Que se hable en estos días de elecciones municipales, particularmente en Lima, me ha hecho recordar a Alfonso Barrantes Lingán, alcalde de Lima de 1984 a 1986 y las conversaciones que tuve con él cuando postuló por primera vez en las elecciones de 1980, particularmente cuando integrábamos el flamante Comité Directivo Nacional de Izquierda Unida, CDN – IU, en el que yo era representante alterno del Partido Socialista Revolucionario, PSR.
En esta
ocasión voy a recordar algunas pláticas con él, incluyendo algunas que no están
relacionadas directamente con actividades políticas sino más bien son muestras
de la personalidad de Alfonso.
NO PERMITÍA
QUE PAGARAN LOS DESPEDIDOS
Calculo que
estábamos a fines de abril de 1976 cuando ingresamos con mi gran amigo Federico
-Fico- Velarde a la cafetería Baruch, cercana al ministerio de Trabajo en la
avenida Salaverry. Acabábamos de sentarnos cuando ingresó Alfonso. Se sentó con
nosotros y hablamos sobre el viraje del gobierno militar, en esos momentos ya
presidido por el general Francisco Morales Bermúdez.
También
conversamos en ese encuentro sobre los cambios realizados en la conducción en
los diarios peruanos que “provisionalmente” estaba a cargo del gobierno. Fico
había sido asesor del director de Ultima Hora, Francisco Guerra García,
y yo integraba la plana de miembros de la Página Editorial de Expreso,
cuyo jefe era Rafael Roncagliolo. Por cierto, ya todos estábamos fuera de los
periódicos. Después de conversar un buen rato pedimos la cuenta y cuando la
llevó el camarero, Alfonso se apresuró a tomarla y entregó el monto,
adelantándose a nuestra intención de pagar, y nos dijo sonriendo, “…aunque laborar
en los periódicos era un segundo trabajo para ustedes, yo como abogado
laboralista nunca permito que paguen la cuenta los despedidos”.
Unos quince
años antes había conocido a Alfonso en el Versalles, café ubicado en uno de los
portales de la Plaza San Martín, una noche en 1960 o en 1961 cuando estábamos
conversando justamente con Fico y Alberto Péndola, ambos dirigentes de la
Juventud del Partido Demócrata Cristiano, PDC, del cual era yo militante. En
algún momento Barrantes entró al local e intercambió saludos con mis camaradas.
BARRANTES FIGURA
POLÍTICA EN 1958
Supe que
pocos años antes había sido presidente de la Federación Universitaria de San Marcos,
FUSM, elegido cuando era integrante del Partido Aprista Peruano,
APRA, y que durante su mandato renunció a esa agrupación y se acercó al sector
izquierdista de los estudiantes agrupado en el Frente Estudiantil Revolucionario,
FER, cuya conducción era hegemonizada por militantes del Partido Comunista
Peruano, PCP.
Muchos le
pusieron fecha a la ruptura de Barrantes con el APRA: el 8 de mayo de 1958. Ese
día encabezó una manifestación de protesta contra Richard Nixon, vicepresidente
de los Estados Unidos, que se encontraba de visita oficial al Perú. Nixon había
intentado ingresar a la Casona, sede de la Universidad de San Marcos, situada
en el Parque Universitario. La cerrada oposición de cientos de estudiantes hizo
que el visitante repudiado se retirara apresuradamente rodeado de su cuerpo de
seguridad. Apoyado por los estudiantes eufóricos por haber logrado su objetivo,
Barrantes dio un vibrante discurso subido a la fuente del Patio de Letras de la
Casona y habló de la importancia de unificar fuerzas para enfrentar al
imperialismo.
En los años posteriores
a conocerlo, prácticamente no hablé con Barrantes, pero me crucé varias veces
con él en el camino desde la plaza San Martín a la Casona. Recién en 1968 tuve
un par de reuniones con él acompañando a Péndola, cuando éste y yo integrábamos
el comité ejecutivo nacional del PDC (Ver crónica “Dos políticos arequipeños hablan por primera vez” del 15 de
diciembre de 2012).
Ya iniciada la década del 70, tuve ocasión de conversar brevemente con él cuando nos topábamos en
el centro de Lima. En una ocasión, en 1972 o 1973, le pedí una tarjeta porque
en esa época yo trabajaba como jefe de la Unidad de Organizaciones Sindicales,
una de las tres que conformaban el Área Laboral del SINAMOS, Sistema Nacional
de Apoyo a la Movilización Social, y en algunas ocasiones dirigentes sindicales
con los que me reunía me pedían el nombre de un abogado laboralista, justamente
la especialidad de Barrantes.
BARRANTES NO
ACEPTÓ SER CANDIDATO
Un par de
años después que nos invitó el café, Alfonso volvió a tener participación política
después de veinte años, aunque un poco limitada, como presidente de la Unidad
Democrático Popular, UDP, frente constituido por más de una docena de
agrupaciones que algunos denominaban como de nueva izquierda y otros como de ultraizquierda.
El frente se formó con ocasión de la convocatoria a elecciones de la Asamblea
Constituyente que se realizaron en junio de 1978, pero que estuvo acompañada de
medidas represivas como la deportación a un cuartel argentino de varios candidatos
de izquierda o el establecimiento de toque de queda hasta 8 o 10 días antes de
las elecciones. En la UDP destacaban tres partidos: Vanguardia Revolucionaria, VR,
el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, y el Partido Comunista
Revolucionario, PCR. Aunque no lo voy a desarrollar ahora quiero recordar que
varias de las organizaciones eran producto de divisiones y eran conocidas
añadiendo a sus siglas el nombre de las publicaciones que tenían. Así sólo como
ejemplo había PCR-Clase Obrera y PCR - Trinchera Roja. También había varios VR
y varios MIR.
Por
esa época se decía que en la UDP se tenía que esperar que sus partidos más
fuertes llegarán previamente a acuerdos para que luego se hiciesen las
reuniones formales de la directiva. Y que, también se decía, Alfonso era en
realidad un director de debates más que presidente de la organización.
Convocadas
las elecciones generales para el 18 de mayo de 1980, la UDP luego del fracaso
de su intento de crear la Alianza Revolucionaria de Izquierda, ARI, que fracasó
dramáticamente, intentó la candidatura presidencial de Barrantes, pero éste decidió
no participar como candidato a ningún cargo.
DE SALUDAR CANDIDATOS A CANDIDATEAR
En
1980, yo integraba la dirección nacional del PSR, desde noviembre de 1976 en
que fue fundado. Barrantes me buscó una semana antes de las elecciones para
pedirme armara una conversación con Leonidas Rodríguez, presidente del PSR y candidato
presidencial por el frente electoral Unidad de Izquierda. Entiendo que debe
estar muy ocupado por la campaña, pero trata de que me reciba, me dijo. La
reunión se realizó en casa de Leonidas un par de días antes de las elecciones
cuando ya no podía hacerse campaña electoral. Alfonso fue a desearle que
lograra los mejores resultados posibles y remarcó que habría que pensar que en
el futuro la izquierda pudiese tener un solo candidato y no cinco como ocurría
en esas elecciones. La reunión fue muy cordial y así serían siempre las
reuniones entre ambos a lo largo de la siguiente década. Alfonso visitó a los
cinco candidatos para desearle suerte y, como me enteraría tiempo después,
algunas de esas reuniones resultaron muy tensas.
Cuatro
meses después, en septiembre de 1980, se forma Izquierda Unida, IU, y lanza
como candidato a la alcaldía de Lima a Barrantes (Ver crónica “Necesidad de unidad venció a la desconfianza” del 26 de mayo de 2017). En
las sesiones del CDN - IU comenzó a participar Alfonso y me enteré de que
vivíamos en la misma urbanización en Surco, La Capullana. Nuestras casas
estaban a tres o cuatro cuadras de distancia. Esa circunstancia hizo que en
varias oportunidades lo llevara a su casa después de las reuniones, incluyendo
las que hubo inmediatamente después de que fuera designado como presidente de
IU luego de su sorprendente segundo lugar en las elecciones municipales. Tuve
ocasión entonces de conocer sus primeras reacciones con relación a acuerdos que
se tomaban en esa instancia de IU.
BARRANTES Y SU FIEBRE TIFOIDEA
De
los meses finales de 1980 tengo un recuerdo especial. Una noche llegó a una
reunión y al saludarnos me preguntó algo preocupado ¿cómo están tus hijos? Muy bien,
le contesté. El siguió dejando sorprendido a Guillermo Herrera, delegado
alterno del PCP, que estaba a mi lado. Tuve que explicarle…
Poco
después de las elecciones de noviembre, luego de terminar una reunión del CDN en
que Alfonso casi no había intervenido, nos dirigíamos hacia La Capullana cuando
me comentó que creía que tenía tifoidea. Y que un amigo médico al cual
visitaría al día siguiente le había recomendado telefónicamente que mientras
tanto bebiera mucho líquido y tomara algún caldo de pollo bien caliente antes
de dormir. Como me pareció que Alfonso -que vivía solo- no era especialmente
ducho en una cocina, le dije que pasáramos primero por mi casa.
Cuando
llegamos, mi esposa se acercó a saludarlo y Alfonso le dijo que mejor mantuviera
la distancia porque podría tener fiebre tifoidea. Ana María, al ver la cara de
decaimiento que tenía, le indicó que le prepararía algo caliente. Preparó un caldo
de pollo y le añadió arroz. Después de terminar Alfonso se despidió, diciéndole
que esperaba no haberla contagiado. Eso no sería lo grave, sino que se
contagiaran mis hijos, remarcó Ana María.
Lo llevé hasta su casa y como estaba tan cerca
estuve de regreso en menos de 10 minutos. Encontré a Ana María hirviendo los
platos y cubiertos utilizados por Alfonso, mientras que me decía que cuando se
tiene un hijo de 6 años, una hija de 5 y otra que todavía no llegaba a 2 años,
no era la mejor idea llevar a un enfermo de tifoidea a la casa.
CONVERSACIONES EN VIEJO CONTINENTE
También recuerdo mucho dos conversaciones con
Alfonso que tuve varios años después. Se dieron en noviembre de 1987 y en junio
de 1988, ambas fuera del país, en Moscú y en Berlín Este, ya que la ciudad aún
no se había reunificado. Él ya no integraba el CDN -IU, había renunciado a la
presidencia meses antes, en mayo de 1987 (Ver crónica “Barrantes renuncia a la presidencia de Izquierda Unida” del
23 de abril de 2018)
Pero el respaldo electoral para Barrantes era totalmente
independiente de que tuviera cargos formales en IU. En los meses finales de
1987, las encuestas que se conocían indicaban que Alfonso podría ganar las
elecciones presidenciales de 1990. Si bien en 1985 el candidato de APRA, Alan
García Pérez, había obtenido más del 50% de los votos válidos, Barrantes había obtenido
el segundo lugar y permanecía como principal opción ganadora. Con el APRA desgastándose
en el gobierno -aunque no podíamos imaginar que tan catastrófico podía llegar a
ser su gobierno- y con la derecha disminuida -nadie se imaginaba el surgimiento
del escritor Mario Vagas Llosa como actor político- la figura de Barrantes
aparentemente sólo podía ser afectada por los errores de la propia izquierda.
En Moscú, capital de la entonces existente Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, con ocasión del 70 aniversario de
la Revolución de octubre se realizaron varias reuniones internacionales, de
jóvenes, de trabajadores, de campesinos, de escritores, de mujeres, de
periodistas, etc. Pero la más importante era el encuentro de 178 partidos y
movimientos políticos, donde incluso participaron algunos dirigentes partidarios
que eran al mismo tiempo jefes de gobierno. Del Perú estuvieron invitados el PCP,
el PSR y el APRA. Como ya he comentado en otra oportunidad, Alfonso
quería participar en el encuentro y trató de que yo -como secretario general
del PSR- o que Jorge del Prado -secretario general del PCP- hiciéramos gestiones
para que lo invitaran. Como ambos se lo adelantamos no fue posible que participara
en ese encuentro, aunque si lo invitaron a viajar y ser espectador de algunos
actos junto a decenas de personalidades.
NO ERA POSIBLE GOBERNAR CON LA ULTRAIZQUIERDA
En su último día en Moscú conversé con él que
estaba satisfecho. Hacía un balance alambicado de su viaje. Pensaba que había afianzado
su relación con Del Prado y como existía la posibilidad de ganar las elecciones
dos años y medio después no imaginaba al PCP aportando técnicos
claves al gobierno, pero sí garantizando el apoyo de los sectores populares
organizados encabezados por la Confederación General de Trabajadores del Perú,
CGTP, y enfrentando a la ultraizquierda. Para Alfonso era muy importante
acercarse al PCP debido a su gran influencia en la central sindical y pensaba
que para eso tenía que hacer gestos de reconocimiento a la importancia de la
URSS asistiendo a una celebración tan especial (Ver crónica “Con Barrantes en Moscú” del 20 de enero de 2017).
Meses después a mediados de
junio de 1988, ambos estuvimos invitados a Berlín al Encuentro Internacional por
Zonas Libres de Armas Nucleares. Conversando con él, resultaba evidente que su preocupación
era que el ultraizquierdismo sería el principal enemigo que tendría
un gobierno encabezado por él. Y, remarcaba, “el ultraizquierdismo
que tenemos en nuestras propias filas” (Ver crónica "Con Barrantes en Berlín” del 29 de enero de 2022). Rechazaba la posibilidad -según todas las encuestas- de ser
presidente de la república sin poder conformar un equipo coherente de gobierno
por las discrepancias entre los partidos integrantes el frente. Y así como veía
indispensable contar con el PCP por su influencia en la CGTP también estaba
convencido que había otros partidos que no debían estar dentro de IU…
En un frente para ser oposición puede haber discrepancias entre sus integrantes, pero para ser gobierno todos deben tener la misma orientación. Un gobierno de IU sería inviable si permanecen en el frente sectores ultraizquierdistas, vanguardistas y militaristas, pensaba Barrantes. Y estábamos de acuerdo con él.
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