viernes, 21 de noviembre de 2014

NACE UN NUEVO PARTIDO (1976)

El lunes 29 de noviembre de 1976 salió publicado en el diario “La Prensa” el manifiesto que daba nacimiento al Partido Socialista Revolucionario. Sesenta nombres rubricaban el documento, aunque si algo llamaba la atención era la presencia de por lo menos tres militares que habían participado en el gobierno militar que regía el país desde 1968. Eran el general de división en retiro Leonidas Rodríguez Figueroa, el general de brigada también retirado Arturo Valdés Palacio y el contralmirante retirado Jorge Dellepiani.

Rodríguez Figueroa había sido Comandante General de la II Región Militar, con sede en Lima y antes jefe del Sistema nacional de Apoyo a la Movilización Social, SINAMOS, de gran importancia desde su creación en 1972. Valdés, abogado del Cuerpo Jurídico del Ejército había sido sub jefe del Comité de Asesores de la Presidencia, que además de asesorar a Velasco constituía una especie de mini parlamento porque en su seno se proponían las medidas legislativas que se discutían y aprobaban en el Consejo de Ministros. Por su parte, Dellepiani había sido ministro de Industria.
 
TODO COMENZÓ MÁS DE UN AÑO ATRÁS
 
La sola presencia de estos tres militares era todo un suceso político que sería difícil de entender si no nos remontamos a poco más de un año antes.
 
Luego que el 29 de agosto de 1975, el general Francisco Morales Bermúdez  anunciara en Tacna el “relevo” del general Juan Velasco Alvarado, habían sensaciones encontradas entre muchas de las personas que hasta ese momento habían apoyado la mayoría de las decisiones del llamado Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Todos reconocían que en los casi siete años de gobierno varias medidas adoptadas estaban en las plataformas de los partidos políticos desde los años 30. Pero al mismo tiempo se señalaba que algunas de las medidas tomadas a inicios de ese mes, como las deportaciones a ciudadanos de distintas tendencias políticas, podía significar un “cansancio” en la conducción por parte de Velasco o el “copamiento” que de él había hecho un grupo de generales identificado como “La Misión”.
 
Ese grupo era considerado como rival del llamado sector “progresista” constituido esencialmente por el grupo inicial que preparó con Velasco la toma del gobierno el 3 de octubre de 1968 cuando eran coroneles. Inicialmente Jorge Fernández Maldonado, Leonidas Rodríguez Figueroa, Enrique Gallegos Venero y Rafael Hoyos Rubio y muy pronto complementado con Aníbal Meza Cuadra, Arturo Valdés Palacio, Miguel Ángel de la Flor, Raúl Meneses Arata, entre otros.  Con el llamado “relevo” y por lo tanto el obligado alejamiento de Morales Bermúdez de la Comandancia General del Ejército Morales ésta quedaba hasta enero en manos de Oscar Vargas Prieto. Pero a partir de febrero de 1976 –considerando el cuadro jerárquico en orden de grado y antigüedad existente- el más importante cargo sería ejercido por Fernández Maldonado por un año, otro por Gallegos, dos años por Leonidas Rodríguez y dos por Rafael Hoyos. Es decir por los cuatro coroneles que habían estado en el origen de la llamada Revolución de la Fuerza Armada. En el gobierno institucional de la Fuerza Armada el Comandante General del Ejército asumía el cargo del Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra.
 
Sin embargo, cuando a los dos meses del inicio de la llamada “segunda fase” del gobierno militar se forzó el pase al retiro de Leonidas Rodríguez, a finales de octubre de 1975, sonó a advertencia a quienes había entusiasmado los discursos iniciales de Morales Bermúdez. Fue en la Confederación Nacional Agraria, nacida el 3 de octubre del año anterior, donde esta medida se sintió con más fuerza y motivó declaraciones manifestando rechazo, así como múltiples consultas -que trascendieron el ámbito gremial- para organizar un acto de desagravio al general defenestrado. Leonidas como coronel había sido uno de los artífices de la Ley de Reforma Agraria promulgada en junio de 1969 y ya como general y jefe del SINAMOS había impulsado la organización de las bases campesinas en todo el país. Pero no sólo la CNA sino otras organizaciones manifestaron su extrañeza por el pase a retiro de Rodríguez, así como editorializaron pidiendo una explicación política del hecho los diarios El Comercio, Expreso, Correo y Ultima Hora.
 
APOYAR A LEONIDAS RODRÍGUEZ ERA ENFRENTAR A MORALES BERMÚDEZ
 
El sábado 8 de noviembre, como resultado de las coordinaciones de la CNA se organizó un acto de homenaje a Rodríguez Figueroa en la Cooperativa Agraria Caudevilla situada en el valle del río Chillón, en el distrito limeño de Carabayllo, por esos años más rural que urbano. Concurrieron delegaciones de organizaciones agrarias de los otros dos valles limeños, los de los ríos Rímac y Lurín, así como dirigentes campesinos de varios departamentos del país. La concentración se realizó en la plaza central de la cooperativa a la que se llegaba por la pista afirmada de unos quinientos metros que comenzaba en la amplia y en ese entonces recientemente inaugurada avenida Túpac Amaru que se iniciaba en el distrito del Rímac, a la altura de la Universidad Nacional de Ingeniería, atravesaba los distritos de Independencia y Comas, hasta llegar a Carabayllo.
 
Pero no sólo fueron campesinos los que llegaron al acto. Diversos partidarios de Velasco, varios de los cuales trabajaban o habían trabajado en organismo públicos como SINAMOS, el Instituto Nacional de Planificación, la Oficina de Reforma Agraria, el Sistema Nacional para el Desarrollo de la Propiedad Social, organismos de la Reforma de la Educación, entre otros. Pero también llegaron periodistas, incluso directivos de los periódicos en esa época “socializados”, dirigentes de las recientemente formadas comunidades industriales,  intelectuales y estudiantes universitarios.
 
En su discurso de agradecimiento, Leonidas Rodríguez rechazó las versiones que lo vinculaban a un complot contra la Fuerza Armada y ratificó su condición de militante revolucionario recalcando que “sólo la firme unión de los militantes revolucionarios con o sin uniforme nos conducirá a la victoria del pueblo…”.
 
Aunque el jefe de la Oficina Central de Informaciones había convocado a los directores de los diarios para comunicarles la prohibición de publicar alguna información que hiciera mención a Leonidas Rodríguez o al acto en su homenaje lo que sucedió por un par de días, el día 9 El Comercio publicó una nota sobre el acto en Caudevilla y el día 10 hizo lo propio Ultima Hora, incluyendo el discurso del homenajeado. Luego se conoció, que cuando funcionarios de la OCI ordenaron el retiro de ambos textos, el director del diario, Francisco Guerra García, señaló que si no era con todos los artículos previstos el periódico no se imprimía o se editaba con otro director.
 
GRUPOS FUERON ORGANIZÁNDOSE ESPONTÁNEAMENTE
 
Visto casi cuarenta años después, yo diría que por esa fecha la idea de crear un partido político comenzó a ser vista como una posibilidad por varios de los presentes en la concentración en Caudevilla, así como por quienes de haber tenido oportunidad hubieran concurrido. Aunque por esa fecha varios grupos de personas que habían apoyado abierta o críticamente al régimen del general Juan Velasco ya habían comenzado a reunirse (Ver crónica "Intranquilidades a mediados de los setenta" del 25 de abril de 2014). Entre ellos, como he señalado en alguna otra crónica, hubo uno en que participamos nueve periodistas o editorialistas de origen social cristiano e incluso anterior militancia en el Partido Demócrata Cristiano y de los cuales cinco estaríamos un año después en el nacimiento del PSR: Rafael Roncagliolo, Manuel Benza Pflücker, José María Salcedo, José Antonio Luna y yo. Pero en el segundo semestre de 1975 todavía no lo sabíamos…
 
El pase a retiro de Leonidas aceleró los esfuerzos de algunos y propició la formación de otros grupos. Como se pudo saber mucho después, inicialmente fueron esfuerzos aislados de sectores que entendían la necesidad que existiera alguna organización política, aunque no tenían claro de qué tipo.  Entre estos grupos había más de uno formado por dirigentes campesinos y asesores de la flamante CNA.
 
Porque además hubo otros que se formaron con dirigentes que integraban la Confederación Nacional de Comunidades Industriales, CONACI,  así como a la Juventud Revolucionaria del Perú, JRP y la sección de Lima de la Central de Trabajadores de la Revolución Peruana, CTRP-Lima que había roto vínculos con la dirigencia nacional alineada con “La Misión”. Hubo grupos conformados por funcionarios públicos que habían estado vinculados a una serie de reformas del Estado. También algunos integrados por periodistas o colaboradores de las páginas editoriales de los diarios que aún no sabían que meses después serían despedidos de esos periódicos.
 
En los primeros días de marzo de 1976 Leonidas Rodríguez acepta ser asesor de la Confederación Nacional Agraria. Si bien él había recibido constantes visitas en su domicilio en los meses siguientes a su pase al retiro, el que fuera en un habitual concurrente al local de la CNA lo convirtió en un referente. Quizás sin tener total conciencia ninguno de los protagonistas, cuando comenzó a ser buscado en el local de la CNA por delegaciones de varios lugares del país o visitado por distintas personas, se iba formándose una red de contactos que llevarían meses después a la centralización de los esfuerzos para formar el PSR.
 
Esas conversaciones sirvieron para ir trasmitiendo, a través del propio Leonidas las características de lo que sería una nueva organización. En los grupos aun desarticulados  se comenzó a hablar que tendría que ser un partido de izquierda nacional, por lo tanto no identificado ideológicamente con el marxismo leninismo como tantas otras organizaciones existentes. Pero también de una organización que recogiera nuevos actores sociales nacidos a la vida pública en los últimos años.
 
Paralelamente, a mediados de marzo el gobierno cambia a los directores de periódicos y suspende por 90 días la estabilidad laboral en los diarios de circulación nacional en lo que es interpretado como una forma de cambiar radicalmente la línea de los diarios. A fines de ese mismo mes de marzo, Rafael Roncagliolo en su juramentación como presidente de la Federación de Periodistas del Perú o, más claramente, de una de las dos existentes en esos momentos, demanda el respeto a la estabilidad laboral. Sin embargo, días después él junto con otros periodistas de Expreso son despedidos y a lo largo de ese mes y el siguiente se completan 42 despedidos en ese diario, por lo menos 2 en El Comercio, 12 en Ultima Hora, 64 en La Crónica y 7 en La Prensa.
 
Rafo Roncagliolo tuvo una intensa actividad política en esos meses incluso cuando a fines de junio pasó a la clandestinidad debido a la intención gubernamental de detenerlo. En esa etapa se convierte también en un referente para aquellos que pensaban en una nueva organización política. Incluso en una larga entrevista para una publicación extranjera plantea la necesidad de constituir una nueva organización política. Paralelamente ambos nos reuníamos con algunos grupos. En esos afanes fui detenido a inicios de agosto, en la madrugada de un día que debíamos ensayar con Rafo un encuentro clandestino con Leonidas Rodríguez (Ver crónica "Metralletas en el techo de mi casa" del 19 de julio de 2013).
 
La situación política se había agravado el 16 de julio cuando fue pasado sorpresivamente al retiro el Comandante General del Ejército y Presidente del Consejo de Ministros Jorge Fernández Maldonado y sacados del gabinete ministerial junto con él, los generales Enrique Gallegos y Miguel Ángel de la Flor, además de ser pasado al retiro también el general Arturo Valdés quien se encontraba como jefe del Gabinete de Asesores del Primer Ministro.
 
A raíz de la salida de Fernández Maldonado, aunque en ese momento no lo supe, un grupo de mayores y capitanes del Ejército que tenía conexión con alguno de los tantos grupos civiles que venían reuniéndose intentó sin éxito una acción militar incluyendo toma de cuarteles. Transcendió el hecho cuando se conoció que algunos militares habían sido pasados al retiro.
 
Los desplazamientos de Roncagliolo cada vez resultaban más limitados por las dificultades de una clandestinidad prolongada hasta que –en consulta con varias otros- opta por pedir asilo político en la embajada de México y aunque inicialmente se niega su persecución finalmente se le entrega el salvoconducto y sale del país a mediados de setiembre (Ver crónica "El asilo: la única salida" del 18 de octubre de 2013).
 
COMIENZA A GESTARSE EL PARTIDO
 
Pocos días después José María Salcedo y yo fuimos invitados a una reunión en el consultorio de Antonio Meza Cuadra a quien yo conocía aunque no había tratado mucho. Había unas quince personas y poco después de la hora en que habíamos sido convocados llegó Leonidas Rodríguez. Señaló que le había pedido a Antonio convocar esa reunión para intercambiar ideas sobre un nuevo movimiento político considerando que cada vez más era una exigencia de las bases que lo visitaban. Hubo una conversación abierta, al final de la cual al despedirse más de uno le dijo a Leonidas que podía contar con su concurso. En el caso de Chema y yo le recordamos una larga conversación en su casa el 24 de junio donde hablamos de lo que podría ser un nuevo partido.
 
A inicios de octubre fuimos invitados a otro consultorio, el de Ernesto Velit, donde comenzó a formarse lo que sería la primera Dirección Nacional del PSR, aunque en esos momentos no sabíamos aun qué nombre tendría la organización. En las semanas siguientes quedó completa esa directiva que –hasta donde me acuerdo- integrábamos Leonidas Rodríguez, como Presidente, Antonio Meza Cuadra, como Secretario General, Arturo Valdés, como Coordinador de la Comisión Política, Francisco Moncloa, Manuel Benza Pflücker, Marcial Rubio Correa, Guzmán Rivera, Exaltación Díaz de la Cruz, Gualberto Portocarrero, Ernesto Velit, José María Salcedo y yo. Y como dirigente en exterior estaba Rafo Roncagliolo quien no sabía –al igual que nosotros- que antes de 90 días tendría acompañantes en el exilio.
 
Entre octubre y la primera quincena de noviembre se terminó de definir el manifiesto de fundación También se comenzó a conectar a la militancia de Lima, enhebrando los esfuerzos organizativos que sabíamos se estaban gestando. Igualmente se planeó algunas giras iniciales para contactarse con los que serían nuestros dirigentes iniciales en los distintos departamentos. Juntamos dinero para algunos gastos, principalmente la publicación de un aviso a media página en el diario La Prensa. Además se hicieron planes de seguridad que nos permitiera trabajar tranquilamente hasta el momento de hacer público el manifiesto, esto incluía que variáramos los lugares de reunión de la Dirección Nacional. Incluso se definió el nombre del partido. No tiene sentido mencionar cuántos locales utilizamos, pero me resulta imposible olvidar la más incómoda de las reuniones: cerca del Parque de la Reserva en el local de un Jardín de la Infancia sentados en sillitas para niños de 4 o 5 años.
 
FINALMENTE NACE UNA NUEVA ORGANIZACIÓN POLÍTICA
 
El documento inicial significó el anticipo del sello que las posiciones y actuaciones caracterizarían a la agrupación en los siguientes 15 años (Ver crónica "Heterodoxias en la Izquierda Peruana" del 27 de junio de 2014). Así desde las primeras líneas se afirma  que se surge a la vida política “…para la construcción del Socialismo Peruano que haga del Perú un país nacionalista e independiente en pleno ejercicio de su soberanía, y una sociedad en la que impere una auténtica democracia, la justicia social y la libertad, en la que sus hombres y mujeres vean realizadas sus aspiraciones, ideales y realidades concretas”.
 
Entre los firmantes además de los tres militares mencionados al inicio –Rodríguez, Valdés y Dellepiani- aparecía el Capitán de Navío en retiro Manuel Benza Chacón, Antonio Meza Cuadra, los dirigentes sindicales Guzmán Rivera Castañeda y Vilma Mazuelos, los periodistas Francisco Moncloa y Begoña Ibarra, los dirigentes de comunidades industriales José Benavides y Camilo Vivanco, el pintor Gastón Garreaud, el presidente de la Federación Agraria de Lima Luis Aliaga, María Cavassa de Valdés, varios ex demócratas cristianos como María Luisa Pflücker de Benza, José María Salcedo, Oscar Balbuena, Eduardo Franco y yo.
 
En la dirección nacional se decidió que no aparecieran Manuel Benza Pflücker, en ese momento funcionario público, Marcial Rubio Correa, en esa época sub director de DESCO, Exaltación Díaz de la Cruz y Gualberto Portocarrero, dirigentes de la CNA y Ernesto Velit. Sin embargo las firmas del padre y la madre de Manano daban seña indudable de su compromiso. Fue el mismo caso de David Tejada Pardo, uno de los más entusiastas integrantes del proyecto igualmente funcionario público quien no firmó pero sí lo hicieron su abuelo David Tejada Mercado y su esposa Lourdes Galindo, hija además de quien en ese momento era ministro de Trabajo. Como algo anecdótico se puede decir que Tejada Mercado fue padre de David Tejada de Rivero, ministro de Salud en el primer gobierno aprista y éste a su vez es padre de Tejada Pardo. De manera que el actual congresista Sergio Tejada Galindo es hijo, nieto y bisnieto de personas comprometidas políticamente…
 
Por estar en orden alfabético, quien encabezó la lista de los firmantes del manifiesto fue Walter Albán Peralta en ese tiempo estudiante a un mes de egresar de la facultad de Derecho de la Universidad Católica y poco conocido fuera del ámbito universitario. Nadie imaginaba que muchos años después sería decano de esa facultad, ni que llegaría a ser embajador o ministro y mucho menos que sería durante cinco años encargado de la Defensoría del Pueblo, institución que ni siquiera estaba en la imaginación de nadie.
 
Termino como comencé: el lunes 29 de noviembre de 1976 salió publicado el documento que daba nacimiento al PSR. Alguno de los que militaron en la agrupación se preguntarán ¿no era el 23 de noviembre la fecha de fundación? Es cierto y está fechado así en la publicación que se entregó al diario el día 22, junto con el pago respectivo. Aceptaron el dinero, pero luego no quisieron publicarlo. Fue por la terquedad e insistencia de Arturo Valdés –a quien acompañaba  Chema en las varias gestiones- que se logró que el documento fuese finalmente publicado seis días después de lo previsto.
 
Esos seis días fueron de tensa espera para todos los que en ese momento estábamos enterados de la inminencia de su publicación…

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