viernes, 25 de abril de 2014

INTRANQUILIDADES A MEDIADOS DE LOS SETENTA (1975/76)

Visto a la distancia que dan los casi cuarenta años de lo sucedido resulta ahora difícil relatar sucesos de los años 1975 y 1976, considerando que algunos de los lectores podrían haber tenido muy pocos años y algunos ni siquiera nacido. En esta crónica quiero tratar de la época en que se produjo el cambio en la conducción del llamado Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, cuando el Comandante General del Ejército, General de División Francisco Morales Bermúdez decide “relevar” de la presidencia de la república al General de División Juan Velasco Alvarado e iniciar lo que en ese momento denominó la “segunda fase” del gobierno militar.
 
De los años anteriores, desde fines de 1968 a mediados de la década del setenta, sólo quiero en esta crónica analizar esa época a partir de un factor: la inclusión social, con el propósito de entender mejor lo que pasó entonces en el Perú. Que éramos un país desigual lo sabíamos particularmente quienes en esa época ya teníamos la experiencia de la militancia política justamente por nuestro deseo de buscar la igualdad. Pero hasta qué punto éramos desiguales lo descubrimos cuando se puso en evidencia la forma en que se vivía en distintos lugares del país, particularmente en la sierra.

LIMA SE “ANDINIZÓ”

Lo que pasó en el Perú no sólo fue la adopción de medidas que –sin duda con errores- buscaban mejorar a los de abajo sino sobre todo, se dio el clima necesario para la mejora en la auto percepción de la mayoría de los peruanos. De alguna manera fueron millones de peruanos los que comenzaron a sentirse sujetos de la vida nacional. Es de esa época donde la migración que había comenzado cerca de veinte años atrás deja de estar constituida por quienes se sienten habitantes precarios de una ciudad ajena para convertirse en integrantes plenos de una capital que al “andinizarse” comenzó a ser de verdad la capital de un país esencialmente andino. Es la época en que en distintos barrios se cantaba con igual energía “Y me llamo Perú” o que se cantaba el himno nacional con la mano sobre el corazón. O que la artesanía de nuestra serranía comenzó a adornar las casas limeñas. Pero también la etapa en que más de un campesino serrano que entraba a una dependencia pública no se dirigía al funcionario diciendo “papay” sino “compañero”.

Valga como paréntesis las conversaciones con exiliados y refugiados chilenos que llegaron a fines de 1973. Una de las cosas que más les impresionaba de Lima, además de la falta de lluvia, era las empleadas domésticas. Se negaban a creer en un trato tan inhumano agravado por la incapacidad de ser conscientes de los maltratos quizás pocas veces físicos pero si morales que se infringía a seres humanos. No puede ser que haya gente que comparta la casa con uno pero que tenga que levantarse antes que todos y acostarse después de todos, pero comiendo una comida distinta a la de todos, me decían escandalizados. En conversaciones con varios de los chilenos les resultaba muy difícil entender cómo algunas familias se desprendían de una hija de diez u once años para entregarla a otra que se comprometía a hacerse cargo de su educación. Lo real era que la niña terminaba trabajando todo el día en una casa a cambio de una educación vespertina o nocturna que muchas veces ni siquiera se efectivizaba. Y sólo lo podían entender asumiendo que las familias biológicas, intuyendo lo difícil que lo iba a pasar en la capital lo consideraban mejor al futuro de pobreza que le esperaba a la hija si no salía de su pueblo.

UN PAÍS CRISPADO

Pero no sería objetivo recordar esos años sólo como la etapa en que todos comenzamos a sentirnos peruanos, o mejor dicho que millones que se sentían marginados comenzaron también a sentirse peruanos. Hay que recordar también que vivíamos en un país crispado por medidas que si bien afectaban a centenares o a pocos miles de personas, generaban una especie de frustración en las expectativas de cientos de miles. Me explico, un aumento a los impuestos a los viajes no sólo afectaba a los viajeros habituales sino a quienes pensaban que en algún momento en su futuro podrían viajar.

Sin duda que la crispación encontró su forma más conflictiva el 27 de julio de 1974 cuando se produjo la “socialización de los diarios”. Vista esa medida cuarenta años después creo que fue el inicio del final de la después llamada “primera fase”, porque resultó una medida excesiva por varias razones. La primera los sectores de la población “organizada” a los que deberían pasar los distintos diarios o estaban organizados muy larvariamente o ni siquiera estaban en proceso de comenzar a organizarse. La segunda, generaba un conflicto innecesario con sectores medios de la población que desembocó en que se sintieran identificados con tal o cual periódico de acuerdo a la línea ideológica de sus circunstanciales directivos. La tercera, íntimamente vinculada a la anterior, las diferencias de enfoque entre los distintos sectores de civiles que apoyaban al gobierno se vio reflejada en las páginas editoriales y las columnas de opinión de los diarios. La cuarta, la percepción de la gran mayoría era que la prensa se había estatizado, no socializado porque nunca se terminó de entender lo que esto significaba. Y esa percepción de estatización era no solamente para quienes se oponían a la nueva situación sino también para los que la apoyaban.

ALAS EN UN GOBIERNO INSTITUCIONAL

Hubo por último otra razón y no la menos importante: los militares en puestos de gobierno terminaron acercándose o alejándose de tal o cual periódico, lo que terminó por evidenciar las distintas tendencias de un gobierno que por definición no podía tener alas, ya que era institucional y los mandos de la Fuerza Armada determinaban los cargos en el gobierno.

El último año de Velasco tuvo como telón de fondo el debate ideológico, los rumores crecientes sobre diferencias entre un grupo “progresista” del gobierno y un sector conservador y autoritario conocido como la “Misión”. Pero -y gravísimo para un gobierno militar- con muestras de indisciplina particularmente en la Marina y en la Policía.

En el caso de la policía hubo una huelga del personal que dejó la ciudad de Lima desguarnecida el 5 de febrero de 1975, produciéndose disturbios, saqueos, enfrentamientos y muertos por enfrentamientos con los soldados del Ejército. Por otro lado, el nombramiento del vicealmirante José Arce Larco como ministro de Marina en 1974 generó el rechazo de la mayoría de altos jefes de la Armada, al igual que la de su sucesor el vice almirante Guillermo Faura Gaig. Incluso en la madrugada del 2 de enero de 1975, horas antes de la asunción al cargo de Faura, estalló una bomba que remeció su casa y produjo destrozos en ventanas y muebles. A fines de junio de ese año, Faura dejó el cargo aparentemente después de producirse un motín en su contra por parte de gran número de oficiales.

Hacia julio de 1975 se consideraba que el sector de la “Misión” había logrado asentarse en el gobierno y copado a Velasco. De hecho a principios de agosto se dio a conocer un comunicado señalando la orden de deportación de varios hombres de prensa, algunos ligados a los sectores progresistas del gobierno y de numerosos dirigentes sindicales, tanto del magisterio como del sector metalúrgico y campesinado, además de tres dirigentes apristas, dos de grupos de izquierda y uno acciopopulista. De hecho de la lista de cerca de treinta personas no se llegaron a deportar ni a la mitad porque al resto no lograron apresarlos.
 
BÚSQUEDA DE UNA ORGANIZACIÓN NUEVA
 
En medio de esa situación se produjo el 29 de agosto el pronunciamiento de Morales Bermúdez “relevando” a Velasco desde Tacna y la salida de éste de Palacio de Gobierno diciendo que debían seguir apoyando al gobierno de la Fuerza Armada. Dado el cambio de rumbo de Velasco en sus últimos meses su sustitución por Morales Bermúdez descolocó a muchos, más aun cuando una de sus primeras medidas fue la anulación de las deportaciones anunciadas a principio de agosto.
 
Pero muy pronto, a partir de una serie de medidas, la mayoría sintió que no había ninguna “segunda fase” sino que se trataba de un gobierno esencialmente distinto. Y muy pronto también se comenzó a percibir que la salida de Velasco significaba el final de un sueño de igualdad que muchos hubiesen querido que se mantuviera muchos años más.
 
Eso explica también cómo sectores vinculados al movimiento campesino y barrial, aunque también obrero, comenzaran a tratar de ver qué hacer para organizarse. Esto sucedió también con numerosas personas que en el sector público y en el periodismo había apostado por la necesidad de buscar la equidad social. Conforme se acercaba el primer año del gobierno de Morales Bermúdez de la “segunda fase” era mayor el dinamismo con que actuaban varios núcleos de personas reuniéndose pensando ya en organizarse políticamente. En no pocos casos la toma de distancia y búsqueda de organizarse significó acciones represivas por parte del gobierno (Ver crónica “Metralletas en el techo de mi casa” del 19 de julio de 2013). Pero eran diversos grupos no conectados. De hecho varios sospechaban pero no estaban seguros que otros tenían sus mismos afanes. Gran parte de esos esfuerzos culminaron el 23 de noviembre de 1976 con la creación del Partido Socialista Revolucionario, pero eso es ya otra historia…

2 comentarios:

  1. Hola Flaquito
    Aprecio situaciones no muy conocidas o totalmente desconocidas, pero creo que tambien hay otros hechos que contribuyeron a incrementar mi migración: la desaparición de la asistencia tecnica al campo by satanización de los ingenierods agrónomos justo y en paralelo de una medida trascendental como la Reforma Agraria. La parcelación fdio origen tambien a dimensiones de fundos sin viasbiloidadc economica existiendo gfamilias con hijos mayores que terminan emigrandoi a ciudades como Arequiiopsa y fundamentalmentred Lima.
    Otro asunto importtante la expropiación de las empresas denoiminadas BASICAS como cemento, siderurgia, etc.... no nos olvidemos tampoco de los esfuerzos de Tantalean con Turron Estremadoyro y Carlos ? el asistentre de Victor Raul Haya de La Torre en formar un partido politico y que decir del rol de SIMAMOS.
    Un nabrazo
    Carloos Lecca

    PUEDES PONER MI NOMBRE O COMO DESEES SI QUIRES PUBLICVARLO

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  2. Gracias Alfredo por los recuerdos y dar a conocer a los jóvenes parte de nuestra historia. Especialmente ahora que se trata de presentar al Gral. Velasco como el dictador que hizo mal al Perú. Hubo errores, que duda cabe, también boicot de los grupos de poder económico y los felones, como Morales Bermúdez, lo dijo Basadre. Aparte están el PSR y el General Leonidas Figueroa. Pero sé que ya nos lo harás conocer. Un abrazo.
    Rafael Cáceres

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