Alrededor de las ocho de la noche del domingo 12 de marzo de 1978 llegué al Centro Vacacional Huampaní. Venía agotado después de participar en la primera conferencia nacional del Partido Socialista Revolucionario, PSR, que se había realizado a unos 20 kilómetros más adelante en la carretera central en las afueras de Chosica.
Aunque buena parte de los delegados habíamos llegado el viernes, la reunión recién se inició el sábado en la mañana por problemas en el traslado de los delegados de distintos lugares del país. Se trataba de la primera reunión con presencia de la dirigencia de la mayoría de los departamentos. Éramos más de ciento cincuenta asistentes. Como lo he mencionado en alguna otra crónica se trató de un esfuerzo organizativo enorme, considerando las dificultades de comunicación, la falta de recursos y la permanente amenaza represiva (Ver crónica "Conferencia 45 años atrás" del 27 de enero de 2023).
CRITERIOS PARA LISTA DE CANDIDATOS
El tema principal de la Conferencia era, evidentemente, las elecciones de la Asamblea Constituyente convocadas por el gobierno del general Francisco Morales Bermúdez para el 4 de junio. Por esa
razón, aunque se tocaron asuntos de organización se dedicó buena parte del
tiempo a hablar sobre nuestra lista para esas elecciones. Las decisiones eran
urgentes considerando que el 16 de marzo se cerraban las inscripciones de las
listas ante el Jurado Nacional de Elecciones.
Casi medio siglo después es difícil recordar
detalles de esa reunión. Sí tengo presente algunos criterios básicos que se
señalaron para la elaboración final de la lista que quedó en manos de la
dirigencia. En primer lugar, que el presidente del PSR, general Leonidas
Rodríguez Figueroa encabezara la lista. Si bien se encontraba en México deportado
por el gobierno, todo indicaba que la lucha por su regreso, así como la de
otros fundadores del PSR y de dirigentes de otros partidos tendría éxito y que
en algunas semanas más lo tendríamos de vuelta en el Perú. Nuestra suposición
se confirmó cuando el 16 de abril Leonidas Rodríguez junto con Arturo Valdés.
Rafael Roncagliolo, Manuel Benza Chacón y María Luisa Pflucker de Benza regresaron
a nuestro país.
Otros criterios que se señalaron en esa conferencia para elaborar la lista de candidatos, era la necesaria presencia de dirigentes nacionales del partido, así como dirigentes de la Confederación Nacional Agraria, CNA, y también dirigentes partidarios de todos los departamentos del Perú. Una recomendación en que se insistió en esa misma conferencia fue que se integraran en la lista a independientes que coincidieran con nuestros planteamientos. Candidatos que podían subrayar la identificación con las medidas revolucionarias realizadas por el gobierno militar durante los siete primeros años, cuando lo presidía el general Juan Velasco Alvarado. Si bien estaba claro que el PSR se definía como un partido de izquierda, necesitábamos también reafirmar nuestra posición nacionalista (Ver crónica "Izquierda y símbolos patrios" del 30 de julio de 2019).
PROPAGANDA SOLO PARA EL 1
Algo que se señaló en la conferencia es que no habría campaña individual, buscando el voto preferencial por parte de candidatos que fueran militantes del PSR. Se estableció que todos debían hacer campaña por Leonidas Rodríguez quien tendría el número uno de la lista. Estaba claro que habiendo sido la cara visible del PSR por la deportación de Leonidas, el secretario general del partido Antonio Meza Cuadra seguiría haciéndose publicidad cada vez que apareciera en medios de comunicación. Había otro sobreentendido: que por Antonio haría propaganda los integrantes de la Asociación de Médicos Progresistas que él había fundado y dirigido por varios años, asociación que reconocía el importante papel gremial que había cumplido incluso desde la época que siendo estudiante dirigió el Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad de San Marcos. El otro sobre entendido era que la CNA haría propaganda por la candidatura de su presidente.
Tuvimos
poco más de 72 horas para terminar de definir la lista. Los tres primeros
puestos los teníamos claros desde meses atrás. El número uno para Leonidas. El
número 2 para Antonio. Y el número 3 para Avelino Mar Arias, presidente de la
CNA. Estaba definido que dirigentes de organizaciones populares acompañarían a
los dirigentes nacionales del partido en los primeros lugares de la lista. Aunque
desde varias semanas habíamos analizado nombres de independientes invitados,
después de la conferencia nos urgía corroborar su aceptación. Teníamos alrededor
de veinte nombres posibles e incluso ya consultados. El problema, advertimos,
era que la mayoría de ellos querían tener un lugar preferente en la lista. Y
evidentemente serían no más de quince o veinte puestos iniciales de la lista que
podrían considerarse que destacaban.
CONSEGUIMOS
CANDIDATO DE LUJO
Con
ese problema en la cabeza, nos reunimos con Alberto Ruiz Eldredge Rivera,
excandidato presidencial en 1962 del extinto Movimiento Social Progresista,
MSP, aunque ya se le había adelantado nuestra intención a través de nuestro
dirigente nacional Francisco Moncloa, Paco, experimentado periodista y analista
político quien había militado con él en el MSP quince años atrás.
Ruiz
Eldredge tenía los pergaminos y las condiciones intelectuales para encabezar
una lista. Era un respetado jurista que en los diez o doce años anteriores había
sido decano del Colegio de Abogados de Lima, presidente del Consejo Nacional de
Justicia, director del diario Expreso, además de representar al Perú en
algunas instancias internacionales. Estuvimos en su casa en la tercera cuadra
de la avenida Andrés Reyes frente a un extenso y tranquilo parque de San Isidro.
La reunión la coordinó Moncloa, Paco. No sólo lo conocía por haber compartido
militancia a finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta, sino había
sido subdirector de Expreso cuando Ruiz Eldredge dirigía ese diario.
A
la reunión, además de Paco, asistimos Meza Cuadra y yo. Fue muy cordial, con
identificación por su parte de nuestros planteamientos en esa campaña. Nos puso
una condición, aunque se cuidó de decir que era un deseo. Entiendo, dijo, que siendo
un invitado no puedo plantearles estar en los primeros lugares de la lista. Por
eso me gustaría que ustedes me den el último lugar, el número 100. Nos miramos
y los tres asentimos. No había ningún compromiso con nadie para ese número y le
adelantamos que no habría problema. Nos despedimos cordialmente asegurándole
que estaría en la lista.
ARMAMOS LISTA DE CANDIDATOS AL REVÉS
Ya
subidos en el Volkswagen de Antonio, Paco exclamó: Ya solucionamos el problema
con los invitados porque ya tenemos diez lugares preferentes adicionales. Y
viendo interrogación en nuestras caras añadió hagamos una lista que comience en
100 y termine en el 90 con invitados de peso. Nos pareció excelente la idea. Y
en el par de días que faltaban logramos elaborar una lista que sumados los
primeros con los últimos llegaban a más de veinticinco puestos preferentes. Y
si no completábamos la lista de los últimos, ponemos algunos compañeros del
partido que no desentonen en la lista de personajes, señaló Antonio y añadió
que, si bien Paco no había querido postular, su presencia demostraría a los
invitados que estábamos aportando dirigentes importantes a esa parte de la
lista. Tu debes llevar el número 99, le dijimos. Y Paco después de pensarlo
unos minutos, nos dijo que aceptaba.
PODIAMOS
LLEVAR DOS COMANDANTES GENERALES
Todavía
en el auto de Antonio, mientras nos dirigíamos a casa de Paco, hablábamos sobre
los invitados que ya estaban conversados. Interrumpí el diálogo y dije: Solucionamos
el problema de los marinos. Cierto comentó Paco, ponemos a uno en los primeros
veinte puestos y al otro entre los diez últimos.
¿Qué marinos eran y qué problema teníamos? Puestos a pensar en invitados, dos compañeros que no habían coordinado entre sí habían adelantado propuestas informales a dos vicealmirantes, excomandantes generales de la Marina y exministros y… ambos habían aceptado. El problema era que cada uno de los que habían hecho la propuesta nos informaron que teníamos la aceptación de un exministro de Marina … pero teníamos dos. Antonio dijo que como eran militares, el más antiguo -José Arce Larco- iría entre los primeros y el otro -Guillermo Faura Gaig- en la lista de pesos pesados de los últimos lugares. Los dos vicealmirantes juntos no habían logrado completar catorce meses al mando de la Marina debido a que ninguno contaba con la simpatía y menos el apoyo de sus compañeros de armas porque eran considerados “velasquistas”.
Arce
Larco había estado a cargo de la Marina desde el 31 de mayo hasta el 31 de
diciembre de 1974 que pasó a retiro y muchos consideraban que, a pedido del
presidente Velasco, había “limpiado” la Marina de buena cantidad de almirantes
considerados contrarios al proceso revolucionario de la Fuerza Armada. El 2 de
enero del año siguiente juró como nuevo comandante general el vicealmirante
Faura Gaig. Horas antes, en esa madrugada, estalló una bomba en su casa y el
vicealmirante consideró que fue un operativo de sectores de la propia Marina. Faura
no llegó a cumplir seis meses en el cargo. El 25 de junio cuando regresó de una
visita institucional a Iquitos encontró que la escuadra se había retirado del
puerto del Callao demandando su renuncia. Dejó el cargo y pasó al retiro para
no debilitar al gobierno de Velasco que necesitaba el respaldo de todas las
fuerzas. Para muchos con este hecho se inició el principio del fin de la
presidencia de Velasco Alvarado, que dos meses después sería “relevado” por Morales
Bermúdez.
Arce
había declarado en alguna oportunidad que defender al hombre de abajo en la Marina era muy
difícil, “una institución tan llena de caciquismos y de apellidos, donde quien
tenía ojos azules era el ganador. Yo era para muchos el cholo Arce. Era un camino difícil. Felizmente
creo que todo esto ya en parte fue superado después del 3 de octubre de 1968”.
Por su parte, Faura declaró cuatro días antes de su renuncia “… a
diferencia del pasado en que nuestro país se mantenía desunido y empozado en
estériles rivalidades políticas y actitudes entreguistas que lo condujeron a graves
catástrofes nacionales, hoy nuestro pueblo unido e identificado con los
objetivos de la Revolución… marcha hacia su destino de progreso y bienestar
decidido a defender la Revolución peruana”.
Dos años después de pasar al retiro, en 1977, Faura publicó el libro
“El Mar peruano y sus límites” y, aunque en esos momentos no lo sabía, en las
décadas siguientes las tesis planteadas en ese libro lo convertirían en
precursor de la demanda marítima peruana sobre límites en nuestro dominio
marítimo sur con Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
DIRIGENTE SINDICAL LUCHADOR E INTELECTUAL RESPETADO
José Luis Alvarado,
con quien habíamos trabajado José María -Chema- Salcedo y yo en el Área Laboral
del Sistema
Nacional de Apoyo a la Movilización Social, SINAMOS, entre 1972 y 1974, había
regresado al Perú pocos meses antes después de trabajar unos dos años en la
oficina de la OIT en Bogotá y manteníamos muy buena relación con él. En la
década anterior había sido un combativo dirigente de los trabajadores
bancarios, llegando a ejercer el cargo de secretario general de la entonces poderosa
Federación de Empleados Bancarios, FEB, desde el cual había logrado concretar
varias reivindicaciones de su gremio. Claramente calificaba para integrar el
final de nuestra lista… No me acuerdo quién habló con él, podría haber sido
Chema Salcedo o yo.
Al día siguiente acompañé a Antonio a una casa
clasemediera en Jesús María, cerca del ministerio de Trabajo. Creo que participó
de la visita otro dirigente del PSR. Acudíamos a conversar con César Arróspide
de la Flor, en esa época de 77 o 78 años. No recuerdo si su nombre había sido
propuesto por Moncloa, Ernesto Velit o algún otro. Era un respetado musicólogo peruano, maestro
universitario y crítico de arte. Tres décadas antes había sido decano de la
facultad de Letras de la Universidad Católica. Tuvo importante participación
para lograr la transformación de la Academia Nacional de Música en el
Conservatorio Nacional de Música. Vinculado a instituciones católicas, el
nombre de Arróspide lo había conocido yo una década atrás como importante
colaborador de Javier Correa Elías en gestiones de financiamiento de algunas
actividades de la Coordinadora Nacional de Frentes Estudiantiles Social
Cristianos, COFESC (Ver crónica "El PPC nació sin correa” del 16 de febrero de 2013).
SE
COMPLETÓ DECENA DE ONCE
El capitán del
Ejército Eloy Villacrez era uno de los oficiales que habían participado en un
intento de levantamiento militar para derrocar al general Morales Bermúdez el
20 de julio de 1976. Él y otros tres oficiales se hallaban asilados en
Venezuela desde octubre de ese año. Algunos civiles que los apoyaron se habían
adherido al PSR. Consideramos importante su presencia en la lista que estábamos
elaborando, lo invitamos a través de su hermano Víctor Hugo que en esa época militaba
en el PSR.
Aunque no llegaba a los 40 años, Raúl Vargas Vega era un experimentado
periodista, pese a que buena parte de sus actividades habían estado vinculadas
a la educación. Años atrás había trabajado intensamente en la Reforma de la
Educación como parte del equipo de educadores e intelectuales liderado por
Augusto Salazar Bondy que buscaba crear una "educación para el hombre
nuevo". En julio de 1974, Vargas fue nombrado subdirector de La Prensa
y pocos días después llamó a Chema Salcedo para que dirigiera la Página Laboral
del diario. Justamente a éste le encargamos hablara con Vargas para incluirlo
en la lista.
Veinticuatro horas antes del cierre de listas en el JNE, en el
Secretariado del PSR añadimos para la decena final a tres firmantes del
manifiesto de fundación del partido en noviembre de 1976: Óscar Balbuena que
había sido director regional de SINAMOS en Ancash, María
Luisa Pflucker de Benza que aún estaba en el exilio en México y David Tejada
Mercado que con sus casi 77 años -aunque algunos de sus nietos afirmaba que se
estaba quitando dos- aportaba mucho con su conocimiento y práctica en la
dirigencia estudiantil, en la organización inicial del Partido Aprista y en el
trabajo clandestino, desde mediados de la segunda década del siglo hasta
finales de los años cuarenta, enfrentando persecuciones, detenciones e,
incluso, condenas a muerte.
Alguien nos falló en último minuto y Antonio
puso el nombre de un colega que le había dicho que sólo si hubiera necesidad lo
incluyera. Se trataba de Raúl Portocarrero Hinojosa, prestigioso médico y
docente en Arequipa que tenía además antecedentes en la dirigencia estudiantil
y contaba con experiencia gremial. El 16 de marzo al momento de la inscripción
nos dimos cuenta de que la última decena en realidad tenía once candidatos: Ruiz
Eldredge era el 100, Moncloa el 99, Faura el 98, Alvarado el 97, Arrospide el
96, Portocarrero el 95, Villacrez el 94, María Luisa Pflucker el 93, Vargas el
92, Tejada el 91 y Balbuena el 90.
Por cierto, hay que recordar que en las elecciones
que se postergaron hasta el 18 de junio, Ruiz Eldredge sería uno de los
elegidos.
AGOTADO, PERO NO SABÍA QUE VENÍA ALGO PEOR
Dije al comenzar esta crónica que en la noche
del domingo 12 de marzo llegué agotado a Huampaní. ¿Y qué hacía allí? ahí se alojaban desde el sábado en la mañana
Ana María, mi esposa, y mis dos hijos. El mayor cumpliría cuatro años al día
siguiente, aunque postergamos la celebración para el fin de semana siguiente,
mientras que mi hija cumpliría tres años en junio. Yo tenía previsto llegar
antes de las 6 de la tarde porque calculábamos que para las 4 o 5 de la tarde
la mayoría de los delegados departamentales tendrían que salir. Pero demoramos
la conferencia tres horas más. Cuando llegué a Huampaní mis hijos estaban
dormidos. Por la demora de mi llegada no retornamos a casa esa noche. Lo hicimos
al día siguiente muy temprano, ya que Ana María y yo teníamos que trabajar y
nuestros hijos asistir al centro de educación inicial que funcionaba en la
oficina en que trabajaba mi esposa.
Con la inscripción de la lista -el 16 de marzo
de 1978- cerrábamos otra etapa intensa en la vida del PSR. Habíamos enfrentado
la represión gubernamental desde la fundación del partido, sufrido la
deportación de cinco de nuestros fundadores, organizado la estructura
partidaria mínima en medio del clima represivo, participado en apoyo a las
organizaciones populares que decretaron el paro del 19 de julio del año
anterior, trabajado intensamente para lograr la inscripción del partido, buscado
independientes que se sumaran a nuestra lista, entre otras actividades. Sabíamos
que los siguientes meses serían muy duros, pero no imaginábamos que lo serían
tanto. No sólo habría un domingo en que llegara tarde para encontrarme con mi
familia, sino 38 días sin pisar mi casa debido a la persecución del gobierno (Ver crónica “Hace 35 años fui un papá de la calle” del 24 de mayo de 2013).
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