Me desperté a las siete de la mañana. Era el domingo 8 de abril de 1990. Ese día se realizaban las elecciones generales, no sólo para la presidencia de la república sino también para elegir a senadores y diputados. En un par de horas debía dirigirme a la casa de Alfonso Barrantes Lingán, candidato a la presidencia de la república por Izquierda Socialista, IS. alianza electoral que integrábamos el Partido Socialista Revolucionario, PSR, del cual yo era secretario general, y el Partido Comunista Revolucionario, PCR, al cual se había sumado el Partido Demócrata Cristiano, PDC.
También integraban IS otras agrupaciones de izquierda
sin inscripción legal con las cuales habíamos coincidido en posiciones desde la
época previa al I Congreso Nacional de Izquierda Unida, IU.
INQUIETUD POR IRRUPCIÓN DE UN DESCONOCIDO
Desde hacía treinta horas yo seguía pensando en
Alberto Fujimori, hasta unos diez días antes un casi desconocido candidato
presidencial que sorpresivamente había aparecido cuarto en las encuestas que
habían trascendido -ya que estaba prohibido publicarlas en las dos últimas
semanas de campaña- y que aparentemente aumentaba su intención de voto cada
día.
A las ocho de la noche del viernes anterior, me
encontraba en el local de Canal 7, estación de televisión estatal, junto con
casi medio centenar de postulantes al Parlamento de diversos partidos y frentes,
convocado para una entrevista de un par de minutos en las últimas horas en que
se podía hacer propaganda electoral.
Cuando conversaba con algún compañero, me pasó la voz José -Pepe- Tassara, gerente general del canal a quien conocía
desde 1965 cuando él militaba en la Juventud Demócrata Cristiana, JDC, en el
Cusco. Me hizo una seña para que me acercara, nos saludamos efusivamente y me
invitó a subir a su oficina. Me señaló una mesa con muchos papeles con números
o gráficos. Me dijo que a diario le llegaban encuestas que realizaban
extraoficialmente algunas dependencias del gobierno. Y mostrándome diversos
cuadros, me señaló que Fujimori no existía al comenzar marzo, pero al terminar
la primera semana tenía 2% de la intención de voto, en la segunda 5%, en la
tercera 10 %, en la cuarta 15 % y al comenzar abril estaba sobre 20 %.
También me dijo algo
que me preocupó más. Que en esas cinco semanas Fujimori le había quitado un 20%
de votos a Henry Pease -candidato de Izquierda Unida IU-, un 10% a Mario Vargas
Llosa, candidato de la alianza electoral Frente Democrático -FREDEMO- que
encabezaba las encuestas y casi el 80% a Barrantes. Añadió que prácticamente no
le había quitado votos al candidato del gobernante Partido Aprista, Luis Alva
Castro. Después de mostrarme las cifras, Pepe Tassara sentenció: “Flaco,
felizmente las elecciones son este domingo, porque si fuera la próxima semana, tu
candidato Barrantes se queda sin un voto”.
RECUERDOS CAMINANDO A CASA DE BARRANTES
Alrededor de las nueve de la mañana de ese domingo salí
hacia la casa de Barrantes. Fui a pie ya que mi casa en la urbanización La
Capullana estaba sólo a unos 400 metros de la de nuestro candidato. El Volkswagen
de la familia quedaba para Ana María, mi esposa, que después de votar iría con
mis tres hijos a almorzar en la casa de mis suegros en el Callao.
La caminata hacia la casa de Alfonso me sirvió para
revivir recuerdos de mi actividad política junto a él. Retrocedí seis años y
medio hasta el 20 de noviembre de 1983 cuando hice el mismo camino para llegar entusiasmado
a esa misma casa para acompañar a Barrantes a votar en un local del centro de
Lima. En pocos segundos recordé que ese día de noviembre se realizaban las
elecciones municipales y Alfonso era el candidato de IU a la alcaldía de Lima.
Aunque los analistas señalaban a Alfredo Barnechea, candidato del APRA, como
quien tenía mayores posibilidades de ganar, estaba yo convencido que el triunfo
de Barrantes no era una posibilidad remota, era absolutamente posible… (Ver crónica “Barrantes triunfante en Lima” del 25 de noviembre de 2018).
Cuando pocas semanas después, el primero de enero de
1984, Alfonso y el equipo de regidores de IU encabezados por Henry Pease juraron
a sus cargos en el palacio municipal de Lima en presencia del presidente de la
república Fernando Belaunde Terry, estaba claro que Barrantes sería el candidato
indiscutible de IU para las elecciones presidenciales cuya primera vuelta se
realizaría el 14 de abril de 1985.
No había terminado de sentarse en el sillón de la
alcaldía, cuando militantes de base así como analistas políticos de distintas
tendencias estaban seguros de que quince meses después Barrantes sería
candidato presidencial.
La de 1985 fue indudablemente una esforzada campaña
electoral en que acompañado de los candidatos a vicepresidentes -el senador
Enrique Bernales y el diputado Agustín Haya de la Torre- Alfonso recorrió el
país enfrentando principalmente a la candidatura del joven diputado aprista
Alan García Pérez. Pese a que era evidente la arrolladora campaña del líder
aprista, sentí satisfacción por la gran campaña realizada por IU.
Aunque García ganó
ampliamente las elecciones y duplicó los votos válidos de Barrantes y que éste declinó
participar en la segunda vuelta en junio de 1985, el liderazgo del entonces
alcalde se mantuvo incólume. Hay que considerar que gracias a esa campaña, IU se convirtió en
1985 en la segunda fuerza en el Congreso. Obtuvo 15 de los 60
senadores y 48 de los 180 diputados.
CAMPAÑA ENFRENTANDO A PRESIDENTE
En las elecciones municipales
del 9 de noviembre, cuando IU y Barrantes intentaba la reelección para la
alcaldía de Lima, hubo una campaña “tramposa” ya que el presidente Alan García
tuvo participación transcendental realizando acciones y lanzando mensajes en
apoyo a Jorge Del Castillo, candidato de su partido, con mucho mayor
protagonismo que el propio postulante.
La dirigencia de IU
-incluido el propio Barrantes- no tomamos en cuenta que quince meses después de
asumir la presidencia, García mantenía el apoyo de gran parte del electorado.
Aun no se había iniciado la galopante inflación -que fue una de las peores
ocurridas en el mundo- y que motivó una gran desaprobación. Para muchos el
verdadero contendiente de Barrantes para la alcaldía de Lima resultó García (Ver crónica “Campaña electoral con toque de queda” del 29 de agosto de 2020).
La discutida
participación de García y varias maniobras del Apra motivaron discusiones e
impugnaciones que demoraron la proclamación de los ganadores en Lima. Del
Castillo ganó ajustadamente y su juramentación se realizó tres semanas después
de la fecha en que debió hacerse.
La para muchos
injusta derrota de Barrantes en su intento de reelección como alcalde de Lima
no disminuyó en nada su liderazgo y ya los analistas consideraban en 1987 que
tenía grandes posibilidades de ganar las elecciones presidenciales previstas
para abril de 1990.
CANDIDATURA CON LA
IZQUIERDA DIVIDIDA
En los siguientes treinta
meses, sin embargo, cambiaría el panorama. En mayo de 1987 Barrantes renunció a
la presidencia de IU. En enero de 1989, el PSR y PCR junto con otras fuerzas
sin inscripción legal no aceptamos la constitución de la directiva nombrada en
el congreso de IU y se produjo la ruptura del frente y la posterior inscripción
de dos fórmulas presidenciales para las elecciones de 1990: la de IU encabezada
por Pease y la de IS por Barrantes (Ver crónica “Cuando la unidad no fue posible” del 29 de enero de
2019).
Tanto en las
elecciones generales de abril de 1985, como en las municipales de noviembre de
1986, en que Barrantes fue el candidato principal de IU, nos enfrentamos al
APRA en sus mejores momentos en varias décadas que había logrado reducir
significativamente el “antiaprismo” como sentimiento de importantes sectores
del país y había superado con éxito el recambio generacional de liderazgo.
Pese a esa situación
difícil para IU, los días de la votación los había yo enfrentado en ambos casos
con el mismo optimismo que había tenido para la elección de noviembre de 1983
en que Barrantes triunfó. No pensando necesariamente en ganar las elecciones sí
en superar las expectativas.
Pero esa mañana de
abril de 1990, al llegar a la casa 63 de la Manzana M de La Capullana, no me
sentía optimista aunque traté de no demostrarlo cuando saludé a algunos
dirigentes de IS que ya se encontraban conversando con Barrantes.
El rostro de Barrantes revelaba que estaba informado sobre el avance de Fujimori, aunque no estoy seguro si también sobre que estaba creciendo en gran medida quitándole votos a él. Era algo difícil de digerir para quien en gran parte de la campaña se sentía como seguro participante de la segunda vuelta.
El candidato hablaba muy poco y dijo que iría más tarde a votar. No quiso acompañamiento para ir a su lugar de votación. Dijo que prefería conversar con nosotros después de cerrarse la votación. Quedamos en recibir juntos los “flash” electorales en casa de Francisco Guerra García, quien encabezaba la lista de senadores de IS.
DERROTA CONTUNDENTE
A las cuatro de la
tarde, unas cuarenta personas nos quedamos mudos frente al televisor en casa de
Pancho Guerra. Los resultados extraoficiales fueron: Vargas Llosa 32.6%,
Fujimori 29.1 %, Alva Castro 22.5 %, Pease 8.2% y Barrantes 4.7%.
No volvimos a ver a
Barrantes ese día…
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