En estos días he retrocedido cincuenta años para
recordar varios meses de agosto a mediados de la década del setenta. Aunque en
agosto de 1972 me casé con Ana María con la seguridad que sería un compromiso duradero,
confirmado por el hecho de que ya hemos cumplido 53 años de casados y el
primero de agosto de 1973 amanecí por primera vez en una casa nueva que habíamos
comprado con un préstamo hipotecario y recibido cuatro días antes, en los años
inmediatos el mes de agosto no sería de acontecimientos felices sino de tensiones,
preocupaciones, persecuciones e incluso detenciones.
RENUNCIA ANTES DE SER DESPEDIDO
A mediados de agosto de 1974 tuve que renunciar al SINAMOS
-Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social- como la mayoría de quienes
dirigíamos el Área Laboral de ese organismo, después de haber sido “desterrado”
a otras actividades y de comprobarse que no habría retroceso en las posiciones
manipuladoras implantadas. El jefe de SINAMOS en esos momentos consideraba que
la forma de trabajo encabezado por el director general del Área, José Luis Alvarado,
no estaba de acuerdo con su concepción de relacionarse con los trabajadores del
país. Renunciamos Alvarado, dos de sus segundos Efraín Salas y yo, José María
Salcedo y algunos más. Nuestras renuncias se adelantaron a los despidos que se
tenía previsto hacer, considerando que varios otros funcionarios fueron cesados
posteriormente.
Después de haber propiciado la formación de la Confederación
Nacional de Comunidades Industriales, CONACI, con la participación democrática
de los comuneros desde las bases, nos negamos a trabajar en la constitución de
una comisión reorganizadora que aceptara incondicionalmente las directivas del
gobierno.
Fue un mes de preocupaciones para mi esposa y para mí.
Perdí el trabajo cuando comenzábamos a pagar la hipoteca de nuestra casa, con un hijo
de cinco meses de nacido. Felizmente entré a trabajar a DESCO, una prestigiosa ONG
que aún ahora mantiene vigencia. El director Henry Pease era amigo mío y habíamos
renunciado juntos al Partido Demócrata Cristiano, PDC, en junio de 1971. Me sentí
tranquilo de no pasar tiempo sin trabajo, pero tuvimos que hacer reajustes
hogareños porque mi nuevo sueldo era menor en 25% al que había tenido.
¿SEGUIRÁ ADELANTE EL PROCESO REVOLUCIONARIO?
Un año después, en agosto de 1975, además de trabajar
en DESCO, era colaborador habitual en la página editorial del diario Expreso,
cuya jefatura estaba a cargo de Rafael Roncagliolo, Rafo, otro gran amigo y con
quién también habíamos renunciado juntos al PDC. Solía ir un par de veces por
semana llevando mis artículos y para conversar con Rafo y también con el subdirector
del periódico Francisco -Paco- Moncloa, combativo periodista a quien en esa
época conocí y aprendí a apreciar por su resolución y entereza.
Alrededor del mediodía del 29 de agosto no encontré ni
a Rafo ni a Paco ni tampoco a otros editorialistas, quizás -pensé- porque en
esos días se estaba realizando la Quinta Conferencia de cancilleres de los Países
No Alineados y algunas conversaciones habría en el local en que se realizaba el
encuentro. Estaba leyendo periódicos cuando subió apresurado Francisco -Paco- Landa,
jefe de redacción para mostrarme un comunicado. Le dieron un golpe a Velasco, me
dijo y me mostró el manifiesto por el cual las cinco regiones militares
señalaban que confiaban en que “la dirección que el señor general de división EP
Francisco Morales Bermúdez Cerruti imprima al nuevo gobierno peruano concretice
las justas aspiraciones del pueblo, la Fuerza Armada y Fuerzas Policiales”.
La pregunta que nos hicimos con Landa era si con el
cambio de liderazgo en el gobierno de la fuerza armada se continuaría con el proceso
revolucionario o se frenaría. Cuando llegaron Roncagliolo y Moncloa seguimos conversando
ya que era necesario tener muy claro lo que en el periódico se expresaría en la
edición del día siguiente. Fuimos interrumpidos cuando le llevaron a Landa un
nuevo documento. Estaba firmado por el general Leonidas Rodríguez Figueroa, comandante
general de la II región militar con sede en Lima, la más importante en las
regiones garantizando que “el proceso revolucionario iniciado por la Fuerza
Armada el 3 octubre de 1968 continuará por su auténticos cauces (…) sin
desviaciones ni acciones personalistas que lo desfiguren”. El respaldo de Leonidas,
dijo Moncloa, significa que el proceso revolucionario continuará.
A inicios de esa tarde de finales de agosto, no se nos
ocurría que se iniciaba el retroceso en muchas de las medidas que se habían
adoptado durante el gobierno de Velasco y menos nos imaginábamos que sesenta
días después, por maniobras urdidas por Morales Bermúdez, Leonidas Rodríguez tendría
que pasar al retiro y que ese hecho generaría un creciente descontento en
personas que habían apoyado las reformas del gobierno militar (Ver crónica “Intranquilidades a mediados de los setenta” del 25 de
abril de 2014)
Tampoco se me ocurrió que cuatro meses después, yo
sería nombrado editorialista del diario y que luego de otros cuatro meses sería
despedido por decisión de la nueva dirección de Expreso nombrada por el
gobierno el 16 de marzo. Me despidieron a mediados de abril, dos semanas
después del despido de Moncloa, Roncagliolo y Landa y nueve periodistas más. Poco
antes, a fines de marzo, Rafo había sido elegido presidente de una de las dos
facciones de la Federación de Periodistas del Perú, FPP.
PERSECUSIÓN A RAFO Y DETENCIONES PARA MI
En los siguientes meses, Rafo tuvo múltiples
declaraciones señalando su total discrepancia con las posiciones que venía
adoptando el gobierno de Morales Bermúdez. Ambos estuvimos en contacto
permanente en esos meses, para examinar la problemática de los diarios y el
despido creciente de periodistas efectuadas por los nuevos directores nombrados
a mediados de marzo.
Pero también intercambiábamos opiniones y
eventualmente contactos con varias personas y grupos que espontáneamente estaban
organizándose con la idea de la formación de un partido que recogiera lo más
valioso de la experiencia del gobierno de Velasco.
El 30 de junio se intentó allanar la casa de Rafo en El Cuadro en el distrito de Chaclacayo para detenerlo, pero una confusión de los encargados de hacerlo hizo que terminasen ingresando a una casa vecina donde evidentemente no encontraron nada. Pasó entonces Rafo a la clandestinidad y a lo largo del mes de julio e inicios de agosto me convertí en su contacto habitual, manteniendo todos los cuidados del caso para evitar que siguiéndome lo ubicaran. La imposibilidad ubicar a Rafo por parte de la policía, hizo que el 7 de agosto a las tres de la mañana me sacaran de mi casa para tenerme detenido unas 20 horas y una semana después me detuvieron por segunda vez para mantenerme “retenido” por tres días, durmiendo entre ataúdes en la agencia funeraria de la Policía de Investigaciones del Perú, PIP (Ver crónica "Metralletas en el techo de mi casa" del 19 de julio de 2013)
Horas después de mi primera detención teníamos
previsto ensayar con Rafo cómo se organizaría un encuentro con Leonidas
Rodríguez, ya retirado y asesor de la Confederación Nacional Agraria, CNA. Gracias
a las precauciones que habíamos tomado, Rafo pudo enterarse de mi detención y
evitar estar en la zona prevista por si la policía me hubiese obligado a hablar,
cosa que por cierto no se produjo.
PSR NACIÓ PERSEGUIDO
Ya con Roncagliolo exiliado en México desde mediados de septiembre, se fundó el Partido Socialista Revolucionario -PSR- a fines de noviembre con Leonidas como presidente, con Rafo como encargado de las relaciones internacionales desde su exilio y conmigo integrando la primera dirección nacional del nuevo partido. (Ver crónica "Nace un nuevo partido” del 21 de noviembre de 2014)
Cuarenta días después de hacerse público el manifiesto
de fundación del PSR, Leonidas y otros militares que lo firmaron fueron
deportados a Panamá y México aunque finalmente se concentraron todos en México
desde donde mantuvieron una intensa vida partidaria junto con Rafo que tenía ya
algunos meses viviendo en ese país.
El mismo día que el gobierno de Morales Bermúdez
decidió la deportación de nuestros compañeros, en una reunión de emergencia de
la dirección nacional del PSR se acordó que las decisiones políticas se
definirían siempre en el país, atendiendo por cierto cualquier propuesta o
sugerencia de los compañeros en el exilio. Como el secretario general del
partido Antonio Meza Cuadra era el único de la dirección nacional que tenía
cargo, en esa sesión se decidió crear la subsecretaría general y que fuera
ejercida por mí.
Pasados seis meses de las deportaciones, nuestro joven
partido participó activamente en las coordinaciones políticas para apoyar a las
organizaciones sindicales y populares en la realización de un paro nacional el
19 de Julio. La medida fue a nivel nacional y en todo el país quedó claro el
rechazo popular al gobierno.
GOBIERNO OBLIGADO A CONVOCAR ELECCIONES
Fue tan contundente el paro nacional que Morales
Bermúdez, el 28 de julio, en su discurso de Fiestas Patrias, indicó que “…se
está estudiando un cronograma que señale las pautas y fije las fechas para el
cambio de gobierno”, que comenzaría con la realización de una asamblea
constituyente a mediados del siguiente año. Quedaba claro que los militares se
habían visto obligados a adelantar un plan que seguramente estaban trabajando y
tenían previsto anunciar más adelante.
En Tacna, el 28 de agosto se celebró como todos los
años la reincorporación de ese departamento al Perú, después de haber estado bajo
dominio de Chile casi medio siglo, desde finales de la guerra entre ambos
países. En la ciudad de Tacna, el presidente Morales Bermúdez, recordando el
segundo aniversario de su ascensión a la presidencia, anunció que habría
elecciones generales en 1980. Además comunicó la restitución de las garantías
constitucionales, el cese del estado de emergencia y la suspensión del decreto
supremo emitido cuarenta días antes que facultaba el despido de trabajadores “por
baja de producción”, que evidentemente se había hecho en represalia por el paro
nacional
Cuando todo indicaba que el gobierno estaba dispuesto
a dejar las medidas represivas e iniciar una etapa de dialogo, se produjo
sorpresivamente la detención de Meza Cuadra el 29 de agosto y por tanto tuvimos
que tomar cuidados adicionales. De hecho pasé a la clandestinidad, ya que como
sub secretario general del PSR quedaba a la cabeza de la organización.
Antonio fue dejado en libertad el días 31. Comenzó una
cierta apertura que incluso incluyó una invitación al Palacio de Gobierno para hablar
sobre la futura constituyente con jefe
del Comité de Asesoramiento de la Presidencia de la República, COAP, el 3 de octubre (Ver crónica "Constituyente: carrera con obstáculos” del 26 de septiembre de 2017).
La apertura tampoco fue total
y claramente se notaba como una etapa provisional. Unos ocho meses después, en
mayo de 1978 estábamos en una
campaña electoral con garantías constitucionales suspendidas, toque de queda e
incluso deportaciones…
Pero como en esta crónica quería sólo referirme al mes
de agosto de mediados de la década del 70, sólo me queda remarcar que en agosto
del 74 fui obligado a renunciar ante la inminencia del despido, en agosto del
75 fui testigo privilegiado del anuncio del fin del gobierno del presidente Velasco
Alvarado, en agosto de 1976 fui detenido en dos oportunidades y en agosto de
1977 tuve que dejar de ir a mi casa por día y medio como medida de prevención
frente a una posible detención.