Poco después del mediodía del 5 de marzo de 1989, iba rumbo al distrito rural limeño de Pachacamac en el auto de José Antonio Luna, secretario de relaciones internacionales del Partido Socialista Revolucionario, PSR, del cual era yo secretario general. Asistiría a una reunión de la Convergencia Socialista para evaluar lo sucedido en las últimas seis semanas luego que al amanecer del 23 de enero nos retiráramos del congreso nacional de Izquierda Unida, IU, al igual que los delegados del Partido Comunista Revolucionario, PCR, y los ex PUM liderados por Carlos Tapia, que tomarían el nombre de Comités Regionales Mariateguistas, CMR. Quienes integrábamos la Convergencia Socialista, el PCR y los CMR actuábamos juntos con la denominación de Acuerdo Socialista.
Como lo he señalado en otras oportunidades, después de que en
ese congreso se ganara la votación sobre las tesis políticas que
compartíamos con la mayoría de los partidos de IU y gran parte de los
militantes independientes, nos sentimos satisfechos que la línea democrática y
popular hubiera derrotado a las posiciones vanguardistas y militaristas y que
se dieran las condiciones para aislar a los sectores que calificábamos de
ultraizquierdistas.
Pensábamos que se podía tolerar algunas diferencias para
integrar un frente de oposición, pero no si se aspiraba seriamente a gobernar. Y
en esa época no era iluso pensar que era posible que en 1990 se ganaran las elecciones, logrando la
presidencia de la república para Alfonso Barrantes. Varias encuestas desde un
par de años antes le daban la primera opción de triunfo a nuestro candidato. Y
estábamos seguros de que sería imposible gobernar subsistiendo dentro de IU posiciones
tan disímiles.
NOS MARGINARON DE LA DIRECCIÓN DE IU
Pero al momento de definir cómo conformar la directiva de IU
que expresara orgánicamente lo aprobado políticamente, se presentó una
situación que fue imposible superar. Lamentablemente para impedir que los
sectores ultraizquierdistas rompieran la unidad, sectores que habían votado con
nosotros, por
iniciativa del Partido Comunista Peruano, PCP, acordaron dejar de lado el voto
secreto para elegir a mano alzada a siete miembros -cuyos nombres ya estaban
acordados- del nuevo Comité Directivo Nacional de IU que acompañarían a los
secretarios generales -miembros natos del CDN- de los siete partidos de IU que
además se convertirían en su presidencia colegiada. Incluso se creaba un
secretariado permanente del CDN en que se dejaba de lado al PSR y al PCR y en
donde sí tendrían presencia quienes habían sido minoría en las tesis políticas.
Después de nuestro retiro del congreso se produjo la elección que
desconoceríamos, con los nombres acordados por quienes decidieron marginarnos (Ver crónica “Cuando la unidad no fue posible”
del 29 de enero de 2019).
El 30 de enero, se había instalado el nuevo CDN con ausencia
mía, a nombre del PSR, y de Manuel Dammert, secretario general del PCR. Ambos
habíamos comunicado que podríamos asistir a sesiones de la Presidencia
Colegiada de IU, pero no a instancias en que participaran miembros “cuya
representatividad desconocemos”.
La reunión a la que me dirigía ese primer domingo de marzo
era el II Encuentro Nacional de la Convergencia Socialista. El primer encuentro
se había realizado en diciembre y allí había surgido una comisión coordinadora
que integrábamos Enrique Bernales, Rafael -Rafo- Roncagliolo y yo por el PSR;
Edmundo Murrugarra, Tomás Montoya y Alfredo Pezo por los Socialistas No Partidarizados de IU
-NoPar- y Francisco -Pancho- Guerra García y Federico -Fico- Velarde como
independientes. (Ver crónica “Confusiones y contradicciones en IU” del 17 de diciembre de 2018).
Un par de horas antes había desembarcado en
el aeropuerto internacional luego de un viaje de cerca de 15 horas desde Milán.
Me había levantado el día anterior a las ocho de la mañana -hora de Italia- y
mi cuerpo aún acostumbrado a la hora europea… ¡tenía 36 horas sin dormir! Aunque estaba bastante cansado, al ingresar
al amplio local con jardines alrededor de las salas de reuniones me sentí listo
para ponerme al día y participar de la reunión.
LO MEJOR ERA AVANZAR CON LA CANDIDATURA DE
BARRANTES
Como a poco de llegar se hizo un cuarto
intermedio para almorzar aproveché para saludar a la mayoría de los asistentes
y hacer un aparte con Enrique y Rafo, dos de mi compañeros de partido, para
poder tener el panorama más claro. Me era rápido entenderlos ya que el trato
con ambos venía desde los años 60, cuando éramos militantes del Partido
Demócrata Cristiano, PDC, al que renunciamos junto con otros camaradas en 1971.
Con Fico y Pancho, que integraban la comisión coordinadora en su calidad de
independientes, también por cierto analicé la situación política que vivíamos.
Curiosamente entre 1962 y 1967, Fico, Pancho y yo -en ese orden- habíamos
ejercido el cargo de delegado de la Juventud DC ante el Comité Ejecutivo
Nacional del PDC. Con Murrugarra,
representante de los NoPar, a quien había tratado bastante desde la fundación
de IU en 1980, también pude conversar cómodamente.
Escuché atentamente las intervenciones que se dieron en el plenario final del encuentro que terminó esa misma tarde. Y comencé a procesar toda la información y opiniones que había recibido. Ya le daré una lectura a las posiciones sobre el congreso expresadas en diarios y revistas, me dije. El día siguiente y los tres o cuatro sucesivos fueron insuficientes para enterarme de todo lo que se había dicho y escrito. Si bien en los últimos días de enero se habían expresado de parte nuestra y de quiénes habían construido una mayoría para llevar adelante el nuevo rumbo del frente, las cuatro semanas en que había estado yo ausente no solo habían continuado las opiniones de uno u otro lado si no también los análisis más de fondo que resultaron muy difícil para mí de procesar, considerando que la primera semana de regreso de mi viaje fue particularmente intensa no sólo por actividades políticas que culminaron el 12 de marzo con un mitin en la Plaza de Acho, sino también por obligaciones laborales y responsabilidades familiares (Ver crónica "Semana larga e intensa" del 31 de enero de 2024).
La propuesta de ese mitin se realizó justamente en la reunión de Pachacamac y fue convocado por el Acuerdo Socialista con el nombre de “Encuentro Popular con Barrantes” y se sobrentendía que era una convocatoria para impulsar su candidatura presidencial.
¿MANTENER UNA PUERTA ABIERTA?
Alfonso se
encontraba en México y llegó uno o dos días después. Nos reunimos con él en su
casa. Cuando se le informó del mitin hizo inicialmente algunos reparos, pero
finalmente aceptó y dijo que en esa ocasión no quería aparecer como “rupturista”
porque había sectores en ese CDN que planteaban nuestro regreso, aunque aceptando
su composición. Cuando le dijimos que eso no era posible, no insistió pero
estaba claro que quería mantener una puerta abierta. Teníamos la impresión de
que, a través de algún contacto de confianza, el PCP o más precisamente su
secretario general, Jorge del Prado, estaba buscando algún tipo de arreglo para
superar lo que ellos consideraban un “impase orgánico”. Justamente en la
reunión con Alfonso se había dejado claro que el problema más allá de lo
orgánico -siete miembros de CDN elegidos a mano alzada- era político, ya que en
palabras del propio Barrantes expresadas en una entrevista al semanario
mexicano Excelsior “No es factible un gobierno con partidos de izquierda donde dos de ellos
consideran posible el uso de la vía armada”.
Barrantes tenía
claro que nos identificábamos con él en posiciones, pero comentaba
socarronamente que era la locomotora con la fuerza para jalar electoralmente a
los partidos del Acuerdo Socialista que eran los vagones. Creo que también
tenía claro, pero no lo admitía, que sin el Acuerdo Socialista sería una
locomotora sin trenes que jalar…
LAS DUDAS DE BARRANTES
No recuerdo
exactamente quiénes estuvimos en la reunión, pero al salir nos quedó la
sensación que no era seguro que Barrantes asistiera a la plaza de Acho. Aunque
no lo sabíamos todavía, esa sensación de inseguridad, de no saber si finalmente
nuestro candidato presidencial asistiría a un mitin, entrevista o visita de
campaña, se prolongaría durante más de un año… hasta las elecciones del 8 de
abril de 1990.
Al momento de la despedida, Alfonso me dijo que hacía más de un mes que no nos veíamos pese a ser vecinos. Le mencioné que había estado de viaje y le dije que trataría de pasar por su casa antes del mitin. Lo llamé el viernes y me dijo que pasará por su casa a las 10 de la noche.
Como lo
suponía, su interés principal en esos momentos era mantener una buena relación
con el PCP. No le interesaba ninguno de los otros partidos que integraban el
CDN. Al Partido Unificado Mariateguista, PUM, y a la Unión de Izquierda
Revolucionaria, UNIR, cuyo principal integrante era el Partido Comunista del
Perú – Patria Roja no les tenía ninguna consideración ya que eran las dos
organizaciones a las que se había referido como partidos que consideraban
posible el uso de la vía armada. Pensaba que el Frente Obrero Campesino
Estudiantil y Popular, FOCEP, no aportaba a IU y tenía especial consideración por
Gustavo Mohme como persona y no en su calidad de secretario general de Acción
Política Socialista, APS. Con algunas discrepancias tenía aprecio por Henry Pease
y Rolando Ames, elegidos como independientes en ese CDN. No sabíamos aún que
ambos estaban preparando la fundación del Movimiento de Afirmación Socialista, MAS,
que aparecería públicamente a inicios de abril.
Tal como lo habíamos conversado año y medio antes en Moscú, pensando en un eventual gobierno bajo su presidencia consideraba vital el rol del PCP, por su influencia en la Confederación General de Trabajadores del Perú, CGTP, sin cuyo respaldo el país sería ingobernable (Ver crónica “Con Barrantes en Moscú” del 20 de enero de 2017). Y pensando también en su gobierno consideraba importante frenar el ultraizquierdismo y extirparlo del movimiento popular.
Al salir de
la casa estaba seguro de que contaríamos con él para el mitin del día
siguiente. Pero también que Alfonso estaba pensando en cómo gobernar asumiendo
que ganaría la presidencia de todas maneras. Tuve entonces la certeza que
pasaría meses en que Alfonso trataría de acercar al Acuerdo Socialista con el
PCP. Y que perdería mucho tiempo cultivando infructuosamente una relación muy
importante para un eventual gobierno, en lugar de avanzar en una campaña
preelectoral con las organizaciones políticas con las que verdaderamente
contaba. Y los meses perdidos fueron tantos que permitieron que un desconocido
le arrebatara más del 80 por ciento de sus votos.
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