El próximo 12 de abril se realizarán las elecciones generales en el Perú. Se votará para presidente y vicepresidentes de la república, así como para distintos tipos de legisladores: senadores, diputados y parlamentarios andinos. Como viene ocurriendo hace más de veinticinco años pocos días después sabremos los nombres de los congresistas electos, pero no habrá resultado definitivo para la elección presidencial. Sólo sabremos quienes serán los integrantes de las dos fórmulas que pasarán a la segunda vuelta que se realizará recién a inicios de junio.
¿Pero los resultados serán los esperados por ciudadanos preocupados y candidatos
más preocupados aún o habrá sorpresas?
En esta crónica quiero recordar otras elecciones durante las últimas décadas
del siglo pasado y cómo en los días posteriores al conocerse los resultados hubo
sorpresas que no esperaban los electores e, incluso, experimentados analistas
políticos. Y en algunos casos lamentablemente resultados muy distintos a los
que esperábamos quienes en esas épocas éramos dirigentes partidarios.
ÚLTIMO MES DE CAMPAÑA ELECTORAL EN CLANDESTINIDAD
Faltaban cinco meses para que cumpliera diez
años el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, inicialmente encabezado
por el general Juan Velasco Alvarado como presidente de la república. Pero
desde agosto de 1975 el presidente era el general Francisco Morales Bermúdez que
encabezaba la denominada “segunda fase” del gobierno militar y que desde más de
un año enfrentaba el rechazo popular con movilizaciones e incluso un
contundente paro nacional (ver crónica “19 de julio: primeras impresiones del paro” del 30 de julio de 2017). En la
segunda mitad de mayo de 1978, a treinta días de la fecha de las elecciones
para una Asamblea Constituyente, el gobierno suspendió las garantías
constitucionales, detuvo a dirigentes sindicales y populares e impuso el toque
de queda. También entregó a militares en Argentina a catorce dirigentes de
partidos de izquierda, varios de ellos candidatos para esas elecciones, para
ser recluidos en un cuartel de ese país.
Con las limitaciones impuestas por el gobierno
militar, que afectaron principalmente a los partidos de izquierda, se
realizaron las elecciones el 18 de junio de ese año. En esa época yo -que era
subsecretario general del Partido Socialista Revolucionario, PSR- pasé 38 días
en la clandestinidad (Ver crónica “Hace 35 años fui un papá de la calle” del 24 de mayo de 2013). De la lista a la
Constituyente de nuestro partido, tres candidatos habían sido enviados al
cuartel argentino el 23 de mayo y el día mismo de las elecciones siguió el
mismo camino el general Leonidas Rodríguez Figueroa, presidente del PSR,
capturado cuando acudió a votar (Ver crónica “Debía estar deportado y fugó en las narices de la policía” del 22 de enero de 2016).
La noche de las elecciones, cuando me
encontraba en la clandestinidad, estaba en casa de Temístocles Olivares, gran
amigo que en varias oportunidades me brindó albergue por esos años. Frente al
televisor creo que alrededor de las once de la noche se comenzaron a dar
resultados de la votación. Curiosamente los resultados trascendidos señalaban
que prácticamente no había votación para el PSR.
NO SE CUMPLIERON NUESTRAS EXPECTATIVAS
Salvo que los canales de televisión
controlados por el gobierno quisieron ignorar a nuestro partido en esa noche,
los resultados que comenzaron a trascender en los siguientes días coincidirían
con los que oficialmente daría el Jurado Nacional de Elecciones, JNE, unas
semanas después: el Partido Aprista Peruano, APRA, superaba los 35% de votos
válidos, el Partido Popular Cristiano, PPC, cerca del 24%, el Frente Obrero
Campesino Estudiantil y Popular, FOCEP, poco más del 12%, el PSR poco menos del
7%, el Partido Comunista Peruano, PCP, cerca del 6%, la Unidad Democrática
Popular, UDP, 4.5%, el Frente Nacional de Trabajadores y Campesinos,
FRENATRACA, cerca del 4%, el Partido Demócrata Cristiano, PDC, poco más del 2%
al igual que la Unión Nacional Odriísta, y el Movimiento Democrático Pradista
muy cerca del 2%. Con menos del 1% hubo un par de agrupaciones.
En las evaluaciones que hicimos en el PSR en
los días posteriores, si bien valorábamos la votación alcanzada, pese a que
previamente habíamos considerado que podríamos llegar al 10%, lo que más lamentábamos
era no lograr la primera votación entre los partidos de izquierda. Por otro
lado, coincidimos en que Leonidas prácticamente no había tenido oportunidad de
realizar campaña, pese a lo cual había alcanzado 169,872 votos, la
cuarta votación individual, luego de los 1’038,516 votos del fundador y jefe del Apra, Víctor Raúl Haya de la
Torre; los 644,131 del líder del PPC, Luis Bedoya Reyes; y los 286,885 del
líder trotskista y candidato del FOCEP Hugo Blanco.
SORPRESAS EN ELECCIONES DE 1980
Una de las sorpresas en esas elecciones la constituyó la votación de
Blanco. Fue el primer caso en el mundo de una participación
electoral tan significativa de un dirigente trotskista. En los meses siguientes, no fue raro que aparecieran
en el Perú delegaciones de partidos trotskistas europeos en búsqueda de las recetas que explicaran
“el gran desarrollo” del trotskismo
en el Perú. Dos años después, en las elecciones presidenciales Blanco alcanzó
el 3.9%, iniciándose el declive de su partido, el Partido Revolucionario de los
Trabajadores y de las dos otras agrupaciones trotskistas con las cuales estaba
aliado.
Justamente esas elecciones presidenciales de 1980 servirían para que
el gobierno militar dejara el poder y después de doce años fueran elegidos
democráticamente un nuevo presidente y el congreso nacional. En esa
oportunidad, el PSR formó junto con el PCP y tres agrupaciones menores la
alianza Unidad de Izquierda que tuvo a Leonidas Rodríguez como candidato
presidencial.
En los meses previos se consideraba que el
comportamiento del Apra en la Asamblea Constituyente garantizaba que el
gobierno encabezado por el general Morales Bermúdez estuviera dispuesto a ser
sucedido por el viejo partido de Haya de la Torre, fallecido días después de
culminada dicha asamblea. Sin embargo, contra lo que se pensaba meses antes, en
mayo de 1980 para sorpresa no sólo de los peruanos fue elegido presidente
Fernando Belaunde Terry, justamente quien había sido destituido por los
militares en 1968. Obtuvo 44.93% de los votos frente a los 27.24% de Armando
Villanueva del Campo, el candidato aprista.
VOTANTES EXIGEN UNIDAD
No fue una sorpresa que hubiese varias
candidaturas de izquierda. Sí que estuvieran tan debajo de las votaciones
obtenidas para la Constituyente. En su conjunto se consiguieron menos de la
mitad de los votos obtenidos en 1978. En el caso particular del PSR, habiendo
obtenido 6.62%, más el 5.95% del PCP, es decir más del 12% en total pensábamos
que aun bajando a la mitad podríamos superar el 6%. No nos imaginábamos, sin embargo,
que se reduciría a 2.9%, menos de la cuarta parte de la votación lograda por
los integrantes de la alianza electoral sólo dos años antes.
Más allá de la sorpresa, nuestra
interpretación de los resultados electorales Indicaba que no habíamos
considerado la unidad que habían reclamado muchos contingentes populares después
de la votación para la Constituyente. Y que por esa razón los partidos de
izquierdas habían sido “castigados”. Esta especie de culpa que tácitamente
asumimos -en distinta medida seguramente- significó que poco después de las
elecciones del 18 de mayo de 1980 se iniciaran los contactos entre partidos,
conversaciones entre dos, tres o cuatro organizaciones y luego reuniones de
varios partidos y algunos frentes. Poco después de tres meses se estaría
fundando Izquierda Unida, IU, constituida por cuatro partidos: el FOCEP, el PCP, el Partido Comunista Revolucionario, PCR, y el PSR y dos
frentes: UDP y la Unión de Izquierda Revolucionaria, UNIR.
IZQUIERDA
UNIDA SURGE CON FUERZA
Y el 23 de noviembre de 1980 sería un día
memorable para IU. Los resultados de las elecciones municipales fueron una
sorpresa, una gratísima sorpresa. Aunque estábamos seguros de que Alfonso
Barrantes, nuestro candidato, sacaría muy buena votación, no nos imaginábamos
que obtendría el segundo lugar con el 28% de los votos. Y aunque el APRA,
reconocida por su gran maquinaria partidaria en todo el país, obtuvo el 22% de
los votos, IU alcanzó el 23%... En esa fecha, también candidatos de IU resultaron
elegidos alcaldes de más de treinta provincias, incluyendo capitales de
departamento: Arequipa, Moquegua, Coronel Portillo, Puno, Huaraz y
Huancavelica.
Tres años después, realizadas las elecciones
municipales el 13 de
noviembre, hubo ocasión de la celebración del triunfo de Barrantes en Lima. Una
hora después de terminada la votación todos los periódicos cuyas versiones
recogimos, así como la alcanzada por algún servicio de inteligencia a Alfonso,
coincidían en el triunfo de IU.
Si bien no hubo ninguna convocatoria, en la noche decenas de miles de simpatizantes
y militantes se reunieron en la avenida Grau frente al local de IU. Hubo vivas
y arengas, canciones e himnos, incluso bailes de distintas regiones del país. Y
cuando pasadas las nueve de la noche, desde el balcón del local Barrantes
dirigió emocionadas palabras de agradecimiento a los asistentes, me llamó la
atención que junto con aplausos y amplias sonrisas… en no pocos ojos se notaban
lágrimas de alegría y muchos llantos de absoluta felicidad.
Aunque ese día estábamos seguros del triunfo, la sorpresa vino en los
días siguientes mientras avanzaba el cómputo del Jurado Electoral Provincial de
Lima. Cada día se ampliaba más la diferencia. Considerando que hasta un par de
semanas antes las encuestadoras pronosticaban el triunfo del candidato aprista
Alfredo Barnechea, pensábamos que la diferencia que aseguraba el triunfo de
Barrantes sería quizás de 3%. Nos equivocamos, fue casi de 10%. IU obtuvo el
36.45%, mientras que el APRA alcanzó 27,1%.
Menos de año y medio después, el 14 de abril de 1985, se realizaron las
elecciones presidenciales. Para esos comicios, el viejo partido aprista había
cambiado radicalmente su imagen. Con dirigentes septuagenarios y octogenarios,
en los primeros años de la década de los 80 en el APRA había surgido el
liderazgo del joven diputado Alan García, quien ganó la secretaria general del
partido y posteriormente la candidatura presidencial.
Después de superar obstáculos legales -ser alcalde y candidato- y de una
imagen de senectud para enfrentar al joven candidato aprista, ya que
inicialmente IU había escogido a dos candidatos a las vicepresidencias que habían
nacido en 1910, la fórmula presidencia encabezada por Barrantes había hecho muy
buena campaña electoral (Ver crónica “Una plancha presidencial que no duró48 horas” del 24 de febrero de 2017).
GARCÍA GANÓ PRESIDENCIA, PERO TAMBIÉN ALCALDÍA
Pero todas las encuestas y todos los analistas daban como seguro el
triunfo de García. La sorpresa fue sin embargo enorme cuando se comprobó que
García había duplicado la votación de Barrantes alcanzado más de la mitad de
los votos válidos, el 53.1% frente a 24% de los obtenidos
por el candidato de IU. Creo
que, aunque afirmáramos públicamente que se confiaba en ganar, realistamente
los dirigentes izquierdistas sabíamos que se perdería la elección presidencial.
Pero nunca imaginamos que el triunfo aprista fuera tan contundente.
Como la legislación laboral señalaba que el
ganador debía tener más del 50% de los votos emitidos, de manera que García
llegaba al 45.5 % y Barrantes a 21.1 %, se estableció que habría segunda vuelta.
Diez días después de
las elecciones se produjo un atentado contra el presidente del JNE, Domingo
García Rada, quien quedó muy grave con dos heridas de bala en la cabeza y otra
en un brazo. Después de una rápida
consulta a los partidos integrantes de IU, al día siguiente Barrantes anunció
la declinación de su candidatura para restarle oportunidad al terrorismo de
realizar nuevos atentados. Recalcó que el país tenía ya un nuevo gobierno, pero
también una nueva oposición.
Después de aceptar su
derrota, Barrantes reasumió la conducción del municipio de Lima Metropolitana y
durante el año y medio siguiente quedó claro que era el segundo peruano en
importancia, después de García. Fue natural que IU lo postulara para las
elecciones del 9 de noviembre de 1986, y todo indicaba que la lograría. Por un
lado, aunque el excandidato presidencial Luis Bedoya Reyes, líder del PPC y
exalcalde de Lima, era un rival de peso, Barrantes había conseguido más del
doble de votos en votos en las elecciones de abril de 1985. Por otro lado,
Jorge del Castillo, candidato aprista, venía de ser alcalde distrital y no
parecía una figura equivalente a Barrantes o Bedoya.
El apoyo del presidente
de la república a la campaña de Del Castillo era algo con lo que contábamos,
pero conforme pasaban las semanas se iba incrementado a tal punto que parecía
que se trataba de un plebiscito sobre el gobierno de Alan García. Con un presidente
en ese momento con el mayor respaldo de todo su periodo y antes que se iniciara
la descomunal inflación que lo caracterizó, era muy difícil enfrentarlo.
Desde la noche de las elecciones las proyecciones del resultado
electoral indicaban estrechas diferencias, aunque algunos aseguraban ya que Del
Castillo había ganado. Durante varias semanas hubo un tedioso conteo de votos y
observaciones de todo tipo a los resultados. La disputa legal ante los
organismos electorales fue tan intensa que el nuevo gobierno municipal no se
pudo instalar el primero de enero sino tres semanas después, el 21 de enero de
1987.
Muestra del apoyo de García a Del Castillo fue la colocación de la
primera piedra del proyecto de un tren eléctrico que cruzaría Lima desde
Carabayllo hasta Villa El Salvador. Se daba a entender que un alcalde aprista
contaría con el apoyo político y presupuestal del Ejecutivo. Cuando finalmente
Jorge del Castillo asumió la alcaldía, entre los dirigentes de los partidos que
integraban Izquierda Unidad coincidimos en que el tren eléctrico de García
había sido el causante de la derrota de Barrantes.
Alfonso no asistió a la juramentación de Del Castillo. No hubo
ninguna constancia que lo hubiese felicitado. En todo caso semanas antes había
declarado que en el hipotético caso que el aprista le ganara, saludaría a
García. Felicitaré al padrino y no al ahijado, enfatizó.
CON LOS “OUTSIDER” SE INICIÓ CAMBIO LA POLÍTICA EN EL PERÚ
Posteriormente, tanto en las elecciones
municipales del 12 de noviembre de 1989 como en las elecciones generales del 8
de abril de 1990 se caracterizaron por tres hechos que señalo escuetamente: se
unió la derecha detrás de la candidatura del escritor Mario Vargas Llosa, se
dividió la izquierda con las candidaturas de Henry Pease por IU y Barrantes por
Izquierda Socialista (Ver crónica “Cuando la unidad no fue posible” del 29 de enero de 2019) y, a pesar del pésimo gobierno de Alan García, el
Apra demostró que su férrea organización le permitía afrontar su peor crisis.
Pero lo más notable, aunque no fuéramos
plenamente conscientes de ello en esos años, es en esas dos elecciones apareció
un fenómeno que no conocíamos: los “outsider”. Es decir, candidatos sin ninguna
experiencia en campañas electorales, que no tenían ninguna actividad vinculada
a la política e incluso en algún caso muy poco conocidos, terminaron ganando
las elecciones.
En agosto o septiembre de 1989 nadie imaginaba
que Ricardo Belmont
Casinelli sería el alcalde de Lima desde el primero de enero de 1990 y menos
que Alberto Fujimori Fujimori sería presidente del Perú desde el 28 de julio
del mismo año.
Con los “outsider” la vida política del país se transformaría radicalmente y se iniciaría una serie de cambios en las agrupaciones políticas que terminaría por envilecer la política en el país. Pero gran parte de esos hechos ya no corresponden a estas crónicas del siglo pasado…
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