viernes, 30 de octubre de 2026

DÍAS PREVIOS AL NACIMIENTO DEL PSR (1976)

Retrocedo medio siglo hasta fines de octubre y las tres primeras semanas de noviembre de 1976. Y trato de reconstruir un día cualquiera de esa etapa.  Pasadas las once de la noche dejaba en su casa a José María -Chema- Salcedo. Ambos integrábamos la flamante Dirección Nacional del Partido Socialista Revolucionario, PSR, que presidía el general Leonidas Rodríguez Figueroa. Esa dirigencia inicial había sido autoconvocada y nos habíamos impuesto la tarea de fundar el partido.

Aunque en ese momento no lo sabíamos, Leonidas, Chema y yo seríamos los únicos integrantes de esa dirección nacional, DN, que seríamos reelegidos en tres congresos partidarios, realizados en 1978, 1982 y 1986, y los tres renunciaríamos en 1991, “recuperando nuestra independencia”, junto con la mayoría de los fundadores, figuras públicas y dirigentes jóvenes del PSR.

En esos días todos estábamos dedicados, entre otras labores, a la obtención de firmas que aparecerían en el manifiesto de fundación.  Creo que llegamos a tener más de ciento veinte nombres. Todo los comprometidos sabían que en el texto definitivo podían quedar o no sus nombres.

CELULAS PARTIDARIAS AUTOGENERADAS

Pero había otras tareas. Como Chema y yo habíamos trabajado en SINAMOS, Sistema nacional de Apoyo a la Movilización Social, en la DN acordamos que nosotros debíamos ubicar a futuros militantes que estuviesen agrupados en pequeños núcleos en entidades estatales, así como contactar con periodistas que habían sido despedidos en los diarios a partir del mes de marzo y que se mantuvieran coordinando entre sí, pero también que intentáramos encontrar algunos que aún conservaran sus puestos.

Como he relatado anteriormente, desde más o menos un año antes de la fundación del partido se habían autogenerado diversos grupos que básicamente intercambiaban opiniones entre sí en determinados centros laborales y organizaciones sociales (Ver crónica “Nace un nuevo partido” del 21 de noviembre de 2014).

Estaba claro que estas células se habían comenzado a generar después del “relevo” en la presidencia de la república del general Juan Velasco Alvarado por el general Francisco Morales Bermúdez, a fines de agosto de 1975, e intensificado luego del pase al retiro de Rodríguez Figueroa tres meses después.

Aunque posteriormente a la fundación todos los núcleos de militancia partidaria se denominaron GAP, Grupo de Acción Política, previamente al nacimiento del PSR cada uno era bastante distinto debido a la principal actividad que realizaban. Veamos algunos ejemplos. Varios de los grupos que apoyaban a las organizaciones campesinas, buscaban asesorar a dirigentes identificados con la Reforma Agraria que había impulsado el gobierno de Velasco, e identificar y combatir a sectores que buscaban cambiar a la dirigencia para quitarle fuerza o para que tuviera una línea política ultraizquierdista. Por su parte otros grupos fundamentalmente de jóvenes de pueblos jóvenes buscaban cómo enfrentar con “pintas” al gobierno y células vinculadas al aparato estatal intercambiaban ideas que podrían estar posteriormente en un plan de gobierno. Lo que era común a todos estos grupos era el apoyo a las reformas impulsadas por Velasco y su condena a las medidas que estaba tomando el gobierno, llamado de la segunda fase, presidido por Morales Bermúdez.

MILITANCIA ENCUENTRA A SU DIRIGENCIA

Recuerdo especialmente cuando José María y yo nos reunimos con un grupo vinculado a la reforma de la educación. Alguno de sus integrantes había contactado al general Arturo Valdés Palacio, a través de su esposa, María Cavassa, porque tenía un grupo que quería hablar sobre “la situación política del Perú”. Arturo había sido pasado al retiro cuatro meses antes y era dirigente nacional del aun no existente PSR. Hizo saber al grupo que íbamos a ir en su nombre Chema y yo. Luego de conocer a los siete u ocho de sus integrantes, nos quedó claro que podían hacer muchos aportes en un futuro plan de gobierno en un tema tan importante, pero independientemente de eso, comprobamos que tenían muy buena información sobre los conflictos entre sectores del propio gobierno. En la reunión con ese grupo pudimos encontrar por lo menos a dos compañeros que un par de años después integrarían la primera dirección nacional elegida en un congreso.

Aunque han pasado cincuenta años recuerdo mucho ese encuentro, porque significó que un grupo de base encontró a su dirección y una dirigencia nacional descubrió a sus militantes. Nos convocaron a una antigua casa en el jirón Canta, en una calle intermedia entre la Vía Expresa y la plaza Manco Cápac en La Victoria. Después de una muy buena reunión, nos señalaron con claridad que ya les encontraban sentido a sus reuniones de varios meses. Habían pensado que quizás no podían hacer nada, pero esa noche se habían dado cuenta que no solamente se estaba pensando en lo mismo que ellos en varios otros círculos, sino que existía ya el núcleo de una dirección a la cual desde ese momento se sentían ligados y por tanto dispuestos a aportar con ideas y a cumplir con tareas. Además, en los siguientes días nos pusieron en contacto con dos o tres grupos similares que funcionaban en otras dependencias estatales, uno de ellos vinculado al INRED, Instituto Nacional de Recreación, Educación Física y Deportes.

PREPARÁNDOSE PARA DIFUNDIR

Las reuniones con periodistas fueron más operativas. Recuerdo varias en un departamento de la avenida Dos de Mayo en San Isidro, en que participaron despedidos de los diarios La Prensa y Expreso. Se trataba de tener preparadas las coordinaciones para mantener informado a los colegas que aún seguían laborando en los medios de comunicación. También a aquellos periodistas que trabajaban para la prensa extranjera. Se sabía que era muy difícil, pero se podía encontrar la forma que algunas notas pudiera salir publicadas. incluso se delineó con varios la posibilidad de hacer preguntas a los funcionarios del régimen que condicionaran sus respuestas. Esto último lo habíamos probado un par de meses antes, cuando Rafael Roncagliolo -Rafo- se encontraba asilado en la embajada de México, pero en ningún diario se había informado de este hecho. Se le preguntó al ministro del Interior, general Luis Cisneros Vizquerra, si Roncagliolo tenía orden de detención y contestó que no añadiendo que no sabía por qué se había asilado, aunque consideraba posible que lo hubiese hecho porque “la conciencia lo acusa”. En su respuesta quedó confirmado que Rafo estaba asilado.

Cuando dejaba a Chema en su casa, veníamos de tener un par de reuniones del tipo que he descrito, un núcleo de potenciales militantes del nuevo partido o con algunos periodistas que además de militantes cumplirían importantes labores en la etapa inicial del PSR. O también después de haber participado en alguna reunión de la DN.

ACTIVIDADES PARA ABRUMARSE

Hago un paréntesis personal. Sólo recordando cómo eran esos días me siento abrumado. Me levantaba a las seis de la mañana, salíamos de nuestra casa con Ana María, mi esposa, y los dos hijos que en ese momento teníamos a las siete y cuarto, cerca de las ocho dejaba en su trabajo a Ana María y a mis hijos que la empresa en que ella trabajaba trasladaba a su Centro de Educación Inicial en que permanecerían hasta la hora de salida. Yo me iba a DESCO, la ONG donde trabajaba y de donde algunas veces me “escapaba” para alguna reunión partidaria corta. Salía a las cinco y media de la tarde, recogía a mi familia y nos regresábamos a casa. Y de allí salía cerca de las siete de la noche para encontrarme con Chema y participar de una o dos reuniones hasta pasadas las diez y media de la noche. Recordando todo esto me siento cansado hoy, pero comprendo que tengo 50 años más de lo que tenía cuando realizaba todas esas actividades. Evidentemente no es lo mismo tener cincuenta años más o cincuenta años menos…

FINALMENTE, MANIFIESTO PUBLICADO

El 18 o 19 de noviembre cerramos la recolección de nombres y firmas y nos planteamos elaborar una lista de cincuenta respaldando nuestro documento fundacional. Después de poner y sacar nombres varias veces, en la lista final de quiénes apareceríamos como los fundadores del PSR, se optó porque fueran sesenta los firmantes.

Se puso especial interés en que se vieran reflejados distintos sectores: dirigentes campesinos, comuneros industriales, dirigentes sindicales, dirigentes juveniles, periodistas, dirigentes gremiales de médicos, dirigentes sociales de distintos departamentos del país. Había algunos de menos de veinte años, pero también mayores de 70. También mujeres, aunque no tantas como hubiéramos deseado.

Por cierto, considerando que en el inicio del manifiesto se señalaba: “El reconocimiento de las trascendentes reformas estructurales realizadas a partir del 3 de octubre de 1968, en el proceso que condujo la Fuerza Armada, que han significado un profundo cambio en importantes sectores de nuestra sociedad y en el desarrollo de las luchas de nuestro pueblo por su definitiva liberación”, resultaba coherente que aparecieran entre los firmantes cuatro militares retirados: los generales Rodrpiguez Figueroa y Valdés Palacio, el contralmirante Jorge Dellepiani y el capitán de navío Manuel Benza Chacón. Cuarenta días después de la publicación, los cuatro serían deportados.

Los días previos a la aparición del manifiesto fundacional del PSR fueron particularmente tensos, ya que después de haber pagado por su publicación en el diario La Prensa, sus funcionarios indicaron que no lo publicarían. Después de varias conversaciones con el director del periódico, Luis Jaime Cisneros, se publicó seis días después de lo que pensábamos inicialmente. Y desde allí comenzó un intenso quehacer partidario en que recibimos todo tipo de ataques por parte de voceros del gobierno, en especial el general Cisneros (Ver crónica “40 días intensos, 40años atrás” del 19 de noviembre de 2016).

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