viernes, 18 de diciembre de 2015

EL FLACO LÓPEZ (1952/1966)

Desde hacía un par de días, las horas de recreo en mi colegio me ponían nervioso. Apenas jugaba con algunos de mis compañeros. Estaba evitando encontrarme con el “Flaco” López, quien era alumno del quinto año de secundaria y por tanto a punto de egresar del colegio y seguramente con siete u ocho años más que los diez que yo entonces tenía. No sabía qué decirle o, mejor dicho, no quería decirle que no me había atrevido a hacer lo que él me había pedido no sólo porque no quería sino también porque aunque lo quisiera me moría de miedo que me descubrieran.

Yo estudiaba el cuarto año de primaria en la Gran Unidad Escolar “Tomas Marsano” que desde 1957 pasaría a llamarse “Ricardo Palma”. Me parece que eran los primeros días de octubre de 1952, cuando se entregaban las libretas con las notas correspondientes al tercer trimestre. Lo recuerdo justamente porque mi nerviosismo era por una libreta de notas o mejor dicho por no tener una libreta de notas. No era por cierto la mía que por esos días había ya entregado feliz a mis padres, considerando que aparecía con las mejores notas de mi salón.
UN PEDIDO QUE ME ASUSTO
Dos o tres días antes, el “Flaco” López se había dirigido a la zona del patio donde estábamos los de primaria en los recreos y me hizo un gesto para que me acercara. Inicialmente dudé, pero estaba claro que me estaba llamando a mí. Cuando estuve cerca me dijo en voz baja “Filomenito, necesito que me consigas una libreta de notas sin usar”. Y ante mi cara supongo que de sorpresa y susto al mismo tiempo, añadió “En la oficina de tu papá hay un armario grande con dos puertas con vidrios. Allí he visto que hay varias libretas sin usar”. Y concluyó: “La necesito para mañana…”, mientras me mostraba entre sus dedos un billete verde de cinco soles, en ese tiempo el de menor denominación. Ya sabes, la necesito mañana, recalcó alejándose mientras guardaba el billete en un bolsillo con un gesto que no entendí y que sólo años después descifraría: ¡Me estaba ofreciendo plata!, ¡Quería coimearme!

Por cierto que en ningún momento se me ocurrió agarrar o tomar -evidentemente no se me ocurría pensar siquiera en que se trataba de robar- ninguna libreta, ya que tenía muy claro lo que debía o no debía hacer. Mi padre era Asesor de Letras del colegio secundario que integraba la Gran Unidad y un par de años después sería subdirector de toda la unidad escolar.
¿Pero de dónde conocía yo al “Flaco”?. Como ya he contado en otra oportunidad, a principios de agosto había viajado con mi padre que acompañaba a un grupo de alumnos de la promoción 1952 que visitaron Trujillo y Chiclayo (Ver crónica “Cuando las lecciones se reciben en casa” del 29 de octubre de 2012). Uno de los viajeros era César López Silva y recordaba que durante el viaje resultó uno de los más bromistas y habladores.

Pero en esos días posteriores al insólito pedido no tenía ningún deseo que me hablara y miraba cuidadosamente por dónde caminaba para evitar toparme con él. Ensimismado como andaba, cuando estaba por acabar un recreo de la tarde, de pronto sentí un tirón del brazo y levanté la cabeza seguramente con cara de aterrado para mirar la cara de mi captor. “Filomenito, no te preocupes ya arreglé ese asunto”, me dijo al mismo tiempo que me soltaba el brazo sonriendo.
Por fin respiré tranquilo después de algunos días de inquietud. Inicialmente me pregunté cómo había hecho. Si había conseguido una libreta por otro medio o si ya no la necesitaba. Pero en ningún momento pude imaginar para qué la quería… En las semanas siguientes algunas veces vi de lejos al “Flaco” confundido entre otros compañeros del quinto de secundaria hasta que en diciembre egresó la Promoción 1952.

REENCUENTRO EN SAN MARCOS
No vería al “Flaco” hasta quizás fines de 1960. Fue en el “Salón Blanco”, café en el jirón Azángaro al costado de la Universidad de San Marcos. Si bien yo estudiaba en la Católica algunas veces iba a San Marcos para coordinar con otros militantes del Partido Demócrata Cristiano. Uno de ellos era Alberto Péndola, estudiante de Medicina. En una oportunidad lo encontré saliendo de ese café con un grupo de compañeros de facultad, todos vinculados a la dirigencia estudiantil pero pertenecientes a distintos partidos. Uno de ellos era el César López.

Alguna vez escuché que esos dirigentes estudiantiles se autodenominaban el partido de la amistad. Varios de sus integrantes destacarían en las siguientes décadas no sólo como médicos sino como políticos. Estaban en ese grupo, entre los que recuerdo, Péndola y Lucho Villena de la DC, Guillermo Herrera y Alejandro Bazán del Partido Comunista Peruano, Max Hernández, Vital Scapa y Antonio Meza Cuadra, izquierdistas que en esa época integraban el Frente Estudiantil Revolucionario con gente del PCP, Jaime Heresi y Oscar Farfán de Acción Popular, Walter Griebenow del Movimiento Social Progresista y César López del Apra.
En la puerta del “Salón Blanco” saludé a Alberto e hice un ademán de saludo a los otros cuatro o cinco que lo acompañaban en esa oportunidad y le dije a César. “Hola flaco”. Me miró extrañado. Evidentemente es más fácil reconocer a los 26 años a alguien que dejamos de ver cuando tenía 18 que reconocer a los 18 a quien no veíamos desde que tenía 10 años. Me miró muy extrañado hasta que le dije “soy Alfredo Filomeno”. Me miró y me dio un gran abrazo mientras me decía “Filomenito que gusto volverte a ver…” Aunque no me lo dijo en ese momento, estoy seguro que pensó “cuanto ha crecido”. Minutos después, al despedirse me dijo “…así que resultaste cura”, en alusión al mote que le daban a Péndola por su militancia democristiana.

Como poco después me enteré, César López era el más representativo dirigente estudiantil aprista en San Fernando, como se conocía a la facultad de Medicina de San Marcos. También integraba la directiva del FUR, Frente Universitario Reformista, que agrupaba a los apristas sanmarquinos.
EL APRA SE DEBILITABA EN LAS UNIVERSIDADES, PERO GOLPEABA FUERTE
Hay que considerar que el año 1959 el Apra comenzó a disminuir sensiblemente su participación en la dirigencia universitaria. En mayo, al darse cuenta que perderían el control de la Federación de Estudiantes del Perú, FEP, rompieron el Congreso Nacional que se realizaba en el Cusco para hacer una reunión medio clandestina en las ruinas de Sacsayhuamán para elegir entre “gallos y medianoche” una directiva que ninguna de las diez federaciones en ese momento existentes reconoció. Meses después en octubre, en Trujillo, el democristiano Oscar Espinosa Bedoya, presidente de la Asociación de Centros de la Universidad Nacional de Ingeniería, es elegido presidente de la FEP en lo que resultaría una transición entre la hegemonía aprista y la hegemonía izquierdista -en sus distintas vertientes, incluyendo comunistas pro soviéticos y pro chinos- en la máxima organización de los estudiantes peruanos.

Valga esta oportunidad para señalar que en esa época -55 años atrás- eran sólo nueve o diez las universidades y los centros superiores que existían en el país y sus federaciones o asociaciones de estudiantes constituían la FEP: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, Universidad Nacional San Agustín de Arequipa, Universidad Nacional de Trujillo, Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad Nacional de Ingeniería, Universidad Nacional Agraria, Instituto Nacional de Educación Física y Escuela de Bellas Artes. Y no estoy muy seguro si también la federación de la Escuela Normal Superior Enrique Guzmán y Valle que en 1967 se convirtió en universidad nacional.
Alguien –supongo que Alberto Péndola- me contó que por esos años en momentos de enfrentamientos violentos en los patios y corredores de San Marcos cuando los “búfalos” -la fuerza de choque aprista- irrumpían había que salir corriendo. En esas ocasiones, el Flaco López extendía los brazos como para proteger la huida de sus amigos del “partido de la amistad”, mientras le gritaba a sus compañeros que no se metieran con ellos. Aparentemente, la actitud de López frenaba a los disciplinarios de su partido, aunque siempre a alguien le caía algún golpe. En una oportunidad luego de una trifulca, estaban reunidos para recuperarse de las corridas en algún café o local cerca de San Fernando, cuando llegó uno de los integrantes del grupo que había estado en otro lugar al momento de iniciarse la persecución. ¿Novedades?, preguntó. Todos bien, salvo fulano que recibió algún cachiporrazo, le contestaron. ¡Qué casualidad es justo a quien señaló el flaco al momento de abrir los brazos para cubrir al grupo!, exclamó el recién llegado. Todos los ojos se dirigieron indignados al Flaco López a quien no se le ocurrió negar los hechos. Más bien puso cara de “falsa inocencia” y les dijo con voz quejumbrosa: ¿Qué quieren soy aprista, pero me las arreglo para que los búfalos sólo golpeen a uno de mis amigos cada vez…? Y añadió: “nunca le han pegado a alguno dos veces”. A la inicial indignación de todos, siguió un coro de carcajadas al comprobar la desfachatez con que el Flaco contaba su curiosa forma de combinar su militancia apasionada con la amistad de condiscípulos de distintas ideologías.

SE ME ACLARÓ UN MISTERIO QUE TENÍA DESDE NIÑO
En los siguientes años a nuestro reencuentro fueron algunas reuniones en las que coincidimos con el “Flaco López” y muchas las veces en que nos cruzamos en calles o cafeterías cercanas a locales universitarios. Nos saludábamos con fuerte apretón de manos o agitando una mano a la distancia. Siempre con cordialidad. Pero no hubo ocasión de conversar entre los dos. Sin embargo, pasado un tiempo, por 1965 o 1966, en alguna oportunidad que fui a buscar al senador DC Héctor Cornejo Chávez me encontré en los pasillos del Senado con el Flaco que en ese momento era asesor del senador aprista Gustavo Lanatta, quien se ocupaba de los temas de salud en el Parlamento.

Por alguna razón tenía yo que esperar un rato y él estaba en ese momento libre y me dijo para tomar un café. Me preguntó por mi padre, a quien mandó saludos, hablamos de algunos profesores suyos que luego me habían enseñado a mí. Una buena parte de la conversación la dedicamos a hablar de las bondades de la educación pública escolar a la que ambos debíamos nuestra formación personal. Y no dejábamos de sonreír cuando él hablaba de Tomas Marsano y yo de Ricardo Palma para referirse a nuestra querida gran unidad escolar.
Recordamos también la excursión al norte en 1952 que él tenía bastante más presente que yo y me dijo que le resultaba difícil mantener contacto con sus compañeros de promoción por la fuerte demanda de tiempo de sus estudios, primero, y de sus trabajos como médico y asesor después, junto con sus responsabilidades partidarias.

Cuando estábamos a punto de terminar la conversación, me atreví a hacerle una pregunta para satisfacer la inquietud que tenía desde mucho tiempo atrás ¿para qué querías la libreta? César López inicialmente pareció no acordarse sobre lo que yo le preguntaba, pero de pronto sonrió y me dijo ¿…la libreta de notas? Asentí y me dijo que prácticamente lo tenía olvidado y me dio una explicación sobre la necesidad de mostrarle excelentes notas a un tío o padrino de quien esperaba una propina. Como comprenderás, añadió, ya mis padres habían visto la libreta de los bimestres anteriores y no buscaba engañarlos, sino se trataba de conseguir una mejor propina. Mientras hablaba era notoria la cara de “falsa inocencia” que yo le recordaba de momentos en que hacía bromas en su viaje de promoción Con esa explicación, que me pareció bastante lógica, se acabó un misterio que ya tenía más de trece o catorce años. Sin darnos cuenta habíamos conversado casi una hora. Al despedirnos quedamos en conversar cada cierto tiempo, dejando de lado la militancia política, para “recordar viejos tiempos”.
EL FLACO MURIÓ VÍCTIMA DE CRIMINAL ATENTADO
Esa fue la única vez que hablé largo con César López. En los siguientes años nos cruzamos muchas veces y nos saludamos siempre con cordialidad y algunas veces con algún gesto de complicidad recordando lo sucedido en 1952 en el patio de nuestra querida unidad escolar. Más de una vez intercambiamos unas pocas palabras con la promesa de una charla amplía futura. En alguna oportunidad, en setiembre u octubre de 1986 en medio de una campaña electoral municipal, nos encontramos en algún evento. Yo acaba de ser elegido secretario general del Partido Socialista Revolucionario y era integrante del Comité Directivo de Izquierda Unida y él era Secretario Nacional de Agrupaciones Profesionales de Apra. Ahora sí tenemos que hablar Filomenito, me dijo. Fue la última vez que lo vi…

El Flaco había continuado siendo un importante miembro del Partido Aprista Peruano y en algún momento comenzaron a llamarle el “Puma”. En la década del 80 integró el Comité Ejecutivo Nacional de su partido. En esos momentos su correligionario Alan García Pérez era presidente de la república y López además de dirigente partidario, era presidente de la Federación Médica del Perú.
En esa etapa en que podía decirse que era previsible que asumiera mayores responsabilidades políticas, cerca de las ocho de la mañana del 30 de enero de 1987, César López Silva fue baleado por tres desconocidos cuando salió de su casa en el distrito de Pueblo Libre e iba a abordar su auto para irse a trabajar. Le dispararon en la cara y en el cuerpo y lo remataron con un tiro en la frente. Aunque nunca fueron identificados los autores materiales del cruel asesinato no quedó dudas sobre la autoría de Sendero Luminoso. Incluso posteriormente se encontraron documentos en los cuales se señalaba que con su “aniquilamiento” se iniciaba la etapa de “Rematar el gran salto de la III Conferencia Nacional de Socorro Popular del Perú”, por lo que ese organismo de fachada de Sendero Luminoso se convertía en un “organismo militarizado”.

Cuando horas después me enteré de la noticia por la radio, sentí mucho la muerte del Flaco a pesar de no haber llegado nunca a considerarnos amigos. Y al mismo tiempo sentí que le debía –o me debía- una conversación que ya nunca se produciría.

3 comentarios:

  1. Tus recuerdos de esos años, de los 60, los 70 y los 80, cuando los jovenes pensabamos cambiar al Perú en una nación libre del dominio extranjero, y construir un Estado donde la leche brote de los caños y el pan sea gratis para todos. me conmueve, me llena de nostalgia y me duele como la esperanza se diluyo en la bruma del saqueo, la delincuencia y la corrucción de los que siempre le robaron al Perú y hoy se han multiplicado por miles para llegar a la feria del congreso y del palacio. Alfredo, dime cúal es la fórmula para que una chispa de ilusión nos acompañe en los ultimos años de la vida.

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  2. Las décadas vividas en el colegio y en la universidad, nos permitieron conocer personas que fueron formándose intelectual y políticamente. Lo que no entendí es cómo dirigentes como el "flaco" López muere (lo matan) en su ley, con su bandera política.; los dirigentes de izquierda, anti imperialistas y anti oligarcas (términos muy comunes entonces) terminaron como Abogado de la International Petroleum (Licurgo Pinto, Pdte FER de la UNMSM; Psiquiatra de la llamada alta sociedad limeña (Max Hernández, Pdte FER de UNMSM); Secretario del Luis Alberto Sánchez, dirigente nacional aprista (Juan Campos Lama, Pdte. FER de la UNMSM); tal vez, algún día se conozca como le fue a Mario Castillo que se fue a Suecia y no regresó.

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