sábado, 14 de septiembre de 2013

ERA DIFÍCIL EGRESAR DEL COLEGIO (1954-1958)

El 6 de octubre se conmemora el aniversario de la muerte de Ricardo Palma, escritor y periodista, famoso por sus tradiciones. Ese es el día en que los ex alumnos de la Gran Unidad Escolar “Ricardo Palma“ tratamos de concurrir a nuestro antiguo colegio y reencontrarnos con nuestros compañeros de estudios, incluso para desfilar como antaño junto con integrantes de otras promociones, tratando de disimular los achaques que seguramente la mayoría  ya tiene.

Este año que cumplimos 55 años de dejar las aulas seguiremos con la tradición, aunque por ser domingo la actuación será el día 4.  En la noche tendremos una comida en la que participarán por lo menos dos compañeros que vendrán del extranjero y como viene ocurriendo desde hace treinta años, será ocasión de gratos recuerdos de nuestra primera juventud.  En esta ocasión no sólo con presencia de integrantes de Secundaria Industrial como ocurrió para las Bodas de Oro sino también de algunos de Secundaria Comercial y de Secundaria Nocturna.

SE NECESITABA MADUREZ MENTAL PARA ESTUDIAR EN GRAN UNIDAD ESCOLAR

Se me ocurre que es una buena ocasión para recordar cómo uno lograba ser ex alumno del Ricardo Palma. Y digo bien: ex alumno. Porque egresar de secundaria en la  unidad resultaba más difícil que ingresar a ella. A las cifras me remito: dos de cada cuatro de los que aspiraba a estudiar lograba ingresar a secundaria. Pero sólo dos de cada siete conseguía terminarla.

Para ingresar a secundaria en la Gran Unidad Escolar “Tomas Marsano” -que años después cambiaría a “Ricardo Palma”- había que pasar por un examen denominado “Prueba de Madurez Mental”, me imagino que una especie de examen psicotécnico que definía no sólo quienes ingresaban, sino también quienes alcanzaban la gratuidad y quienes ingresaban pero pagando su educación, aunque como colegio estatal la pensión era asequible a los sectores populares. Obtenida la gratuidad había que conservarla…
 
Constancia de haber aprobado examen de madurez mental

Creo que perdían la gratuidad quienes era aplazados al terminar el año en más de un curso, o quienes no lo lograban aprobar ese curso en el examen de aplazados en marzo y tenían que llevarlo “de cargo”. Mientras que el alumno aprobara todos los cursos tenía asegurada su educación gratuita. Estoy seguro que había alguna forma para que un alumno “pagante” lograra conseguir la gratuidad para el año siguiente, aunque no me aventuro a decir cuáles eran las condiciones para lograr tal cambio.

También se perdía la gratuidad por mala conducta. Cada alumno tenía una pequeña libretita de conducta con, creo, 100 puntos iníciales y se le iba descontando de acuerdo a la gravedad de las faltas personales o colectivas. Menos de 55 puntos significaba mala conducta.

Entiendo que la prueba era concebida con las últimas técnicas psicopedagógicas y, por tanto, reflejaban la potencialidad de rendimiento que tenían los postulantes examinados.

Pasé por ese examen en 1954 y logré la gratuidad. Aunque no estoy muy seguro, me parece que lo normal era que ingresara la mitad de los que se presentaban. En todo caso ese año no debieron bajar de 600 los postulantes e ingresamos alrededor de 325. Así como tengo un número aproximado de los que ingresamos en 1954, sí estoy seguro del número de los que egresamos: 103.

Mi cálculo de los que comenzamos a estudiar primero de secundaria se basa en que había 7 secciones y que en mi salón éramos 45. Es posible que en algunas otras hubiese un par más o alguno menos.

LOS “AJUSTONES” PARA REDUCIR SECCIONES

Pero no se trataba sólo de ingresar sino de mantenerse. Con todo lo bueno del examen, recuerdo por lo menos dos casos que tal madurez no se manifestó. Salazar y Quenez, no recuerdo en qué orden, fueron los que lograron los dos primeros puestos ese año 1954, obteniendo 100 y 99 puntos de nota, sobre un total de 100 puntos posibles. Sin embargo no aprobaron el primero de secundaria, incluso me parece que uno o los dos abandonaron las clases bastante antes de terminar el año. ¿Fue producto del azar que acertaran con todas las preguntas en un caso o que fallara sólo en una en el otro?, ¿la seguridad en el puntaje obtenido hizo que no se preocuparan por atender a los profesores? O, más bien, ¿la expectativa familiar por las extraordinarias notas alcanzadas les generó tal presión que los aplastó?

¿Cómo se produjo la transformación de 325 ingresantes a 103 egresados? A lo largo de un proceso de selección que resultó muy fuerte en los tres primeros años, al punto que ya en cuarto prácticamente estaban todos los que acabarían la secundaria. Me explico. Siete secciones de primero de secundaria se convirtieron en cuatro de segundo. Y estos cuatro salones se convirtieron en tres para el tercero de secundaria. Y los casi 150 alumnos de tercero terminaron en poco más de 100 en sólo las dos secciones que hubo para cuarto y quinto de secundaria.

No conocíamos exactamente el procedimiento, pero siendo bastante grande el número de los desaprobados en las secciones E, F y G de primero, los aprobados fueron repartidos en las secciones A, B, C y D para llenar las vacantes de los desaprobados de estas secciones que eran proporcionalmente bastante menos. Algo por el estilo ocurrió con la sección D de segundo y la C de tercero. De esa manera, se me ocurre que al terminar, éramos dos tercios de los que habíamos ingresado a las secciones A y B en 1954, completados por los mejores de las otras secciones y también por algunos que habían perdido el año en segundo o tercero pero que continuaron estudiando poniéndose al mismo ritmo que los otros egresados.

Lo anterior es la experiencia de Secundaría Común, nombre que ahora puede resultar extraño para gente joven. La explicación está en que en las grandes unidades escolares se utilizaba ese término para diferenciarla de la secundaria industrial y la secundaria comercial. Y entiendo que procesos de selección de acuerdo a sus particularidades también las tuvieron ambas especialidades, ya que sólo egresaron 24 de comercial y 32  de industrial.

PROMOCIONES HOMOGÉNEAS CON PROFESORES DE LUJO.

Aunque hace ya 30 años, con ocasión de nuestras Bodas de Plata, los integrantes de la Promoción 1958 de Secundaria Común al reencontrarnos por primera vez, comenzamos a olvidar quiénes terminaron en la A y quiénes en la B, es posible que una de las pocas cosas –vista a la distancia- que nos faltó, fue una mayor interrelación de todas las secciones. Aunque quizá el sistema estaba justamente concebido para que hubiese un par de grupos -las secciones A y B- que asumieran a los mejores de otras secciones y lograr que el conjunto de egresados fuera bastante homogéneo.

Pero distintos como resultaron los grupos que conformaron cada sección al inicio, hasta lograr bastante equilibrio en los últimos años, lo que si hay que rescatar es que la calidad de la enseñanza era la misma para todas las secciones en todos los años. Y estamos hablando además de un plantel de profesores de primera calidad, cuya dedicación principal era la enseñanza en la unidad. Aunque parezca extraño para quienes lamentan la realidad de la educación en el Perú, particularmente en los colegios públicos, quienes estudiamos décadas atrás en las unidades escolares podemos recordar que algunos de nuestros profesores eran autores de los libros con los que estudiaban los alumnos de los colegios particulares, como los de Física de Juan Tauro del Pino y de Economía Política de Alberto Rubio Fataccioli. Habrá momento para escribir extensamente sobre profesores que marcaron el rumbo de nuestra promoción y otras más, aunque algo he escrito sobre alguno de ellos (ver crónicas “Carlos Landauro: genio y figura” del 1° de noviembre de 2012, "El viejo era menor que yo” del 15 de diciembre de 2012 y "Todo un maestro de teatro a los 22 años” del 21 de junio de 2013).

En todo caso, valga la cercanía a la conmemoración del Día de Ricardo Palma para reiterar lo que en más de una ocasión he señalado: en las unidades escolares de mi época de estudiante se aprendía a ser peruano, es decir producto de la mezcla de sangres y culturas llegadas de tres continentes confundidas con la sangre y cultura americana.

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