sábado, 30 de mayo de 2026

MAYO DEL SESENTA Y DOS (1962)

El 6 de mayo de 1962 el Papa Juan XXIII presidió la consagración como santo de fray Martín de Porres, religioso peruano que vivió en Lima a finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII. A la ceremonia realizada en El Vaticano concurrieron autoridades eclesiásticas peruanas y representantes del gobierno en ese entonces presidido por Manuel Prado Ugarteche, el mismo que meses antes había decretado que 1962 fuera denominado “Año de Fray Martín de Porres”. Por cierto, además asintieron centenares de católicos peruanos.

En Lima fueron numerosas las actividades religiosas que se produjeron desde semanas antes y que se prolongarían días después. Fueron múltiples las actividades que demostraron la confianza de miles de peruanos en el nuevo santo. Confianza no sólo durante décadas a partir de su beatificación en 1837 sino expresada en siglos anteriores desde cuando murió en el año 1620.

DISPUTADAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

Pero los primeros meses de 1962 estuvieron marcados por la campaña para las elecciones convocadas para el 10 de junio.

Debo advertir a esta altura de la crónica que si bien mi memoria sitúa hechos en mayo de 1962, cabe la posibilidad que más de sesenta años después errara con alguno que hubiese ocurrido semanas antes o semanas después de ese mes.

A mediados de mayo, un sector de observadores políticos consideraba como inminente el triunfo del Partido Aprista Peruano -APRA- que tenía como candidato presidencial a su fundador y jefe Víctor Raul Haya de la Torre, que luego de más de tres décadas de persecución -incluyendo cinco años asilado en la embajada de Colombia en Lima- había logrado en los últimos casi seis años vivir con absoluta libertad y sin ningún tipo de amenazas. Una clara muestra era la devolución en 1957 del local partidario conocido como “La casa del pueblo,” confiscado durante el gobierno odriísta para que albergara un colegio.

Otro sector de analistas políticos pensaba que el arquitecto Fernando Belaunde Terry podía lograr la presidencia, considerando que desde 1956, cuando sorpresivamente quedó segundo en las elecciones presidenciales, fundó el partido Acción Popular e inició un recorrido “pueblo por pueblo” a lo largo y ancho del Perú logrando ser un líder conocido por gran parte de los electores del país.

Pero unos y otros consideraban que el general Manuel A. Odría, dictador en el “ochenio” 1948 - 1956 estaba muy relegado en comparación con sus dos principales rivales.

DEBÍA DEFINIRSE ENTRE TRES, PERO…

Nadie imaginaba que varios días después de iniciado julio no se supieran los resultados de la votación presidencial, aunque sí se conocieran los resultados de las elecciones de senadores y diputados. Se viviría una fuerte tensión en el país, ya que el avance de los cómputos indicaba que Haya tenía una ligerísima ventaja en el resultado final. Belaunde y muchos de sus partidarios -incluyendo parlamentarios virtualmente electos- comenzaron a hablar de fraude. El candidato de AP viajó a la ciudad de Arequipa. Allí con un grupo de seguidores levantó barricadas en un par de calles del centro de la ciudad. Sostenía que sus acciones eran para defender su triunfo ante la inminencia de un fraude.

Alrededor del 10 o 12 de julio, en el Congreso comenzaron a juramentar los representantes electos. Ninguna agrupación tenía la mayoría de los parlamentarios, aunque los apristas constituían la primera minoría, seguida por los acciopopulistas y, bastante rezagados, los odriístas. Muy pocos de los juramentados eran de Acción Popular, agrupación que decidió que sus parlamentarios electos no juramentaran, decisión que la mayoría de ellos acató.

El 17 de julio se esperaba que el Jurado Nacional de Elecciones declararía que ningún candidato había alcanzado el 33% de los votos, mínimo constitucionalmente requerido. Y que, por tanto, correspondería que el nuevo Congreso eligiera entre los tres primeros: Haya de la Torre, Belaunde Terry u Odría.

En la noche de ese mismo día se conoció que el APRA, que lograba estrechamente el primer puesto en la votación presidencial, consciente del “veto” de los militares a Haya y la inminencia de un golpe militar, había decidido que en el Congreso su bancada votara por Odría, quien había terminado en el tercer lugar bastante alejado de los dos primeros. Sin embargo, en la madrugada siguiente se produjo un golpe militar decidido por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas que destituyó al presidente Prado cuando sólo le faltaban diez días para terminar su mandato. No se trató de un golpe clásico encabezado por un caudillo sino un golpe institucional (Ver crónica "Elecciones que vivíen los cincuenta y sesenta" del 18 de diciembre de 2017), La decisión se tomó alegando que se había producido un fraude electoral por lo que se convocó a nuevas elecciones para el 9 de junio del año siguiente.

CONGRESOS ESTUDIANTILES DEL 59 AL 63

Por esa época, en la Juventud Demócrata Cristiana se estaba organizando la Coordinadora de Frentes Estudiantiles Social Cristianos, COFESC, como manera en que militantes DC trabajando con sectores independientes participaran en la política gremial universitaria, donde tenía presencia el FER, Frente Estudiantil Revolucionario, conducidos por militantes del Partido Comunista Peruano, PCP y el FUR, Frente Universitario Reformista, ligados al APRA. Se comenzaba a idear la forma de trabajar para organizar un Frente Estudiantil Social Cristiano, FESC, en las universidades existentes y las que comenzaban a funcionar como la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica o la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga en Ayacucho.

Federico Velarde Valdivia fue el primer coordinador de COFESC por esos meses y desde años antes en los eventos universitarios era el responsable de coordinar a los distintos delegados vinculados a la JDC, primero, y luego a los FESC. Había asistido en Trujillo al V Congreso Nacional de la FEP, en octubre de 1959, donde dando fin a un largo periodo de predominio aprista, se eligió a Oscar Espinoza Bedoya como presidente de la FEP y año y medio después en Arequipa al VI Congreso Nacional en mayo de 1961, donde se eligió presidente a Max Hernández, hoy destacadísimo psiquiatra y secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional. Posteriormente Fico estaría en Ica para el VII congreso en agosto de 1962 en que fue elegido presidente Walter Palacios Vinces, que posteriormente tendría intensa y accidentada vida política. También estuvo en Ayacucho para el VIII congreso en octubre de 1963, en que resultó elegido presidente Gustavo Espinoza Montesinos, quien años después sería secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú, CGTP, y diputado. En Ica y Ayacucho yo fui uno de los dos o tres democristianos que secundábamos a Fico en las tareas de coordinación política dentro de esos congresos.

Mientras Espinoza Bedoya, ex presidente de la ACUNI, Asociación de Centros de la Universidad Nacional de ingeniería, era militante democristiano, los tres que lo siguieron en el cargo pertenecían al FER de su respectiva universidad. Hernández era un independiente de izquierda que presidía la Federación Universitaria de San Marcos, FUSM. Palacios era militante del MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, nombre adoptado por quienes habían renunciado al APRA en 1961 y que inicialmente se habían denominado Apra Rebelde, y presidía la Federación Universitaria de Trujillo. Espinoza Montesinos era militante del Partido Comunista Peruano, PCP, y presidía la federación estudiantil de la Escuela Normal Superior Enrique Guzmán y Valle, más conocida como La Cantuta. Yo lo había tratado en una reunión clandestina en que acompañé a Rafael Roncagliolo (Ver crónica Algunas reuniones clandestinas en 15 años” del 25 de setiembre de 2020)

UN SOLITARIO VICEPRESIDENTE

Pero volviendo a mayo de 1962. Inusitadamente un DC -José Alvarado Jesús- resultó elegido vicepresidente de la FUSM. Me explico, el FER estaba postulando a Antonio Meza Cuadra, estudiante de Medicina que llevaba a la vicepresidente a un estudiante de Derecho. Había un candidato aprista cuyo nombre no recuerdo. José Santos Chichizola, quien sería un consagrado jurista en las siguientes décadas, era candidato presidencial de un frente independiente que impulsaba la JDC y que llevaba a Alvarado Jesús como candidato a vicepresidente. Y casi al cierre de las elecciones se inscribió como candidato presidencial independiente Juan Alberto Campos Lama, generando una crisis en el FER. En ese momento creo que estábamos a ocho o diez días de las elecciones.

Campos Lama había sido un destacado líder estudiantil aprista, que había sufrido persecuciones durante el gobierno de Odría, pero que había renunciado al Apra integrándose al FER y con ese respaldo había llegado a la presidencia de la FUSM un par de años antes y obligado a renunciar por una campaña periodística en su contra que sería muy largo detallar. Percibido como candidato de izquierda, Campos -un extraordinario orador- con sus encendidos discursos en los primeros días claramente amenazaba la victoria que inicialmente consideraba segura el FER y en especial la Juventud del PCP que lo dirigía.

Faltaban cinco o seis días para las elecciones, el FER retiro la candidatura de Meza Cuadra, dejando sólo al candidato a vicepresidente e inmediatamente sus militantes comenzaron una campaña por el “voto cruzado”: votar por Campos Lama para presidente y por el candidato del FER a la vicepresidencia. La estrategia no funcionó. Si bien Campos ganó ampliamente a Santos -que quedó segundo- y al candidato aprista, José Alvarado -con menos de la mitad de votos- ganó la vicepresidencia al candidato aprista y al candidato del FER.

UNA DESEMBARCADA INESPERADA

Hago un paréntesis. No sabía yo en 1962 que a partir de 1976 por unos cinco años realizaría un intenso trabajo político con Meza Cuadra y desarrollaríamos una gran amistad. Seríamos él secretario general y yo subsecretario general del recién fundado Partido Socialista Revolucionario, PSR, (Ver crónica “Nace un nuevo partido” del 21 de noviembre de 2014). En algún momento en que hablamos de experiencias políticas pasadas, me contó entretelones de su “renuncia” a la candidatura presidencial a la FUSM que me sorprendió: él se enteró que ya no era candidato cuando regresó a Lima de un corto viaje…

Iniciado el trabajo de su candidatura, lo contactó Guillermo Herrera Montesinos -creo que responsable del trabajo del PCP en San Marcos- para indicarle que habría una reunión importantísima con dirigentes estudiantiles chilenos en Arica y consideraban indispensable que Antonio presentara la experiencia de su trabajo como secretario general del Centro de Estudiantes de Medicina. Le añadió que no se preocupara por la campaña electoral que estaba caminando muy bien. Antonio viajó a Tacna, pasó a Arica, participó de una reunión que no tenía la importancia que Herrera le había manifestado y regresó a Lima en cuatro días. Al llegar se encontró que el personero de la lista lo había retirado el mismo día que estaba en Arica y que los integrantes del FER estaban desde dos días antes divulgando el “voto cruzado” con Campos Lama como candidato presidencial.

Vayamos a otro hecho de la política universitaria. Por esos mismos días se realizó una asamblea nacional de delegados de la FEP, instancia inferior al congreso nacional y superior a la junta directiva. No recuerdo detalles de esa reunión, ni siquiera en qué local se realizó. Sólo la asocio con la consagración de Fray Martín de Porres.

La reunión se había iniciado una tarde, prolongado durante varias horas y continuaba en la madrugada. La asistencia estaba raleada y aparentemente lo que se discutía no era importante. El director de debates propiciaba que nadie concretara nada o que se hablara sobre hechos inconexos. Fuera de la sala principal se conversaba sobre un pronunciamiento que todos querían se aprobase por unanimidad y, por tanto, se trataba de limar todo tipo de asperezas para lo cual prácticamente se avanzaba palabra por palabra.

SORPRENDIDO DIRIGENTE PIDE LA PALABRA

Uno de los asistentes a la asamblea en que no se discutía nada importante era Juan Cáceres, dirigente de la Federación Universitaria de Ica, gremio estudiantil de la flamante Universidad San Luis Gonzaga de Ica, creada legalmente en 1955 pero que recién había comenzado a funcionar en 1961 luego de movilizaciones, toma de locales y marchas de prácticamente todas las instituciones representativas de Ica. Durante la reunión en más de una oportunidad hubo bromas sobre la delegación de Ica ya que era notable lo bisoños que eran sus integrantes.

EL aburrimiento en esa asamblea se terminó cuando se leyó una moción -que se decía de urgencia- firmada por Max Hernández, Walter Palacios, Juan Cáceres y varios firmantes más, todos vinculados a distintos FER y la mayoría además de conocida militancia en el PCP.

Cuando Cáceres comprobó que ni Hernández ni Palacios se encontraban presentes entendió que debía fundamentar la moción. No la había suscrito, pero sobreentendió que sus camaradas habían considerado que aparecieran como firmantes los dirigentes más representativos de San Marcos, Trujillo, Ica y otras universidades. Como tampoco había escuchado el texto de la moción con atención, solicitó la palabra y pidió que previamente la leyeran otra vez…

El documento era muy corto. Manifestaba la satisfacción del estudiantado nacional por la canonización del santo y la felicitación al gobierno peruano por haber designado 1962 como “Año de Fray Martín de Porres”.

Cáceres, evidentemente sorprendido por tener que hablar, hizo referencia al hecho que el nuevo santo era mulato y habló de la importancia de este hecho considerando la discriminación racial existente en muchos países. Continuó hablando de lo humilde de su origen en un mundo de clases sociales oprimidas e intentó ligar al santo con el hecho que no sólo universidades antiguas como San Marcos, la de Arequipa o la de Cusco, sino también abiertas como la de Ica o reabiertas como la de Ayacucho tenían nombres de santos.

SORPRENDIDO DIRIGENTE DEJA DE HABLAR

En esos momentos ingresó Max Hernández al salón y, después de preguntarle a alguien qué estaban tratando, dijo en voz alta ”Yo no he firmado esa moción”.  Antes que Cáceres prosiguiera con su discurso, ingresó Walter Palacios y ocurrió lo mismo. En ese momento, Cáceres todavía extrañado por lo que estaba pasando dejó de fundamentar la moción para dirigirse al director de debates diciendo “Yo tampoco la he firmado” y se sentó dejando de hablar. Hubo un silencio y luego se escucharon sonoras carcajadas, mientras que un sonriente director de debates indicaba que al no reconocer sus firmas sus primeros patrocinadores consideraba retirado el documento.

En esos momentos en la parte posterior de la sala de reuniones Magno Romero Diaz, un sanmarquino nacido en Chiclayo que años después sería considerado “El joven del año” por una publicación, nos decía sonriente a dos o tres de sus camaradas democristianos: “Vean como con cuatro o cinco líneas y unos nombres me fue posible romper el aburrimiento de la reunión”.

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