El 6 de mayo de 1962 el Papa Juan XXIII presidió la consagración como santo de fray Martín de Porres, religioso peruano que vivió en Lima a finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII. A la ceremonia realizada en El Vaticano concurrieron autoridades eclesiásticas peruanas y representantes del gobierno en ese entonces presidido por Manuel Prado Ugarteche, el mismo que meses antes había decretado que 1962 fuera denominado “Año de Fray Martín de Porres”. Por cierto, además asintieron centenares de católicos peruanos.
En Lima fueron numerosas las actividades
religiosas que se produjeron desde semanas antes y que se prolongarían días
después. Fueron múltiples las actividades que demostraron la confianza de miles
de peruanos en el nuevo santo. Confianza no sólo durante décadas a partir de su
beatificación en 1837 sino expresada en siglos anteriores desde cuando murió en
el año 1620.
DISPUTADAS ELECCIONES PRESIDENCIALES
Pero los primeros meses de 1962 estuvieron
marcados por la campaña para las elecciones convocadas para el 10 de junio.
Debo advertir a esta altura de la crónica que
si bien mi memoria sitúa hechos en mayo de 1962, cabe la posibilidad que más de
sesenta años después errara con alguno que hubiese ocurrido semanas antes o
semanas después de ese mes.
A mediados de mayo, un sector de observadores
políticos consideraba como inminente el triunfo del Partido Aprista Peruano -APRA-
que tenía como candidato presidencial a su fundador y jefe Víctor Raul Haya de
la Torre, que luego de más de tres décadas de persecución -incluyendo cinco
años asilado en la embajada de Colombia en Lima- había logrado en los últimos
casi seis años vivir con absoluta libertad y sin ningún tipo de amenazas. Una
clara muestra era la devolución en 1957 del local partidario conocido como “La
casa del pueblo,” confiscado durante el gobierno odriísta para que albergara un
colegio.
Otro sector de analistas políticos pensaba que
el arquitecto Fernando Belaunde Terry podía lograr la presidencia, considerando
que desde 1956, cuando sorpresivamente quedó segundo en las elecciones
presidenciales, fundó el partido Acción Popular e inició un recorrido “pueblo
por pueblo” a lo largo y ancho del Perú logrando ser un líder conocido por gran
parte de los electores del país.
Pero unos y otros consideraban que el general
Manuel A. Odría, dictador en el “ochenio” 1948 - 1956 estaba muy relegado en
comparación con sus dos principales rivales.
DEBÍA DEFINIRSE ENTRE TRES, PERO…
Nadie imaginaba que varios días después de
iniciado julio no se supieran los resultados de la votación presidencial,
aunque sí se conocieran los resultados de las elecciones de senadores y
diputados. Se viviría una fuerte tensión en el país, ya que el avance de los
cómputos indicaba que Haya tenía una ligerísima ventaja en el resultado final. Belaunde
y muchos de sus partidarios -incluyendo parlamentarios virtualmente electos- comenzaron
a hablar de fraude. El candidato de AP viajó a la ciudad de Arequipa. Allí con un
grupo de seguidores levantó barricadas en un par de calles del centro de la
ciudad. Sostenía que sus acciones eran para defender su triunfo ante la
inminencia de un fraude.
Alrededor del 10 o 12 de julio, en el Congreso
comenzaron a juramentar los representantes electos. Ninguna agrupación tenía la
mayoría de los parlamentarios, aunque los apristas constituían la primera
minoría, seguida por los acciopopulistas y, bastante rezagados, los odriístas.
Muy pocos de los juramentados eran de Acción Popular, agrupación que decidió
que sus parlamentarios electos no juramentaran, decisión que la mayoría de
ellos acató.
El 17 de julio se esperaba que el Jurado
Nacional de Elecciones declararía que ningún candidato había alcanzado el 33%
de los votos, mínimo constitucionalmente requerido. Y que, por tanto, correspondería
que el nuevo Congreso eligiera entre los tres primeros: Haya de la Torre, Belaunde
Terry u Odría.
En la noche de ese mismo día se conoció que el
APRA, que lograba estrechamente el primer puesto en la votación presidencial,
consciente del “veto” de los militares a Haya y la inminencia de un golpe
militar, había decidido que en el Congreso su bancada votara por Odría, quien
había terminado en el tercer lugar bastante alejado de los dos primeros. Sin
embargo, en la madrugada siguiente se produjo un golpe militar decidido por el Comando
Conjunto de las Fuerzas Armadas que destituyó al presidente Prado cuando sólo le
faltaban diez días para terminar su mandato. No se trató de un golpe clásico encabezado
por un caudillo sino un golpe institucional (Ver crónica "Elecciones que vivíen los cincuenta y sesenta" del 18 de diciembre de 2017), La
decisión se tomó alegando que se había producido un fraude electoral por lo que
se convocó a nuevas elecciones para el 9 de junio del año siguiente.
CONGRESOS ESTUDIANTILES DEL 59 AL 63
Por esa época, en la Juventud Demócrata
Cristiana se estaba organizando la Coordinadora de Frentes Estudiantiles Social
Cristianos, COFESC, como manera en que militantes DC trabajando con sectores
independientes participaran en la política gremial universitaria, donde tenía
presencia el FER, Frente Estudiantil Revolucionario, conducidos por militantes
del Partido Comunista Peruano, PCP y el FUR, Frente Universitario Reformista,
ligados al APRA. Se comenzaba a idear la forma de trabajar para organizar un Frente
Estudiantil Social Cristiano, FESC, en las universidades existentes y las que
comenzaban a funcionar como la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica o
la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga en Ayacucho.
Federico Velarde Valdivia fue el primer
coordinador de COFESC por esos meses y desde años antes en los eventos
universitarios era el responsable de coordinar a los distintos delegados
vinculados a la JDC, primero, y luego a los FESC. Había asistido en Trujillo al
V Congreso Nacional de la FEP, en octubre de 1959, donde dando fin a un largo
periodo de predominio aprista, se eligió a Oscar Espinoza Bedoya como
presidente de la FEP y año y medio después en Arequipa al VI Congreso Nacional
en mayo de 1961, donde se eligió presidente a Max Hernández, hoy destacadísimo
psiquiatra y secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional. Posteriormente Fico
estaría en Ica para el VII congreso en agosto de 1962 en que fue elegido presidente
Walter Palacios Vinces, que posteriormente tendría intensa y accidentada vida
política. También estuvo en Ayacucho para el VIII congreso en octubre de 1963,
en que resultó elegido presidente Gustavo Espinoza Montesinos, quien años
después sería secretario general de la Confederación General de Trabajadores
del Perú, CGTP, y diputado. En Ica y Ayacucho yo fui uno de los dos o tres
democristianos que secundábamos a Fico en las tareas de coordinación política
dentro de esos congresos.
Mientras Espinoza Bedoya, ex presidente de la
ACUNI, Asociación de Centros de la Universidad Nacional de ingeniería, era
militante democristiano, los tres que lo siguieron en el cargo pertenecían al
FER de su respectiva universidad. Hernández era un independiente de izquierda
que presidía la Federación Universitaria de San Marcos, FUSM. Palacios era
militante del MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, nombre adoptado por
quienes habían renunciado al APRA en 1961 y que inicialmente se habían
denominado Apra Rebelde, y presidía la Federación Universitaria de Trujillo.
Espinoza Montesinos era militante del Partido Comunista Peruano, PCP, y
presidía la federación estudiantil de la Escuela Normal Superior Enrique Guzmán
y Valle, más conocida como La Cantuta. Yo lo había tratado en una reunión
clandestina en que acompañé a Rafael Roncagliolo (Ver crónica “Algunas reuniones clandestinas en 15 años” del
25 de setiembre de
2020)
UN SOLITARIO VICEPRESIDENTE
Pero volviendo a mayo de 1962. Inusitadamente
un DC -José Alvarado Jesús- resultó elegido vicepresidente de la FUSM. Me
explico, el FER estaba postulando a Antonio Meza Cuadra, estudiante de Medicina
que llevaba a la vicepresidente a un estudiante de Derecho. Había un candidato
aprista cuyo nombre no recuerdo. José Santos Chichizola, quien sería un
consagrado jurista en las siguientes décadas, era candidato presidencial de un
frente independiente que impulsaba la JDC y que llevaba a Alvarado Jesús como
candidato a vicepresidente. Y casi al cierre de las elecciones se inscribió
como candidato presidencial independiente Juan Alberto Campos Lama, generando
una crisis en el FER. En ese momento creo que estábamos a ocho o diez días de
las elecciones.
Campos Lama había sido un destacado líder
estudiantil aprista, que había sufrido persecuciones durante el gobierno de
Odría, pero que había renunciado al Apra integrándose al FER y con ese respaldo
había llegado a la presidencia de la FUSM un par de años antes y obligado a
renunciar por una campaña periodística en su contra que sería muy largo
detallar. Percibido como candidato de izquierda, Campos -un extraordinario
orador- con sus encendidos discursos en los primeros días claramente amenazaba
la victoria que inicialmente consideraba segura el FER y en especial la
Juventud del PCP que lo dirigía.
Faltaban cinco o seis días para las
elecciones, el FER retiro la candidatura de Meza Cuadra, dejando sólo al
candidato a vicepresidente e inmediatamente sus militantes comenzaron una
campaña por el “voto cruzado”: votar por Campos Lama para presidente y por el
candidato del FER a la vicepresidencia. La estrategia no funcionó. Si bien
Campos ganó ampliamente a Santos -que quedó segundo- y al candidato aprista,
José Alvarado -con menos de la mitad de votos- ganó la vicepresidencia al
candidato aprista y al candidato del FER.
UNA DESEMBARCADA INESPERADA
Hago un paréntesis. No sabía yo en 1962 que a partir
de 1976 por unos cinco años realizaría un intenso trabajo político con Meza
Cuadra y desarrollaríamos una gran amistad. Seríamos él secretario general y yo
subsecretario general del recién fundado Partido Socialista Revolucionario, PSR, (Ver crónica “Nace un nuevo partido” del 21 de noviembre de 2014). En algún momento en que hablamos de experiencias
políticas pasadas, me contó entretelones de su “renuncia” a la candidatura
presidencial a la FUSM que me sorprendió: él se enteró que ya no era candidato
cuando regresó a Lima de un corto viaje…
Iniciado el trabajo de su candidatura, lo contactó Guillermo Herrera Montesinos -creo que responsable del trabajo del PCP en San Marcos- para indicarle que habría una reunión importantísima con dirigentes estudiantiles chilenos en Arica y consideraban indispensable que Antonio presentara la experiencia de su trabajo como secretario general del Centro de Estudiantes de Medicina. Le añadió que no se preocupara por la campaña electoral que estaba caminando muy bien. Antonio viajó a Tacna, pasó a Arica, participó de una reunión que no tenía la importancia que Herrera le había manifestado y regresó a Lima en cuatro días. Al llegar se encontró que el personero de la lista lo había retirado el mismo día que estaba en Arica y que los integrantes del FER estaban desde dos días antes divulgando el “voto cruzado” con Campos Lama como candidato presidencial.
Vayamos a otro hecho de la política universitaria. Por esos mismos días se realizó una asamblea nacional de delegados de la FEP, instancia inferior al congreso nacional y superior a la junta directiva. No recuerdo detalles de esa reunión, ni siquiera en qué local se realizó. Sólo la asocio con la consagración de Fray Martín de Porres.
La reunión se había iniciado una tarde,
prolongado durante varias horas y continuaba en la madrugada. La asistencia
estaba raleada y aparentemente lo que se discutía no era importante. El
director de debates propiciaba que nadie concretara nada o que se hablara sobre
hechos inconexos. Fuera de la sala principal se conversaba sobre un
pronunciamiento que todos querían se aprobase por unanimidad y, por tanto, se
trataba de limar todo tipo de asperezas para lo cual prácticamente se avanzaba
palabra por palabra.
SORPRENDIDO DIRIGENTE PIDE LA PALABRA
Uno de los asistentes a la asamblea en que no
se discutía nada importante era Juan Cáceres, dirigente de la Federación
Universitaria de Ica, gremio estudiantil de la flamante Universidad San Luis
Gonzaga de Ica, creada legalmente en 1955 pero que recién había comenzado a
funcionar en 1961 luego de movilizaciones, toma de locales y marchas de
prácticamente todas las instituciones representativas de Ica. Durante la
reunión en más de una oportunidad hubo bromas sobre la delegación de Ica ya que
era notable lo bisoños que eran sus integrantes.
EL aburrimiento en esa asamblea se terminó
cuando se leyó una moción -que se decía de urgencia- firmada por Max Hernández,
Walter Palacios, Juan Cáceres y varios firmantes más, todos vinculados a
distintos FER y la mayoría además de conocida militancia en el PCP.
Cuando Cáceres comprobó que ni Hernández ni
Palacios se encontraban presentes entendió que debía fundamentar la moción. No
la había suscrito, pero sobreentendió que sus camaradas habían considerado que
aparecieran como firmantes los dirigentes más representativos de San Marcos,
Trujillo, Ica y otras universidades. Como tampoco había escuchado el texto de
la moción con atención, solicitó la palabra y pidió que previamente la leyeran
otra vez…
El documento era muy corto. Manifestaba la satisfacción
del estudiantado nacional por la canonización del santo y la felicitación al
gobierno peruano por haber designado 1962 como “Año de Fray Martín de Porres”.
Cáceres, evidentemente sorprendido por tener
que hablar, hizo referencia al hecho que el nuevo santo era mulato y habló de
la importancia de este hecho considerando la discriminación racial existente en
muchos países. Continuó hablando de lo humilde de su origen en un mundo de
clases sociales oprimidas e intentó ligar al santo con el hecho que no sólo
universidades antiguas como San Marcos, la de Arequipa o la de Cusco, sino
también abiertas como la de Ica o reabiertas como la de Ayacucho tenían nombres
de santos.
SORPRENDIDO DIRIGENTE DEJA DE HABLAR
En esos momentos ingresó Max Hernández al
salón y, después de preguntarle a alguien qué estaban tratando, dijo en voz
alta ”Yo no he firmado esa moción”.
Antes que Cáceres prosiguiera con su discurso, ingresó Walter Palacios y
ocurrió lo mismo. En ese momento, Cáceres todavía extrañado por lo que estaba
pasando dejó de fundamentar la moción para dirigirse al director de debates
diciendo “Yo tampoco la he firmado” y se sentó dejando de hablar. Hubo un
silencio y luego se escucharon sonoras carcajadas, mientras que un sonriente
director de debates indicaba que al no reconocer sus firmas sus primeros
patrocinadores consideraba retirado el documento.
En esos momentos en la parte posterior de la
sala de reuniones Magno Romero Diaz, un sanmarquino nacido en Chiclayo que años
después sería considerado “El joven del año” por una publicación, nos decía
sonriente a dos o tres de sus camaradas democristianos: “Vean como con cuatro o
cinco líneas y unos nombres me fue posible romper el aburrimiento de la reunión”.
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