lunes, 30 de marzo de 2026

DÍAS DESPUÉS DE ELECCIONES (1978 – 1990)

El próximo 12 de abril se realizarán las elecciones generales en el Perú. Se votará para presidente y vicepresidentes de la república, así como para distintos tipos de legisladores: senadores, diputados y parlamentarios andinos. Como viene ocurriendo hace más de veinticinco años pocos días después sabremos los nombres de los congresistas electos, pero no habrá resultado definitivo para la elección presidencial. Sólo sabremos quienes serán los integrantes de las dos fórmulas que pasarán a la segunda vuelta que se realizará recién a inicios de junio.

¿Pero los resultados serán los esperados por ciudadanos preocupados y candidatos más preocupados aún o habrá sorpresas?

En esta crónica quiero recordar otras elecciones durante las últimas décadas del siglo pasado y cómo en los días posteriores al conocerse los resultados hubo sorpresas que no esperaban los electores e, incluso, experimentados analistas políticos. Y en algunos casos lamentablemente resultados muy distintos a los que esperábamos quienes en esas épocas éramos dirigentes partidarios.

ÚLTIMO MES DE CAMPAÑA ELECTORAL EN CLANDESTINIDAD

Faltaban cinco meses para que cumpliera diez años el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, inicialmente encabezado por el general Juan Velasco Alvarado como presidente de la república. Pero desde agosto de 1975 el presidente era el general Francisco Morales Bermúdez que encabezaba la denominada “segunda fase” del gobierno militar y que desde más de un año enfrentaba el rechazo popular con movilizaciones e incluso un contundente paro nacional (ver crónica “19 de julio: primeras impresiones del paro” del 30 de julio de 2017). En la segunda mitad de mayo de 1978, a treinta días de la fecha de las elecciones para una Asamblea Constituyente, el gobierno suspendió las garantías constitucionales, detuvo a dirigentes sindicales y populares e impuso el toque de queda. También entregó a militares en Argentina a catorce dirigentes de partidos de izquierda, varios de ellos candidatos para esas elecciones, para ser recluidos en un cuartel de ese país.

Con las limitaciones impuestas por el gobierno militar, que afectaron principalmente a los partidos de izquierda, se realizaron las elecciones el 18 de junio de ese año. En esa época yo -que era subsecretario general del Partido Socialista Revolucionario, PSR- pasé 38 días en la clandestinidad (Ver crónica “Hace 35 años fui un papá de la calle” del 24 de mayo de 2013). De la lista a la Constituyente de nuestro partido, tres candidatos habían sido enviados al cuartel argentino el 23 de mayo y el día mismo de las elecciones siguió el mismo camino el general Leonidas Rodríguez Figueroa, presidente del PSR, capturado cuando acudió a votar (Ver crónica “Debía estar deportado y fugó en las narices de la policía” del 22 de enero de 2016).

La noche de las elecciones, cuando me encontraba en la clandestinidad, estaba en casa de Temístocles Olivares, gran amigo que en varias oportunidades me brindó albergue por esos años. Frente al televisor creo que alrededor de las once de la noche se comenzaron a dar resultados de la votación. Curiosamente los resultados trascendidos señalaban que prácticamente no había votación para el PSR.

NO SE CUMPLIERON NUESTRAS EXPECTATIVAS

Salvo que los canales de televisión controlados por el gobierno quisieron ignorar a nuestro partido en esa noche, los resultados que comenzaron a trascender en los siguientes días coincidirían con los que oficialmente daría el Jurado Nacional de Elecciones, JNE, unas semanas después: el Partido Aprista Peruano, APRA, superaba los 35% de votos válidos, el Partido Popular Cristiano, PPC, cerca del 24%, el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular, FOCEP, poco más del 12%, el PSR poco menos del 7%, el Partido Comunista Peruano, PCP, cerca del 6%, la Unidad Democrática Popular, UDP, 4.5%, el Frente Nacional de Trabajadores y Campesinos, FRENATRACA, cerca del 4%, el Partido Demócrata Cristiano, PDC, poco más del 2% al igual que la Unión Nacional Odriísta, y el Movimiento Democrático Pradista muy cerca del 2%. Con menos del 1% hubo un par de agrupaciones.

En las evaluaciones que hicimos en el PSR en los días posteriores, si bien valorábamos la votación alcanzada, pese a que previamente habíamos considerado que podríamos llegar al 10%, lo que más lamentábamos era no lograr la primera votación entre los partidos de izquierda. Por otro lado, coincidimos en que Leonidas prácticamente no había tenido oportunidad de realizar campaña, pese a lo cual había alcanzado 169,872 votos, la cuarta votación individual, luego de los 1’038,516 votos del fundador y jefe del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre; los 644,131 del líder del PPC, Luis Bedoya Reyes; y los 286,885 del líder trotskista y candidato del FOCEP Hugo Blanco.

SORPRESAS EN ELECCIONES DE 1980

Una de las sorpresas en esas elecciones la constituyó la votación de Blanco. Fue el primer caso en el mundo de una participación electoral tan significativa de un dirigente trotskista. En los meses siguientes, no fue raro que aparecieran en el Perú delegaciones de partidos trotskistas europeos en búsqueda de las recetas que explicaran “el gran desarrollo” del trotskismo en el Perú. Dos años después, en las elecciones presidenciales Blanco alcanzó el 3.9%, iniciándose el declive de su partido, el Partido Revolucionario de los Trabajadores y de las dos otras agrupaciones trotskistas con las cuales estaba aliado.

Justamente esas elecciones presidenciales de 1980 servirían para que el gobierno militar dejara el poder y después de doce años fueran elegidos democráticamente un nuevo presidente y el congreso nacional. En esa oportunidad, el PSR formó junto con el PCP y tres agrupaciones menores la alianza Unidad de Izquierda que tuvo a Leonidas Rodríguez como candidato presidencial.

En los meses previos se consideraba que el comportamiento del Apra en la Asamblea Constituyente garantizaba que el gobierno encabezado por el general Morales Bermúdez estuviera dispuesto a ser sucedido por el viejo partido de Haya de la Torre, fallecido días después de culminada dicha asamblea. Sin embargo, contra lo que se pensaba meses antes, en mayo de 1980 para sorpresa no sólo de los peruanos fue elegido presidente Fernando Belaunde Terry, justamente quien había sido destituido por los militares en 1968. Obtuvo 44.93% de los votos frente a los 27.24% de Armando Villanueva del Campo, el candidato aprista.

VOTANTES EXIGEN UNIDAD

No fue una sorpresa que hubiese varias candidaturas de izquierda. Sí que estuvieran tan debajo de las votaciones obtenidas para la Constituyente. En su conjunto se consiguieron menos de la mitad de los votos obtenidos en 1978. En el caso particular del PSR, habiendo obtenido 6.62%, más el 5.95% del PCP, es decir más del 12% en total pensábamos que aun bajando a la mitad podríamos superar el 6%. No nos imaginábamos, sin embargo, que se reduciría a 2.9%, menos de la cuarta parte de la votación lograda por los integrantes de la alianza electoral sólo dos años antes.

Más allá de la sorpresa, nuestra interpretación de los resultados electorales Indicaba que no habíamos considerado la unidad que habían reclamado muchos contingentes populares después de la votación para la Constituyente. Y que por esa razón los partidos de izquierdas habían sido “castigados”. Esta especie de culpa que tácitamente asumimos -en distinta medida seguramente- significó que poco después de las elecciones del 18 de mayo de 1980 se iniciaran los contactos entre partidos, conversaciones entre dos, tres o cuatro organizaciones y luego reuniones de varios partidos y algunos frentes. Poco después de tres meses se estaría fundando Izquierda Unida, IU, constituida por cuatro partidos: el FOCEP, el PCP, el Partido Comunista Revolucionario, PCR, y el PSR y dos frentes: UDP y la Unión de Izquierda Revolucionaria, UNIR.

IZQUIERDA UNIDA SURGE CON FUERZA

Y el 23 de noviembre de 1980 sería un día memorable para IU. Los resultados de las elecciones municipales fueron una sorpresa, una gratísima sorpresa. Aunque estábamos seguros de que Alfonso Barrantes, nuestro candidato, sacaría muy buena votación, no nos imaginábamos que obtendría el segundo lugar con el 28% de los votos. Y aunque el APRA, reconocida por su gran maquinaria partidaria en todo el país, obtuvo el 22% de los votos, IU alcanzó el 23%... En esa fecha, también candidatos de IU resultaron elegidos alcaldes de más de treinta provincias, incluyendo capitales de departamento: Arequipa, Moquegua, Coronel Portillo, Puno, Huaraz y Huancavelica.

Tres años después, realizadas las elecciones municipales el 13 de noviembre, hubo ocasión de la celebración del triunfo de Barrantes en Lima. Una hora después de terminada la votación todos los periódicos cuyas versiones recogimos, así como la alcanzada por algún servicio de inteligencia a Alfonso, coincidían en el triunfo de IU.

Si bien no hubo ninguna convocatoria, en la noche decenas de miles de simpatizantes y militantes se reunieron en la avenida Grau frente al local de IU. Hubo vivas y arengas, canciones e himnos, incluso bailes de distintas regiones del país. Y cuando pasadas las nueve de la noche, desde el balcón del local Barrantes dirigió emocionadas palabras de agradecimiento a los asistentes, me llamó la atención que junto con aplausos y amplias sonrisas… en no pocos ojos se notaban lágrimas de alegría y muchos llantos de absoluta felicidad.

Aunque ese día estábamos seguros del triunfo, la sorpresa vino en los días siguientes mientras avanzaba el cómputo del Jurado Electoral Provincial de Lima. Cada día se ampliaba más la diferencia. Considerando que hasta un par de semanas antes las encuestadoras pronosticaban el triunfo del candidato aprista Alfredo Barnechea, pensábamos que la diferencia que aseguraba el triunfo de Barrantes sería quizás de 3%. Nos equivocamos, fue casi de 10%. IU obtuvo el 36.45%, mientras que el APRA alcanzó 27,1%.

Menos de año y medio después, el 14 de abril de 1985, se realizaron las elecciones presidenciales. Para esos comicios, el viejo partido aprista había cambiado radicalmente su imagen. Con dirigentes septuagenarios y octogenarios, en los primeros años de la década de los 80 en el APRA había surgido el liderazgo del joven diputado Alan García, quien ganó la secretaria general del partido y posteriormente la candidatura presidencial.

Después de superar obstáculos legales -ser alcalde y candidato- y de una imagen de senectud para enfrentar al joven candidato aprista, ya que inicialmente IU había escogido a dos candidatos a las vicepresidencias que habían nacido en 1910, la fórmula presidencia encabezada por Barrantes había hecho muy buena campaña electoral (Ver crónica “Una plancha presidencial que no duró48 horas” del 24 de febrero de 2017).

GARCÍA GANÓ PRESIDENCIA, PERO TAMBIÉN ALCALDÍA

Pero todas las encuestas y todos los analistas daban como seguro el triunfo de García. La sorpresa fue sin embargo enorme cuando se comprobó que García había duplicado la votación de Barrantes alcanzado más de la mitad de los votos válidos, el 53.1% frente a 24% de los obtenidos por el candidato de IU. Creo que, aunque afirmáramos públicamente que se confiaba en ganar, realistamente los dirigentes izquierdistas sabíamos que se perdería la elección presidencial. Pero nunca imaginamos que el triunfo aprista fuera tan contundente.

Como la legislación laboral señalaba que el ganador debía tener más del 50% de los votos emitidos, de manera que García llegaba al 45.5 % y Barrantes a 21.1 %, se estableció que habría segunda vuelta.

Diez días después de las elecciones se produjo un atentado contra el presidente del JNE, Domingo García Rada, quien quedó muy grave con dos heridas de bala en la cabeza y otra en un brazo.  Después de una rápida consulta a los partidos integrantes de IU, al día siguiente Barrantes anunció la declinación de su candidatura para restarle oportunidad al terrorismo de realizar nuevos atentados. Recalcó que el país tenía ya un nuevo gobierno, pero también una nueva oposición.

Después de aceptar su derrota, Barrantes reasumió la conducción del municipio de Lima Metropolitana y durante el año y medio siguiente quedó claro que era el segundo peruano en importancia, después de García. Fue natural que IU lo postulara para las elecciones del 9 de noviembre de 1986, y todo indicaba que la lograría. Por un lado, aunque el excandidato presidencial Luis Bedoya Reyes, líder del PPC y exalcalde de Lima, era un rival de peso, Barrantes había conseguido más del doble de votos en votos en las elecciones de abril de 1985. Por otro lado, Jorge del Castillo, candidato aprista, venía de ser alcalde distrital y no parecía una figura equivalente a Barrantes o Bedoya.

El apoyo del presidente de la república a la campaña de Del Castillo era algo con lo que contábamos, pero conforme pasaban las semanas se iba incrementado a tal punto que parecía que se trataba de un plebiscito sobre el gobierno de Alan García. Con un presidente en ese momento con el mayor respaldo de todo su periodo y antes que se iniciara la descomunal inflación que lo caracterizó, era muy difícil enfrentarlo.

Desde la noche de las elecciones las proyecciones del resultado electoral indicaban estrechas diferencias, aunque algunos aseguraban ya que Del Castillo había ganado. Durante varias semanas hubo un tedioso conteo de votos y observaciones de todo tipo a los resultados. La disputa legal ante los organismos electorales fue tan intensa que el nuevo gobierno municipal no se pudo instalar el primero de enero sino tres semanas después, el 21 de enero de 1987.

Muestra del apoyo de García a Del Castillo fue la colocación de la primera piedra del proyecto de un tren eléctrico que cruzaría Lima desde Carabayllo hasta Villa El Salvador. Se daba a entender que un alcalde aprista contaría con el apoyo político y presupuestal del Ejecutivo. Cuando finalmente Jorge del Castillo asumió la alcaldía, entre los dirigentes de los partidos que integraban Izquierda Unidad coincidimos en que el tren eléctrico de García había sido el causante de la derrota de Barrantes.

Alfonso no asistió a la juramentación de Del Castillo. No hubo ninguna constancia que lo hubiese felicitado. En todo caso semanas antes había declarado que en el hipotético caso que el aprista le ganara, saludaría a García. Felicitaré al padrino y no al ahijado, enfatizó.

CON LOS “OUTSIDER” SE INICIÓ CAMBIO LA POLÍTICA EN EL PERÚ

Posteriormente, tanto en las elecciones municipales del 12 de noviembre de 1989 como en las elecciones generales del 8 de abril de 1990 se caracterizaron por tres hechos que señalo escuetamente: se unió la derecha detrás de la candidatura del escritor Mario Vargas Llosa, se dividió la izquierda con las candidaturas de Henry Pease por IU y Barrantes por Izquierda Socialista (Ver crónica “Cuando la unidad no fue posible” del 29 de enero de 2019) y, a pesar del pésimo gobierno de Alan García, el Apra demostró que su férrea organización le permitía afrontar su peor crisis.

Pero lo más notable, aunque no fuéramos plenamente conscientes de ello en esos años, es en esas dos elecciones apareció un fenómeno que no conocíamos: los “outsider”. Es decir, candidatos sin ninguna experiencia en campañas electorales, que no tenían ninguna actividad vinculada a la política e incluso en algún caso muy poco conocidos, terminaron ganando las elecciones.

En agosto o septiembre de 1989 nadie imaginaba que Ricardo Belmont Casinelli sería el alcalde de Lima desde el primero de enero de 1990 y menos que Alberto Fujimori Fujimori sería presidente del Perú desde el 28 de julio del mismo año.

Con los “outsider” la vida política del país se transformaría radicalmente y se iniciaría una serie de cambios en las agrupaciones políticas que terminaría por envilecer la política en el país. Pero gran parte de esos hechos ya no corresponden a estas crónicas del siglo pasado… 

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