El domingo 5 de abril último a las siete y media de la noche José María -Chema- Salcedo me envió un mensaje: “Alfredo felicidades por tu opus magna. Un abrazo”. Se refería al libro electrónico “Testimonio de una época” que yo había coordinado con semblanzas, testimonios, ensayos y una breve historia de los quince años de existencia del Partido Socialista Revolucionario, PSR, del cual en noviembre de 1976 habíamos sido ambos fundadores y miembros de su primera directiva nacional.
Leí el mensaje y me sentí optimista sobre la evolución
de la salud de Chema. Me había comunicado con él tres días antes, luego de que le
hicieran una intervención en el Hospital Loayza y aparentemente sería dado de
alta en la siguiente semana. Como ya está con su celular a la mano lo llamaré
mañana, me dije. No me imaginaba que había leído su último mensaje…
Horas después, a las seis de la mañana del lunes,
recibí una llamada telefónica de Milagros Huamán, gran amiga de Chema, quien me
comunicó que había fallecido esa madrugada debido a un paro cardiaco. Si bien
ella estaba en Estados Unidos, coordinaba permanentemente a un grupo de amigas
que se turnaban para acompañar a Chema en el hospital.
ESPERABA QUE CHEMA SUPERARA LOS 80
Este 12 de septiembre José María hubiera cumplido 80
años. Desde más o menos 1970 lo había llamado por teléfono para saludarlo por
su cumpleaños o dado personalmente un abrazo o, en la última década, enviado un
mensaje de voz o escrito un correo electrónico.
Después de abril de 2018, cuando se sometió a una complicada
operación que duró cerca de 18 horas para extirpar un cáncer, que incluyó
rehacerle la mandíbula, en más de una ocasión habíamos conversado sobre su
nueva esperanza de vida. Como mi padre llegó a los 96 años creía que podía
llegar a los noventa, decía. Y añadía que después de la operación pensaba
realistamente que quizás podía aspirar a llegar a los 82 u 85.
A pesar de que en enero de este año estuvo internado
por un par de semanas en el hospital Edgardo Rebagliategui, después de ingresar
por Emergencia, por las conversaciones personales y telefónicas con él creí que
sí podía llegar a los ochenta años. No fue así…
CUANDO LO CONOCÍ PENSÉ QUE ERA MUY SERIO
El día de su cumpleaños estuve recordando a Chema. Nos
conocimos a fines de julio de 1964, cuando asistimos al primer congreso de la
Asociación Ricardo Palma de Estudiantes Secundarios, ARPES, realizado en
Trujillo. Él era uno de los asesores de la delegación de Lima y yo de la de
Ayacucho. Cincuenta días antes yo había cumplido 22 años, cuarenta días después
él cumpliría 18. En los dos o tres días en esa ciudad norteña nos tratamos poco
y tuve una falsa imagen de él. Estuve seguro que era un joven con gran
capacidad intelectual y bastante serio. Años después comprobé su brillantez en
toda tarea que asumía, pero al mismo tiempo descubrí su habilidad para la
imitación, su facilidad para interpretar con humor cualquier situación y su gran
capacidad narrativa. Lo más lejano de una persona seria.
ARPES estaba vinculado a través de algunos militantes jóvenes
al Partido Demócrata Cristiano, PDC, y se consideraba que debía captar a
futuros universitarios que se integraran al trabajo gremial que estaba a cargo
de la Coordinadora de Frentes Estudiantiles Social Cristianos, COFESC.
Desde que en 1965 regresé a Lima había visto a Chema
en varias ocasiones en el local de COFESC y algunas veces en el local del PDC.
Pero no había tenido ocasión de hablar largo con él.
CUANDO DESCUBRÍ QUE ERA UN GRAN ACTOR
En diciembre de 1969, Francisco Guerra García, Chema y
yo fuimos invitados por la dirigencia de la Juventud DC a integrar su
delegación al Primer Congreso Ideológico del PDC, en que se aprobaron
documentos que para nosotros significaban un avance hacia la izquierda, aunque
luego comprobaríamos que las dirigencias no implementaron esas líneas (Ver crónica “Rompimiento con la Democracia Cristiana"
del 30 de enero de 2025) Ese
congreso estaba previsto para realizarse en cuatro días y debía terminar un lunes
feriado a las ocho de la noche, pero los debates fueron tan intensos que terminó
cerca de las cinco de la mañana del martes.
No recuerdo cómo regresamos, sí que alrededor de las
siete de la mañana a Chema y a mi nos dejaron en la plaza San Martín. Cansados
y somnolientos entramos al Tívoli, cafetería situada en la Colmena frente al
hotel Bolívar y al costado de donde llegaban los colectivos y microbuses del Callao.
Estábamos cerca de la salida y a través de los ventanales veíamos a apresurados
transeúntes caminando en uno u otro sentido.
Tomando nuestros cafés dobles, hablábamos de lo que se
había tratado extensamente en la reunión de ese fin de semana, cuando de pronto
vi que Chema se paraba y se dirigía corriendo a la vereda para ponerse frente a
un cura mientras juntaba las manos y le rogaba en tono humilde “Una estampita
padrecito…”, mientras le jalaba la sotana y reiteraba sus ruegos. Más de uno de
los que pasaban sobre paraban y dirigían miradas de reproche al de la toga. De
pronto escuché “No jodas José María…”, seguido de “No hable lisuras padrecito…”
Segundos después ambos ingresaron al café. No era
cura, era el seminarista jesuita Rómulo Franco Temple, que había ingresado a la
Universidad Católica en1964 con Chema, Luis Peirano y Javier de Belaunde y conformaban
un cuarteto de amigos que mantendría su amistad por cerca de sesenta años.
Justamente en esos momentos, José María era presidente de la Federación
de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica, FEPUC. Y Javier lo había
sido dos años antes.
EN HOSPITAL PSIQUIÁTRICO LO ADMITIERON COMO PACIENTE
Esa mañana conocí la faceta histriónica y cargada de
humor de Chema. En los siguientes años fui espectador de decenas y quizás
centenas de representaciones, la de un mudo que trataba que un vendedor de
helados lo entendiera, la de rotundo polemista gesticulando y haciendo como si
estuviera hablando frente a un desolado interlocutor que trataba de calibrar su
audífono ya que no oía nada, la de un dirigente de secta religiosa haciendo
rezar y poner la cara en el piso a decenas de sus seguidores, la de serio
vendedor frente a muchos transeúntes ofreciendo a precio de oferta a un
compañero al que describía como un robot “casi humano”.
Hay que añadir por cierto su representación de un
enfermo mental que le permitió ser admitido como paciente externo del hospital psiquiátrico
Víctor Larco Herrera y que le sirvió para hacer un gran reportaje sobre los
enfermos mentales en el Perú. Y por cierto alguna vez fui víctima de sus
representaciones. Conociendo mi incapacidad para los idiomas, me tuvo varios
minutos tratando de explicar algo telefónicamente a un periodista sudafricano…
que hablaba en inglés mezclándolo con algunas palabras en pésimo castellano.
Su gran capacidad narrativa la ejerció como periodista
desde fines de julio de 1974, cuando fue convocado por otro brillante
periodista Raúl Vargas, subdirector en ese momento del diario La Prensa,
para que fuera el jefe de la sección laboral de ese periódico. Se inició así su
carrera de periodista.
Chema ingresó al periodismo dejando de lado sus
estudios y preparación para ejercer como abogado. Desde 1974 nunca dejó el periodismo
y trabajó en prensa hablada, escrita y televisada.
PERIODISTA QUE PODÍA DIRIGIR REVISTAS Y PERIODICOS
Salcedo salió de La Prensa debido a los cambios
en la dirección de los periódicos luego que el general Morales Bermúdez asumió
la presidencia de la república a fines de agosto de 1975. Dos meses y medio
después, Chema fundó y dirigió la revista “La palabra del pueblo” que
sufrió varias clausuras en sus cortos años de vida.
José María escribió también en distintas revistas y
periódicos, destacando durante varios años sus reportajes en la revista
Quehacer de DESCO, una ONG dedicada a estudios y promoción del desarrollo desde
hace más de 60 años.
En 1991 fue presidente del directorio de TV Perú, la
empresa estatal que dirige el canal 7 de televisión y posteriormente tuvo
programas de entrevistas en canales de cable. Pero quizás más se le recuerde por
ser una de las voces características de Radio Programas del Perú, RPP, durante un
cuarto de siglo. En una oportunidad trascendió que le habían planteado dejar un
espacio noticioso y de entretenimiento que se propalaba entre 10 de la mañana y
la una de la tarde. En las semanas siguientes hubo varias ocasiones en que oyentes
entrevistados por periodistas de RPP sobre asuntos diversos, además de
contestar por los temas preguntados añadían su pedido que Chema permaneciera en
la programación de la radio. Y por supuesto que Chema quedó varios años más.
TRAGEDIA DE UCHURACCAY LO GOLPEÓ
“El Diario de Marka” comenzó a circular a fines de mayo de 1980 y en los siguientes cuatro o cinco años, fue un proyecto de prensa muy interesante hasta que se frustró por los graves problemas internos. Cuando meses después se constituyó Izquierda Unida, IU, muchos consideraron al periódico como su vocero, aunque no todos los partidos que integraban IU tenían acciones en el periódico ni todos los partidos con acciones en el periódico eran integrantes de IU. A mediados de 1982 en el directorio -donde yo representaba las acciones del PSR- se acordó que la dirección estuviera a cargo de José María. Entre las múltiples situaciones difíciles a las que enfrentó en ese cargo, la que más golpeó a Chema fue la muerte de ocho periodistas -tres de ellos de su periódico- en la localidad ayacuchana de Uchuraccay (Ver crónica "Sábado triste casi cuarenta años atrás" del 25 de febrero de 2021).
En las semanas siguientes a la masacre visité
varias veces a Chema que se sentía responsable de haber dispuesto que
integrantes del periódico fueran a buscar informaciones en el violento
departamento de Ayacucho. Incluso me contó cómo se sintió al comunicarle la
muerte del fotógrafo Pedro Sánchez a su viuda, considerando que justamente él
había sido testigo del matrimonio de ambos.
Pocos días antes de cumplirse un mes de las muertes de Uchuraccay, Chema desapareció. Durante 48 o 72 horas nadie sabía dónde estaba. Aunque había dejado disposiciones para la marcha del periódico no había forma de ubicarlo. El día del aniversario de la tragedia, El Diario de Marka publicó una extensa crónica de José María sobre la masacre. Para hacerlo, hizo sin resguardo de ningún tipo la ruta en camioneta y a pie que habían hecho los periodistas asesinados. Sólo acompañado de su colega y amigo Luis Morales Ortega, corresponsal de su periódico en Ayacucho. Aunque no me lo dijo, Chema se sintió aliviado ya que corrió los riesgos a los que se habían expuesto sus colegas fallecidos. Este hecho es una demostración de cómo se identificaba Chema con los equipos con los que trabajaba, más aún cuando los dirigía.
COINCIDIMOS PARTIDARIAMENTE
MÁS DE 20 AÑOS
Pero es también en la actividad política, que tengo recuerdos
de José María. Renunciamos al PDC en junio de 1971 y en 1976, como conté líneas antes,
estuvimos entre los 60 firmantes del manifiesto de fundación del PSR y junto
con el general Leonidas Rodríguez los únicos tres dirigentes que integramos la
Dirección Nacional inicial del partido y que en tres congresos partidarios
sucesivos fuimos elegidos dirigentes nacionales y que renunciamos a la
actividad partidaria junto con la mayoría de los fundadores y figuras públicas
en marzo de 1991. También ingresamos al mismo tiempo a trabajar en el Área Laboral
del SINAMOS, Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social, en enero de
1972 y renunciado a ese organismo gubernamental en julio de 1974.
Tengo numerosos recuerdos de las actividades partidarias con
José María, algunas tan absurdas como su inscripción en el PDC días antes de
nuestras renuncias, cuando se dio cuenta que en realidad nunca había estado inscrito,
aunque era considerado unos de los más connotados dirigentes estudiantiles DC e
incluso había representado al PDC en seminarios internacionales. Aunque ya era
periodista y había abandonado el derecho, en 1978 hizo un paréntesis para ser
el personero legal del PSR para las elecciones de la Asamblea Constituyente e
hizo alguna intervención medio jocosa ante el propio Jurado Nacional de
Elecciones. O también cómo impactó su campaña electoral municipal en Miraflores
en 1983, tanto que logró el segundo puesto para la lista de IU que encabezaba
como candidato a alcalde.
Pero quizás
uno de los periodos de actividad política junto a Chema que más recuerdo es
cuando se realizaron las elecciones para la Constituyente. En las semanas
previas, yo estaba clandestino, Chema no. Por alguna razón consideró que por
ser personero legal no iba a ser detenido. Y su pronóstico se cumplió… En todo
caso, siempre se cuidó de tener algún seguimiento para evitar poner en riesgo a
los dirigentes partidarios que estábamos clandestinos.
EN IMPRENTAS
CLANDESTINAS Y CON MALANDRINES
Nuestras reuniones
eran para analizar la situación política, pero también cuestiones relacionadas
con las actividades limitadísimas de la campaña de propaganda para las
elecciones. Es que Chema no era sólo personero legal, ya que también se
encargaba de tareas de propaganda.
Hay que
recordar que no era fácil encontrar imprentas dispuestas a encargarse de
volantes o folletos de partidos como el nuestro que estaban enfrentados al
gobierno de Morales Bermúdez. Teníamos a candidatos deportados, a dirigentes en
la clandestinidad y a Leonidas Rodríguez y otro general, Arturo Valdés, contra
quiénes había orden de deportación apenas se les apresara, como públicamente
había anunciado el gobierno. Había un disimulado rechazo aduciendo demasiado
trabajo y que no podíamos enfrentar pagando sobreprecio porque además de ser un
partido perseguido éramos un partido pobre.
José María
había logrado acceder a imprentas clandestinas. En su trabajo en SINAMOS se
había acercado bastante y apoyado a dirigencias de comunidades industriales de
grandes imprentas. Varios de esos dirigentes habían sido despedidos después del
paro nacional del 19 de julio de 1977 y habían organizado pequeñas imprentas.
Otros habían ingresado a imprentas más grandes pero clandestinas, algunas con
bastante éxito imprimiendo revistas pornográficas y ediciones piratas de libros
conocidos. En algunas de ellas, en la madrugada cuando los dueños no estaban, imprimían
a precio de costo los trabajos que llevaba José María.
Eran
peligrosos las zonas de Barrios Altos donde Chema acudía para sus trabajos de
impresión. Había conseguido sin embargo un protector: “el doctor”. Se trataba
de un exdirigente comunero, que no se sabía bien si no había podido terminar la
carrera de medicina o si le habían retirado el título por alguna mala práctica.
“El doctor” recibía en su consultorio a Chema y algunas veces se tomaban un par
de tragos antes de ir a tocar las puertas de las imprentas. Rostros siniestros de
malandrines los saludaban respetuosamente cuando se cruzaban con ellos. En los
primeros días Chema preguntó intrigado por qué tanto respeto. Bueno, le contestó
“el doctor”, todos están de acuerdo en que “el doctor” siempre esté con buena
salud, para que pueda coserles algunos cortes e incluso curarles heridas de
bala.
Pero sin duda
una actuación extraordinaria que tuvo José María fue acompañar al propio
palacio de gobierno a Leonidas Rodríguez, que encabezaba la lista de candidatos
a la asamblea constituyente del PSR. El dirigente con orden de deportación
exigió que cesara la represión. Y contra todo pronóstico pudo salir en una moto
ante la expectativa de gran número de periodistas nacionales y extranjeros y la
frustración de decenas de policías. Al lado de Leonidas, en todo momento estuvo
Salcedo (Ver crónica “Debía estar deportado y fugó en las narices de la policía” del 22 de enero de 2016)
En los siguientes años, José María siguió aportando al
trabajo partidario, aunque inició su desarrollo como el gran periodista que
todos reconocerían años después.
LA CONFIANZA NO NECESITA PAPELES
FIRMADOS
Alejados ambos de la actividad partidaria, en agosto de 1993
fundamos ViceVersa, empresa de comunicaciones que tuvo vigencia cerca de 20
años. No fue un gran negocio, pero -junto a los ingresos de Ana María, mi
esposa- nos permitió costear los estudios profesionales de nuestros tres hijos
y vivir austeramente, pero sin privaciones. Chema compartió buena parte de esos
años con trabajos periodísticos, pero pudo desarrollar proyectos muy personales
como videos y documentales.
Algo que ilustra la relación
que tuvimos como socios ocurrió cuando alguien quiso comprarnos la empresa. No
le interesaba el monto de nuestra facturación, sino que en ese momento teníamos
unos 6 años de funcionamiento ininterrumpido y una buena cartera de clientes,
aunque se trataba de clientes muy grandes que nos encargaban trabajos muy
pequeños. Conversando con Chema le dijo que después lo haría
conmigo. José María le comentó que mejor hablara conmigo. “Si Alfredo quiere
vender tienes el 100% de aceptación y si dice no significa que no aceptamos”,
le dijo.
En la misma
línea de confianza nunca quiso que su firma apareciera en las cuentas corrientes
de la empresa. Solo yo aparecía y nunca aceptó poner su firma para los bancos. Recién
fundada la empresa, cada cierto tiempo le preguntaba cuándo registraríamos su
firma y siempre decía que no había apuro. La última vez que toqué el tema, me
dijo que era mejor que no estuviera su firma. Esta empresa está hecha a base de
la confianza que hay entre nosotros y la confianza se podría perder si alguna
vez me enredo con los papeles bancarios, me dijo. En las siguientes dos décadas
sólo mi firma aparecía en los cheques de ViceVersa.
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