miércoles, 27 de agosto de 2025

MALAS NOTICIAS Y DETENCIONES EN AGOSTO (1974/77)

En estos días he retrocedido cincuenta años para recordar varios meses de agosto a mediados de la década del setenta. Aunque en agosto de 1972 me casé con Ana María con la seguridad que sería un compromiso duradero, confirmado por el hecho de que ya hemos cumplido 53 años de casados y el primero de agosto de 1973 amanecí por primera vez en una casa nueva que habíamos comprado con un préstamo hipotecario y recibido cuatro días antes, en los años inmediatos el mes de agosto no sería de acontecimientos felices sino de tensiones, preocupaciones, persecuciones e incluso detenciones.

RENUNCIA ANTES DE SER DESPEDIDO

A mediados de agosto de 1974 tuve que renunciar al SINAMOS -Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social- como la mayoría de quienes dirigíamos el Área Laboral de ese organismo, después de haber sido “desterrado” a otras actividades y de comprobarse que no habría retroceso en las posiciones manipuladoras implantadas. El jefe de SINAMOS en esos momentos consideraba que la forma de trabajo encabezado por el director general del Área, José Luis Alvarado, no estaba de acuerdo con su concepción de relacionarse con los trabajadores del país. Renunciamos Alvarado, dos de sus segundos Efraín Salas y yo, José María Salcedo y algunos más. Nuestras renuncias se adelantaron a los despidos que se tenía previsto hacer, considerando que varios otros funcionarios fueron cesados posteriormente.

Después de haber propiciado la formación de la Confederación Nacional de Comunidades Industriales, CONACI, con la participación democrática de los comuneros desde las bases, nos negamos a trabajar en la constitución de una comisión reorganizadora que aceptara incondicionalmente las directivas del gobierno.

Fue un mes de preocupaciones para mi esposa y para mí. Perdí el trabajo cuando comenzábamos a pagar la hipoteca de nuestra casa, con un hijo de cinco meses de nacido. Felizmente entré a trabajar a DESCO, una prestigiosa ONG que aún ahora mantiene vigencia. El director Henry Pease era amigo mío y habíamos renunciado juntos al Partido Demócrata Cristiano, PDC,  en junio de 1971. Me sentí tranquilo de no pasar tiempo sin trabajo, pero tuvimos que hacer reajustes hogareños porque mi nuevo sueldo era menor en 25% al que había tenido.

¿SEGUIRÁ ADELANTE EL PROCESO REVOLUCIONARIO?

Un año después, en agosto de 1975, además de trabajar en DESCO, era colaborador habitual en la página editorial del diario Expreso, cuya jefatura estaba a cargo de Rafael Roncagliolo, Rafo, otro gran amigo y con quién también habíamos renunciado juntos al PDC. Solía ir un par de veces por semana llevando mis artículos y para conversar con Rafo y también con el subdirector del periódico Francisco -Paco- Moncloa, combativo periodista a quien en esa época conocí y aprendí a apreciar por su resolución y entereza.

Alrededor del mediodía del 29 de agosto no encontré ni a Rafo ni a Paco ni tampoco a otros editorialistas, quizás -pensé- porque en esos días se estaba realizando la Quinta Conferencia de cancilleres de los Países No Alineados y algunas conversaciones habría en el local en que se realizaba el encuentro. Estaba leyendo periódicos cuando subió apresurado Francisco -Paco- Landa, jefe de redacción para mostrarme un comunicado. Le dieron un golpe a Velasco, me dijo y me mostró el manifiesto por el cual las cinco regiones militares señalaban que confiaban en que “la dirección que el señor general de división EP Francisco Morales Bermúdez Cerruti imprima al nuevo gobierno peruano concretice las justas aspiraciones del pueblo, la Fuerza Armada y Fuerzas Policiales”.

La pregunta que nos hicimos con Landa era si con el cambio de liderazgo en el gobierno de la fuerza armada se continuaría con el proceso revolucionario o se frenaría. Cuando llegaron Roncagliolo y Moncloa seguimos conversando ya que era necesario tener muy claro lo que en el periódico se expresaría en la edición del día siguiente. Fuimos interrumpidos cuando le llevaron a Landa un nuevo documento. Estaba firmado por el general Leonidas Rodríguez Figueroa, comandante general de la II región militar con sede en Lima, la más importante en las regiones garantizando que “el proceso revolucionario iniciado por la Fuerza Armada el 3 octubre de 1968 continuará por su auténticos cauces (…) sin desviaciones ni acciones personalistas que lo desfiguren”. El respaldo de Leonidas, dijo Moncloa, significa que el proceso revolucionario continuará.

A inicios de esa tarde de finales de agosto, no se nos ocurría que se iniciaba el retroceso en muchas de las medidas que se habían adoptado durante el gobierno de Velasco y menos nos imaginábamos que sesenta días después, por maniobras urdidas por Morales Bermúdez, Leonidas Rodríguez tendría que pasar al retiro y que ese hecho generaría un creciente descontento en personas que habían apoyado las reformas del gobierno militar (Ver crónica “Intranquilidades a mediados de los setenta” del 25 de abril de 2014)

Tampoco se me ocurrió que cuatro meses después, yo sería nombrado editorialista del diario y que luego de otros cuatro meses sería despedido por decisión de la nueva dirección de Expreso nombrada por el gobierno el 16 de marzo. Me despidieron a mediados de abril, dos semanas después del despido de Moncloa, Roncagliolo y Landa y nueve periodistas más. Poco antes, a fines de marzo, Rafo había sido elegido presidente de una de las dos facciones de la Federación de Periodistas del Perú, FPP.

PERSECUSIÓN A RAFO Y DETENCIONES PARA MI

En los siguientes meses, Rafo tuvo múltiples declaraciones señalando su total discrepancia con las posiciones que venía adoptando el gobierno de Morales Bermúdez. Ambos estuvimos en contacto permanente en esos meses, para examinar la problemática de los diarios y el despido creciente de periodistas efectuadas por los nuevos directores nombrados a mediados de marzo.

Pero también intercambiábamos opiniones y eventualmente contactos con varias personas y grupos que espontáneamente estaban organizándose con la idea de la formación de un partido que recogiera lo más valioso de la experiencia del gobierno de Velasco.

El 30 de junio se intentó allanar la casa de Rafo en El Cuadro en el distrito de Chaclacayo para detenerlo, pero una confusión de los encargados de hacerlo hizo que terminasen ingresando a una casa vecina donde evidentemente no encontraron nada. Pasó entonces Rafo a la clandestinidad y a lo largo del mes de julio e inicios de agosto me convertí en su contacto habitual, manteniendo todos los cuidados del caso para evitar que siguiéndome lo ubicaran.  La imposibilidad ubicar a Rafo por parte de la policía, hizo que el 7 de agosto a las tres de la mañana me sacaran de mi casa para tenerme detenido unas 20 horas y una semana después me detuvieron por segunda vez para mantenerme “retenido” por tres días, durmiendo entre ataúdes en la agencia funeraria de la Policía de Investigaciones del Perú, PIP (Ver crónica "Metralletas en el techo de mi casa" del 19 de julio de 2013)

Horas después de mi primera detención teníamos previsto ensayar con Rafo cómo se organizaría un encuentro con Leonidas Rodríguez, ya retirado y asesor de la Confederación Nacional Agraria, CNA. Gracias a las precauciones que habíamos tomado, Rafo pudo enterarse de mi detención y evitar estar en la zona prevista por si la policía me hubiese obligado a hablar, cosa que por cierto no se produjo.

PSR NACIÓ PERSEGUIDO

Ya con Roncagliolo exiliado en México desde mediados de septiembre, se fundó el Partido Socialista Revolucionario -PSR- a fines de noviembre con Leonidas como presidente, con Rafo como encargado de las relaciones internacionales desde su exilio y conmigo integrando la primera dirección nacional del nuevo partido. (Ver crónica "Nace un nuevo partido” del 21 de noviembre de 2014)

Cuarenta días después de hacerse público el manifiesto de fundación del PSR, Leonidas y otros militares que lo firmaron fueron deportados a Panamá y México aunque finalmente se concentraron todos en México desde donde mantuvieron una intensa vida partidaria junto con Rafo que tenía ya algunos meses viviendo en ese país.

El mismo día que el gobierno de Morales Bermúdez decidió la deportación de nuestros compañeros, en una reunión de emergencia de la dirección nacional del PSR se acordó que las decisiones políticas se definirían siempre en el país, atendiendo por cierto cualquier propuesta o sugerencia de los compañeros en el exilio. Como el secretario general del partido Antonio Meza Cuadra era el único de la dirección nacional que tenía cargo, en esa sesión se decidió crear la subsecretaría general y que fuera ejercida por mí.

Pasados seis meses de las deportaciones, nuestro joven partido participó activamente en las coordinaciones políticas para apoyar a las organizaciones sindicales y populares en la realización de un paro nacional el 19 de Julio. La medida fue a nivel nacional y en todo el país quedó claro el rechazo popular al gobierno.

GOBIERNO OBLIGADO A CONVOCAR ELECCIONES

Fue tan contundente el paro nacional que Morales Bermúdez, el 28 de julio, en su discurso de Fiestas Patrias, indicó que “…se está estudiando un cronograma que señale las pautas y fije las fechas para el cambio de gobierno”, que comenzaría con la realización de una asamblea constituyente a mediados del siguiente año. Quedaba claro que los militares se habían visto obligados a adelantar un plan que seguramente estaban trabajando y tenían previsto anunciar más adelante.

En Tacna, el 28 de agosto se celebró como todos los años la reincorporación de ese departamento al Perú, después de haber estado bajo dominio de Chile casi medio siglo, desde finales de la guerra entre ambos países. En la ciudad de Tacna, el presidente Morales Bermúdez, recordando el segundo aniversario de su ascensión a la presidencia, anunció que habría elecciones generales en 1980. Además comunicó la restitución de las garantías constitucionales, el cese del estado de emergencia y la suspensión del decreto supremo emitido cuarenta días antes que facultaba el despido de trabajadores “por baja de producción”, que evidentemente se había hecho en represalia por el paro nacional

Cuando todo indicaba que el gobierno estaba dispuesto a dejar las medidas represivas e iniciar una etapa de dialogo, se produjo sorpresivamente la detención de Meza Cuadra el 29 de agosto y por tanto tuvimos que tomar cuidados adicionales. De hecho pasé a la clandestinidad, ya que como sub secretario general del PSR quedaba a la cabeza de la organización.

Antonio fue dejado en libertad el días 31. Comenzó una cierta apertura que incluso incluyó una invitación al Palacio de Gobierno para hablar sobre la futura constituyente con jefe del Comité de Asesoramiento de la Presidencia de la República, COAP, el 3 de octubre (Ver crónica "Constituyente: carrera con obstáculos del 26 de septiembre de 2017).

La apertura tampoco fue total y claramente se notaba como una etapa provisional. Unos ocho meses después, en mayo de 1978 estábamos en una campaña electoral con garantías constitucionales suspendidas, toque de queda e incluso deportaciones…

Pero como en esta crónica quería sólo referirme al mes de agosto de mediados de la década del 70, sólo me queda remarcar que en agosto del 74 fui obligado a renunciar ante la inminencia del despido, en agosto del 75 fui testigo privilegiado del anuncio del fin del gobierno del presidente Velasco Alvarado, en agosto de 1976 fui detenido en dos oportunidades y en agosto de 1977 tuve que dejar de ir a mi casa por día y medio como medida de prevención frente a una posible detención.