Como lo he contado en algunas otras oportunidades, entre 1964 y 1991 realicé más de treinta viajes al extranjero para participar de seminarios, reuniones o visitas de carácter político. Durante esos años conocí treinta y ocho países. Para llegar a esa cifra he restado cuatro países que actualmente no existen, pero aumentado aquellos que no existían cuando visité ciudades que hoy forman parte de sus territorios. Esto ocurrió particularmente en Europa (Ver crónica "Llegué a 20 países europeos, estuve en 23” del 24 de abril de 2015).
sábado, 30 de marzo de 2024
jueves, 29 de junio de 2023
LAS MARAVILLAS QUE VISITÉ (1964-2005)
Cuando el 7 de julio del año 2007, en el Estadio da Luz del Benfica en Lisboa, se dio a conocer las siete nuevas maravillas del mundo, culminó un proceso que había durado varios meses generando gran expectativa, considerando que se había tomado en cuenta a la opinión pública de todo el mundo. Si bien la iniciativa fue de una empresario suizo, fue secundado entusiastamente por muchas instituciones y el ministerio de Cultura de Portugal. Pero, sobre todo, tuvo la participación de más de cien millones de personas que votaron, expresando su preferencia a través de internet y mensajes telefónicos.
martes, 24 de mayo de 2022
CAPITALES PERUANAS QUE CONOZCO (1948 – 1982)
A punto de completar ocho décadas, en uno de los tantos recuentos que puedo hacer de mi vida, he comprobado que en todas esas décadas he viajado. Si bien fue en agosto de 1964 que hice mi primer viaje al extranjero, mis recuerdos sobre viajes en el Perú se remontan a 1948 o 1949 cuando la tía Teresa -hermana de mi padre y mi madrina de bautizo- me llevó a Chiclayo a visitar a su hermano Armando, su esposa Laura y sus ocho hijos, mis primos hermanos.
lunes, 28 de febrero de 2022
CAMBIO DE PLANES EN AEROPUERTOS (1964 - 1988)
En estos días tan lamentables para la vida de los habitantes de Ucrania, vienen a mi mente los recuerdos de la visita que hice a ese país en la primera semana de enero de 1988. Quizás lo más impactante fue estar más de una vez al inicio y al final de la famosa escalera Potemkin, pero sólo ver dos o tres metros hacia arriba o hacia abajo, debido a una niebla tan espesa que cubría toda la ciudad.