
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